Publicó el libro “Educar sin culpa”

La percepción de la educación de Alejandro de Barbieri

El psicólogo uruguayo ha dedicado parte de sus estudios a la importancia de sanar los problemas de la infancia.

El primer libro que publicó Alejandro de Barbieri fue “Economía de la felicidad”. / Cristian Garavito - El Espectador

¿Ser padre aumentó su sensibilidad por los temas relacionados con la educación?

Cuando sos papá, vas cotejando las teorías con la realidad. Cuando escribí Educar sin culpa, el libro que acabo de lanzar, tenía la certeza de que esa forma de educar también ayudaba a que los hijos fueran autónomos y tomaran sus propias decisiones porque los míos ya estaban grandes. También fue producto del estrés que vi en mis pacientes, muchos de ellos padres.

¿En el proceso de educación de sus hijos cambió las percepciones que tenía antes?

Con los hijos una cosa es la teoría y otra la realidad, por eso vas cambiando las teorías que tienes.

¿Qué nuevas realidades entendió en ese proceso de educación?

Lo que yo propongo es salir del determinismo y el fatalismo, que es un poco la condena que tienen los padres de hoy en día, porque ellos te dicen que no quieren que su hijo sufra lo que ellos sufrieron. Lo que a mí me permitió educar a mis hijas fue ver esto de otra manera. Hoy los padres creen que si dicen “no”, sus hijos no los van a querer y tienen que comenzar a entender que por educar bien a los hijos eso no va a pasar.

¿Por qué “Educar sin culpa”?

Se llama así para recuperar una adultez sana, dejar la culpa atrás y educar con alegría. El título es lo mejor, porque los padres de hoy tienen culpa y miedo pensando siempre en las consecuencias de las cosas que van a hacer. Educan neuróticamente, no en paz o alegría. Nuestros padres fueron educados por nuestros abuelos sin culpa porque no esperaban ser queridos por sus hijos y los papás de hoy somos padres culpógenos porque tenemos miedo de que nuestros hijos no nos quieran.

¿Cuáles son las culpas que tienen los padres actualmente?

Hay padres que directamente les preguntan a sus hijos si los quieren. La otra es tratar de no repetir su historia, pero lo que ellos tienen que hacer es sanar la historia con sus padres para poder ser padres de sus hijos.

Eso lleva a una de sus frases: “Todos somos hijos adoptivos”.

Un chimpancé procrea, también lo hace un ser humano, pero adoptar es un acto espiritual. Una persona se hace padre o madre a través del vínculo, el amor y el compartir, los consejos y estar cerca de los hijos. Los padres tienen el desafío de adoptar a sus hijos biológicos y los docentes de adoptar a sus alumnos. Los maestros están muy solos porque están haciendo de padre y madre a la vez que educan porque la familia no es la misma instancia socializadora que era antes.

¿Está de acuerdo con la frase de Savater “Educar en buena medida es frustrar”?

Es espectacular esa frase. Ese es el drama que tenemos en la sociedad actual, un temor a frustrar. La frustración te hace crecer como persona. Educar es afectar emocionalmente, jugársela a ser papás, mostrar lo bueno y lo malo, a pesar de que los pequeños se molesten porque no pueden hacer lo que quieren.

En su libro también habla de la reconciliación.

Hay que dejar de ser hijos de nuestros padres para poder ser padre de nuestros hijos, esto significa dejar de reclamar, saber perdonar y agradecer. Una persona inmadura reclama y alega lo que sus padres hicieron con él. Sartre lo dice: “cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”, eso es lo que transforma como persona. Me gusta invitar a los hijos a que les agradezcan a sus padres y reconozcan ante ellos que hicieron lo mejor que pudieron con las herramientas que tenían a su alcance. Yo soy adulto cuando dejo de ser hijo, cuando dejo de reclamar.

Una de sus últimas afirmaciones es que amar es soltar.

Se tienen cosas, no personas. Las personas no están hechas para servir para algo, hay que dar espacio a los roles de los padres, dejar que los hijos se defiendan y, de ser necesario, se frustren. Así se generan hijos que puedan construir su mundo.