Dionisio Araújo: viaje al pasado a través de un libro

El cartagenero plasmó sus críticas a la sociedad en Kibo, un niño prehistórico que protagoniza su primera novela. Araújo habla sobre la creación de este personaje.

El cartagenero lanzó “Kibo”, su primera publicación de ficción / Mauricio Alvarado - El Espectador

Ya había escrito ensayos y artículos. ¿Por qué se fue para el género de la ficción?

Tenía muchas cosas para decir sobre la humanidad. La prehistoria es un tema muy largo al cual no le ponemos mucha atención, pero nosotros vivimos cerca de doscientos mil años sin comodidades, vestido, instituciones y religiones. Lo que llamamos la historia de la humanidad es cuando aprendimos a escribir. La mayoría de la gente cree que eso es lo único que ocurrió. A pesar de los progresos, aún tenemos grandes interrogantes, como la búsqueda de la felicidad.

¿Cuánto tiempo se demoró construyendo su novela “Kibo”?

Esta investigación nació con el primer libro que saqué, una investigación sobre por qué hay países ricos y pobres, y qué deberían hacer estos. Con esa publicación descubrí que lo que hay es gente rica y lo que llamamos países ricos son realmente los lugares en los que vive gente adinerada. Encontré que somos pobres por naturaleza, porque nosotros éramos un animal que no tenía comodidades. Desde ahí empezó mi exploración, cerca del año 1997, y ahí empezaron más inquietudes.

¿Cómo fue esa investigación para poder plasmar su versión de la prehistoria?

Buena parte de eso es ficción, apoyada en lo que nosotros sabemos de la prehistoria, que es muy poco. La evolución es una doctrina del siglo XIX y llevamos alrededor de 150 años conociéndola. Durante años siempre pensamos que el mundo había sido creado de una manera distinta. Darwin nos mostró que esto no empezó con la Biblia, Adán y Eva, los dioses hindúes o chibchas.

Kibo, el protagonista de su novela, es un niño prehistórico.

Lo es, y yo lo inventé niño para tener tiempo de criarlo, porque si lo hubiera descubierto con una edad biológica mayor, seguro no hubiera tenido tiempo de hacerlo. Necesitaba darle tiempo para enseñarle a comportarse en el mundo de hoy.

¿Por qué le quiso poner Kibo?

Lo encontraron en un monte que se llama Kibo, el pico más alto del complejo montañoso del Kilimanjaro, cerca de donde creemos que nació la humanidad. Cuando escribí la novela, tenía que inventar la forma de traer un personaje del pasado a nuestro tiempo, pero leyendo sobre la criogenización encontré que era una buena forma de traerlo al presente, porque en el Kilimanjaro hay nieves perpetuas. La novela habla de inquietudes hacia el pasado, pero también hacia el futuro, pensar qué pasará cuando derrotemos la muerte y la enfermedad.

En su narración, cada vez que Kibo reflexiona sobre lo que él no hacía en su época, usted hace una crítica a la sociedad actual.

Lo que hay es una paradoja. El ser humano es un ser prodigioso que ha inventado todo y está a punto de conquistar nuevos aspectos del mundo, pero no está satisfecho. Eso es lo que a Kibo le llama la atención, cuando ve a su mamá adoptiva y se da cuenta de que está atormentada y ella le dice que se debe trabajar y tener conocimiento.

Usted quería hacer una crítica tanto del pasado como del futuro. ¿Cuál es esa crítica?

Que terminemos admirando, reconociendo y disfrutando todo este progreso maravilloso que hemos tenido, que lo pongamos al servicio de la humanidad y que encontremos la felicidad en las cosas simples. Si nosotros cambiáramos nuestras quejas por agradecimiento por lo que tenemos, seguramente nos llenaríamos de buenos momentos. En la novela escribo que la felicidad es una decisión y cada persona decide en qué momento serlo.

¿De dónde vienen esas críticas que usted hace?

Es algo que se fue dando con lo que ya conocía y después al escribir el libro las desarrollé más. Preocuparse, quejarse o envidiar no resuelve nada.

¿Por qué ha acompañado cada capítulo del libro con refranes o frases célebres?

En la primera redacción del libro cada capítulo tenía un nombre, pero cuando lo leí me di cuenta de que me iba a autochivear. Son frases que cuentan qué puede pasar.

Uno de sus pasatiempos es pintar.

Yo dibujaba de niño. En esa época no había televisión, laptops o tabletas, sino que jugábamos a las escondidas y parqués. Lo hice por muchos años, dibujaba tiras cómicas o superhéroes y mi mamá –que es una mujer muy inquieta– me inscribió en unas clases de pintura con ella. Empezamos haciendo pasteles, se me dieron bastante bien las combinaciones. De pronto, un día trasnochado vi que se podía hacer la carrera de Bellas Artes en la Universidad de la Sabana a distancia y decidí hacerla. Terminé pintando paisajes, porque era lo que más trabajo me costaba al principio.

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