Habrá más de diez mil piezas en exhibición el fin de semana, en el parque de Usaquén

Francisco Páez tiene el alma en las antigüedades

Creció entre objetos que cuentan historias. Sus padres los conservaban y vendían, le enseñaron el oficio y ahora quiere compartir su pasión a través de la Feria de Antigüedades y Coleccionismo de Bogotá.

Francisco Páez es el presidente de la Asociación Anticuarios de Colombia. / Óscar Pérez - El Espectador

¿Quiénes le enseñaron el oficio de coleccionar antigüedades?

Nací entre ellas y me empezó a gustar. Me crié en Bogotá, en una casa grande en el barrio La Soledad que estaba repleta de antigüedades, mi papá era un comerciante y coleccionista al mismo tiempo. Era tan grande la obsesión, que nosotros prácticamente dormíamos encima de los lienzos. Murió joven, pero mi mamá siguió con el oficio.

¿Qué objetos tenían cuando usted era pequeño?

Mi papá era especialista en arte colonial, teníamos frailunas, columnas y todo lo de las iglesias. En esa época había un boom increíble, porque todo el mundo quería tener arte colonial en su casa y era sensacional porque vivíamos de eso, pero al mismo tiempo era lo que a él le gustaba. Mis padres me dejaron este legado.

¿Cuáles son sus favoritas?

Cuando observaba arte colonial, que lo empecé a estudiar, se empezó a llenar mi espíritu y mi alma, era algo que me tranquilizaba. Ahora es algo que está maltratado, las nuevas generaciones no lo conocen y no quieren tener cosas viejas en sus casas. Por eso quiero difundirlo, enseñar la sensibilidad hacia las cosas hermosas.

¿Por qué es importante conservar las antigüedades?

¡Cómo no va a ser así! Tienen historia y esa historia que llevan consigo es la de cada ser humano. ¡Cómo vamos a perder la experiencia de que algo pasó por ahí! Son cosas que tuvieron los abuelos y tatarabuelos, cosas que se hicieron con amor, tiempo y esmero.

¿Cuál es la diferencia entre viejo y antiguo?

La diferencia es el tiempo, el viejo soy yo. Aquí en Colombia llamamos antiguo a lo que tiene más de cien años, aunque en Europa la cultura es diferente y para ellos las reliquias tienen muchos más años. Hay épocas también, modas, como en 1920 y 1930 el art déco, que fue muy valorado.

¿Cuál es el elemento más antiguo que ha tenido en sus manos?

Varias piezas precolombinas y coloniales. Cuadros, mobiliario, platería. Ese tipo de cosas.

¿Qué pieza tiene más valor para usted?

Todas son hermosas y tienen valor porque cuentan una historia. En este momento tengo unas ánforas (jarrones) que me gustan mucho. Son de una marca alemana del siglo XIX llamada Meissen, piezas muy elaboradas y bellas. Con este oficio, por tus manos pasan cosas muy buenas.

¿Cómo logra conservarlas?

Esto es un negocio de pasamanos. El coleccionista, para conservar sus cosas, según la pieza que tenga, debe tener amor y esmero. El cuidado es lo más importante.

¿Se considera un coleccionista?

Me gustaría. Donde vivo tengo cosas que me fascinan, pero muchas veces esas piezas se venden. El coleccionista es acaparador, guarda las cosas por los años y tiene algo psicológico que lo invita a guardar todo, eso es lindo. Las antigüedades alimentan el espíritu.

Aunque vende algunas, también alimenta su espíritu con ellas.

¡Claro! Cuando las piezas son muy buenas, me da pesar. Entonces me tomo unos tragos y me pongo a llorar porque se fue esa gran pieza que es única en el mundo y no volveré a ver.

 

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