Señal Colombia transmitirá el documental el martes 17 de abril

Gloria Triana: “En Estocolmo, el realismo mágico brotó”

La realizadora audiovisual estuvo al frente del documental “Cuando Colombia se volvió Macondo”, que se estrenará durante el cuarto aniversario de la muerte de Gabriel García Márquez.

Para Gloria Triana, en Colombia se debería hacer un museo con la obra del nobel, como los peruanos hicieron con Vargas Llosa. / Cortesía Dramax y Señal Colombia

¿En qué cambió la cultura colombiana si se comparan el antes y el después de García Márquez y su Nobel?

Aunque el nombre de García Márquez ya tenía una relevancia enorme en el movimiento literario conocido como el Boom latinoamericano, el Nobel puso a nuestro escritor, pero también a nuestro país, en la primera plana cultural a nivel mundial. El interés generado por el realismo mágico, por Macondo, tuvo una fuerte influencia tanto a nivel nacional como en el extranjero. En Colombia fue fundamental para la popularización de la música caribe en el interior del país, donde siempre había sido desdeñada e ignorada. A nivel internacional, les abrió las puertas a nuestra música, a otros autores, a nuestro audiovisual. Nos puso en el panorama cultural del planeta.

¿Cómo deben estudiar y procesar los creadores de hoy el legado de García Márquez para innovar en el siglo XXI?

El talento de García Márquez es único e irrepetible. Pero lo que podemos emular y lo que podemos aprender de Gabo es esa disciplina extraordinaria, la pasión irrefrenable y el trabajo incansable. Quiero mencionar, por ejemplo, el trabajo de mi hermano Jorge Alí, que ha adaptado tres obras de Gabo para el teatro: La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada, Crónica de una muerte anunciada y el reciente estreno de El coronel no tiene quien le escriba en el Teatro Repertorio Español de Nueva York.

¿Cómo resume el aporte que ustedes hacen a través del documental de lo que fue el realismo mágico?

Lo que pasó en Estocolmo en 1982, y que no se ha vuelto a repetir desde entonces, fue que el realismo mágico brotó en el Salón Azul del Palacio del Ayuntamiento. Los colores, sonidos y movimientos del Caribe, de los Andes, del Pacífico y de los Llanos se tomaron por unos minutos el evento, como si la mera presencia de Gabo arrastrara una estela de música y danza. El documental hace un registro visual de un evento que muchos colombianos ignoraban.

¿Qué falta hacer a nivel de memoria para conservar lo que nos dejó la obra de García Márquez?

Una serie sobre su vida y su obra, basadas en las biografías de Dasso Saldívar, El viaje a la semilla; de Gerald Martin, Gabriel García Márquez: Una vida, y su autobiografía, Vivir para contarla. Deberíamos dedicarle un museo, como lo hicieron los peruanos con Vargas Llosa.

Cuéntenos un par de recuerdos imborrables para usted de García Márquez.

Cuando cumplió 80 años le hice un almuerzo. Le pedí que me firmara una copia de la reciente versión de Cien años de soledad, editada por las Academias de la Lengua Española, edición que antes sólo habían hecho con El Quijote de Cervantes Saavedra. Al firmarla le recordé que habían pasado 25 años de la entrega del Premio Nobel y de la presentación de la comitiva que narra nuestro documental. Me dijo: “Sí, lo recuerdo. Sufrí mucho”. Y luego en el libro me escribió: “Para Gloria Triana, 25 años después de Estocolmo; con un cariño eterno”. Otro recuerdo sucedió en una cena en casa de Alberto Abello. Al saludarme, Gabo me dijo: “Qué maravilla conocerte, he oído hablar mucho de ti.” Me quedé sorprendida, sin saber si estaba mamando gallo o genuinamente no me reconocía y era evidencia de que ya había comenzado su “enfermedad del olvido”.

¿Qué tanto se parecen la versión inicial del proyecto “Cuando Colombia se volvió Macondo” y el resultado final ya en formato audiovisual?

Ambos se parecen en cuanto son un viaje a la memoria y se cumplió con el objetivo de contar esta historia. Las obras siempre parecen inacabadas a los ojos de sus creadores. Hay imágenes de la presentación la noche de la cena que no pudimos incluir en el documental por motivos económicos. Lamento haberlas visto y no poder incluirlas. Desde que presentamos el proyecto, Señal Colombia pidió participar en la construcción del guion, de manera que se convirtió en un trabajo colectivo, entre el editor y los dos codirectores.

¿Cuáles fueron los grandes retos para realizar el documental?

Como siempre, conseguir la financiación. Y entrevistar a los hermanos Zuleta. No fue posible.

¿Qué ha encontrado en el formato del documental?

Es la realidad en los ojos del realizador. Es parte fundamental de la construcción de la memoria colectiva.

¿Cuál es su sensación cuando ve sus contenidos audiovisuales?

Me complace profundamente ver que mi trabajo es tema de estudio para tesis de grado de las nuevas generaciones de antropólogos y comunicadores. Más que una sensación, es la ilusión de que el público logre sentir lo mismo que siento con nuestra cultura.

¿Qué proyectos tiene?

Estoy trabajando con una joven antropóloga, Laura Halhach, en un proyecto audiovisual sobre mi trabajo documental. Y estoy trabajando con Proimágenes Colombia, que está realizando la restauración de mis documentales de la serie Yuruparí, para llevarlos a las comunidades en las que se realizaron.