Fabio Rubiano y el Teatro Petra deslumbraron en Chile

Es un espacio para el arte creado por Fabio Rubiano y Marcela Valencia. Las últimas obras del grupo han sido un éxito total, les dieron premios internacionales e impresionaron al público.

Fabio Rubiano ha escrito más de 20 obras de teatro, entre ellas: “Gracias por haber venido” (1996) y “Cada vez que ladran los perros” (1997). / Archivo

¿Qué ha sido lo más difícil de emprender su propia casa teatral?

Lo más difícil ha sido todo, y eso no es una sorpresa para nosotros. Llevamos un poco más de 30 años como grupo independiente presentándonos en espacios de colegas. Eso no es algo descorazonador o deprimente, pero también una gran cantidad de manos amigas: Control Lumínico que hizo una donación significativa de equipos, nuestros jefes técnicos que han metido el hombro, directores de arte que hicieron un trabajo muy bello. Ha sido muy interesante, aportes de empresas privadas o el Estado no han llegado, pero seguimos trabajando para no perder el impulso.

¿Cuáles son los retos para la dramaturgia en el contexto político colombiano?

Considero que el teatro debe mantener su especificidad, o sea que debe desarrollar y aceitar el músculo creativo que tenga que ver con lo teatral. No puedo entrar al escenario a dar una clase de historia, a menos que con la teatralidad quiera que la gente se entere de ciertas cosas que no sabía, pero ese es un valor agregado. Lo primordial es hacer una obra que responda a altos estándares estéticos y a partir de ahí puede venir lo sociológico, lo político o lo histórico, pero lo primordial es el teatro. Vivimos en una realidad muy convulsionada en donde hay caldo de cultivo, pero no queremos volvernos un noticiero.

“No estoy loca” acaba de ser premiada por Kiosko Teatral. ¿Por qué quisieron narrar la obra a partir de una mujer como personaje central?

Es una iniciativa de Marcela, o conjunta, siempre quisimos hacer un monólogo, y siempre hablamos con Marcela sobre qué era de lo que se quería hablar. Ella tiene infinidad de historias de todo tipo, porque es una mujer frontal y directa que se la pasa exigiendo sus derechos. Cuando encontramos el punto, ella me dijo: estoy cansada de que cada vez que le pido a alguien que no se cole en la fila, que le pido a alguien que respete una señal de tránsito, que le pido a un empleado oficial de una entidad pública que cumpla con su deber, siempre me dicen que estoy loca. Ese es el inicio de Yo no estoy loca.

¿Pensaron la obra siempre como un monólogo? ¿Por qué hacerla así?

Siempre había estado pensado porque habíamos hecho obras de gran y mediano formato, pero no de pequeño. Lo hacíamos con pequeños elementos escenográficos, pero siempre había nueve o diez actores. Pero sí había una necesidad de que Marcela dijera cosas, en donde aprovecháramos todo su talante y su bagaje creativo.

¿Cómo hicieron la selección de las historias?

Es difícil, porque Marcela tiene muchísimas, de hecho estoy escribiendo una novela a partir de otra línea de historias de ella que es muy rica. Marcela me contaba todos los episodios donde siempre le decían loca: en una EPS, en una relación, en un entorno laboral, en un entorno familiar, amigas y amigos. Después de seleccionadas lo único que hice fue una estructura dramatúrgica para hilar todas esas historias que son vivencias de ella.

¿Por qué buscaron la representación de la aparente locura del personaje?

Hay una aparente locura del personaje, porque es un contexto en donde todo el mundo le dice que está loco. Todo el mundo dice cosas como: ¡ay!, pero usted está loca, pero deje y no exija, deje de presionar, no discuta. Es en ese punto en donde la gente dice: ¿será que el loco soy yo? ¿Será que debo empezar a comportarme como todo el mundo?

Todo esto es lo que ella dice: entonces debo hablar con gente con la que no me gusta hablar, debo salir con gente que no me gusta, al que es enano le digo que es gigante, voy a tener hijos así no los quiera. Entonces ahí es donde ella se dice: Yo estoy loca, y lo dice porque ella duda. Y en definitiva duda porque un personaje que no dude es muy aburrido.

El control sobre el cuerpo de las mujeres se puede evidenciar en distintos momentos de la historia. La figura de la bruja o la loca son ejemplos de ello ¿La obra busca apelar a la clásica posición freudiana de la histeria? ¿Por qué?

Más allá de apelar a la perspectiva freudiana, lo que queremos es pensar en el comportamiento alterno al tradicional. Una mujer llega y encuentra a su esposo acostado con otra, entonces no agrede, no arma escándalo, al contrario, dice: quiero saber cómo es esto y los invita a comer.

Otro ejemplo puede ser el del aparente favor, alguien va a exigir sus derechos y no se los cumplen. Finalmente, después de un trabajo muy arduo se los cumplen, y le dicen: pero agradezca ¿no? Y ella dice no, usted no está haciendo una obra de caridad. Hay que dejar de confundir en este país la beneficencia con los derechos.

¿Qué es la normalidad en la sociedad contemporánea?

La normalidad en la sociedad contemporánea no se puede generalizar porque cada lugar tiene sus propias reglas. Nosotros somos una sociedad aparentemente cristiana, católica y religiosa, pero es muy loco porque lo sagrado no se respeta. Lo sagrado es la vida. Veamos entonces cuántos asesinatos de lideres sociales llevamos hasta el momento. La violencia ha bajado una barbaridad con el proceso de paz, pero empiezan a verse otras cosas.

Entonces la normalidad depende del contexto, aquí es aparentemente normal el acoso callejero, es normal que la mujer cumpla un rol de hogar y el hombre salga a ser el cazador. Todo eso tiene que ser reevaluado. La corrupción es una cosa que se vuelve aterradoramente normal en este país: “¡Ay! pero eso siempre ha existido, eso no va a cambiar.” Algo que nos parece alarmante también es el” Por algo sería” frente a los crímenes que ocurren en este país.

¿A quién querían interpelar con la creación de una obra como “Yo no estoy loca”?

El teatro le habla a todo el mundo, sí hay nichos y el Teatro Petra tiene un público que asiste a todas las funciones. A esta pieza en particular asiste todo mundo. Esto es algo que hemos ganado desde hace mucho tiempo, digamos hace 25 años cuando montamos Opio en las nubes, que era un paradigma de la contemporaneidad que era una pieza de mediano o gran formato en el que teníamos un público, ese público hoy tiene 45 años y nos sigue visitando. Es un público que ha crecido a la par con nosotros.

A veces en piezas como “Labio de liebre” o “Yo no estoy loca” el público es variadísimo y fluctuante, lastimosamente, y hay que decirlo, el público que menos va a teatro es el universitario.

 

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