Pasó del seminario en Zapatoca al “casting” en Barrancabermeja

Jairo Camargo iba para cura y terminó de actor

Lleva 47 años haciendo cine, teatro y televisión. Orgulloso hijo de la Escuela Popular de Bogotá, pero también ejemplo de una rigurosa formación autodidacta, es uno de los referentes del oficio en Colombia.

Jairo Camargo estudió actuación en la Escuela Popular de Bogotá. La novela “La pantera” fue el primer rol protagónico que tuvo. Oficina Prensa Mafe Cortés Talent

La actuación no estaba entre sus planes. ¿Cómo terminó en ella?

Acababa de volver del seminario, donde estaba preparándome irresponsablemente para torcerle la vida espiritual a mucha gente (risas). Me aburrí de eso, de los curas y Dios. Me fui para Barranca y mi familia estaba decepcionada de que hubiera elegido otro camino. Un amigo, que también estaba zafado de su familia porque ellos querían ciertas cosas que él no, me invitó a un grupo de teatro.

¿Cómo le fue en ese grupo de teatro?

En el colegio estaba con mi amigo por ahí, y me presentó al director del grupo. Él me citó para la noche, “en ropa de pelea”, y ahí estuve. Había cerca de 20 personas en el escenario que estaban riéndose y de pronto se ponían a llorar. Yo, que he sido tímido casi toda la vida, estaba medio escondido y lo escuché llamarme: “Siga, maestrico”.

¿Qué fue de ese amigo que lo llevó al teatro?

No estoy en contacto con él. Tuvo una hija, su esposa tenía otra de un matrimonio anterior y mi amigo tuvo que asumir responsabilidades de adulto. Se dedicó a trabajar y poco a poco, por cosas que ocurrieron en el interior del grupo, él también se decepcionó un poco de nosotros y perdimos contacto por un tiempo. Se devolvió a Manizales y se dedicó a otras cosas.

Antes de llegar al grupo de teatro, ¿quién lo había llevado al seminario?

El hermano Joaquín, se llamaba, un buscador de vocaciones que pasaba por los colegios que eran regidos por los hermanos lasallistas y hacía una pesca.

¿Le quedó algo de esa etapa?

A mí el colegio no me sirvió para nada y aún creo que no sirve para nada. La educación no sirve mientras sigan con esa torpe metodología de memorizar y no de pensar. Por eso me retiré del seminario, porque me dio por analizar la situación que estaba viviendo. De esa época me quedaron cosas que tienen que ver con mi carácter, algo de disciplina y de orden, ponerme metas y no tragar entero. Estar en continua reflexión y un continuo ejercicio de contradicción conmigo mismo.

No ha parado de trabajar en la actuación. ¿Cómo ha hecho para ser constante?

El azar tiene que ver en esto. Yo he estado en lugares y momentos apropiados, con la gente que debe ser. Además, también tiene que ver con mi formación, que fue en la Escuela Popular de Bogotá (EPB), que ha sido la mejor escuela de actores que ha habido en este país, porque hacíamos teatro, tres temporadas al año, una gira nacional y una muy buena preparación. Seguir mi intuición, tomar decisiones, lanzarme a la vaina y estudiar.

¿Cómo es su relación con la academia?

No conozco de los ismos y no me interesa. Lo que he ido haciendo en el camino es tratar de entender de qué se trata este oficio y para eso he leído mucho, visto muchas películas, estudiado biografías de artistas y hacerle caso a mi intuición. El talento se tiene, pero hay que alimentarlo. He logrado un puesto en el ojo de la gente. Creo que me he consolidado frente a mí mismo como esto que soy. Le tengo mucho cariño y lo hago con mucha disciplina.

Participó en muchas producciones reconocidas: “Escalona”, “Pedro el escamoso”. ¿Qué otra recuerda?

Para mí, como actor Dios se lo pague fue también emblemático. Escalona, por supuesto, Mi alma se la dejo al diablo y La pantera, porque fue tal vez mi primer rol protagónico. En teatro he hecho muchas cosas también. Rescato mucho los montajes que hicimos en la EPB. En el cine quedé satisfecho con Edipo alcalde y La estrategia del caracol. Si no hubiera hecho todo lo que he hecho, no podría hacer lo que estoy haciendo, ni hacer lo que voy a hacer.

 

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