“La reparación no puede ser una foto”: Alfredo Serrano Zabala

El periodista lanzó su séptimo libro, “El patriarca de las esmeraldas”, la historia inédita de Víctor Quintero, sobreviviente de la guerra verde.

Alfredo Serrano Zabala, autor del libro “El patriarca de las esmeraldas”. / Germán Gómez - El Espectador

¿Por qué sostiene que Víctor Quintero fue el verdadero dueño del oro verde en Colombia?

Porque El Patriarca de las Esmeraldas fue el dueño del 88 % de la mina de Chivor, del 60 % de la mina de Buenavista, en Ubalá, y del 70 % de los cortes Las Cruces y La Vega de San Juan, en Gachalá. Además, fue el propietario del 100 % de Peñas Blancas y del 50 % de Coscuez, minas ubicadas en el municipio de San Pablo de Borbur.

¿Hubo relaciones entre Víctor Quintero y Víctor Carranza?

Víctor Quintero fue la persona que le dio la oportunidad a Víctor Carranza de conocer el mundo de las esmeraldas. Además le prestó dinero, lo guió para que concretara sus primeros títulos mineros y le enseñó los secretos del universo verde. Como respuesta, Víctor Carranza lo corrió al destierro, amenazó a su familia y, de manera vedada, auspició el despojo del que fueron objeto Quintero Morales y su familia.

¿Y cómo hizo Quintero para sobrevivir a las distintas guerras de las esmeraldas y a tantos zares del negocio?

Evitando las confrontaciones, huyendo, exiliándose. Víctor Quintero tuvo como principio de vida el ejercicio de la paz. El Patriarca decidió no armar grupos ilegales para aumentar la sangre y la violencia en el sector.

¿Quién tuvo más poder, Víctor Carranza, Gonzalo Rodríguez Gacha, Gilberto Molina o Víctor Quintero?

Víctor Carranza fue el zar de un poder pérfido. Fue el verdadero auspiciador, propagador y regente del paramilitarismo en Colombia. La justicia jamás llegó a él como debió ser. En contraste, Víctor Quintero tuvo que salvaguardar su vida y la de su familia y murió de años.

En una frase defina a cada uno de los personajes citados.

Víctor Carranza fue un tipo siniestro, que, mientras ejerció como zar de las esmeraldas en Colombia, fue extrañamente amigo personal del poder ejecutivo en el país, durante los últimos 30 años.

Gonzalo Rodríguez Gacha fue un criminal tristemente célebre.

Gilberto Molina fue el rey o el padrino de las esmeraldas, y muy cercano a Víctor Carranza.

Víctor Quintero fue el verdadero patrón, pero como esmeraldero atípico. Sobrevivió a las amenazas y su historia fue silenciada por un cuarto de siglo.

¿Por qué escribe sobre temas tan densos de la violencia colombiana?

El ejercicio del periodismo me llevó a esos escenarios. Es mi responsabilidad documentar la historia contemporánea de Colombia. Además, el país debe conocer estos hechos. Hoy en la nación hay ilustres personajes que realmente son antihéroes.

¿Qué momentos de la guerra quisiera documentar y por qué?

Deseo penetrar los actuales poderes mafiosos y delincuenciales que operan en las regiones colombianas, y los grupos al margen de la ley que surgieron luego de los acuerdos con las Auc y las Farc. Además, develar en dónde tienen el dinero y quiénes son los grandes testaferros de las Farc.

¿Cómo se volvió periodista?

Descubrí que era la pasión de mi vida, el lugar desde donde puedo contribuir a la sociedad en la que me correspondió vivir. Soy periodista purasangre desde el vientre de mi madre.

¿Cuál es su visión del periodismo actual?

Salvo destacadas excepciones de medios y colegas, el ejercicio del periodismo en Colombia ha sido cobarde. Muchos colegas vendidos al mejor postor o medios cooptados por los poderes.

Usted vivió de cerca toda la crisis de Barrancabermeja, ¿qué diagnóstico tiene sobre lo que sucede allá hoy?

El puerto petrolero, ciudad de gente generosa y cálida, fue sometido por una camarilla indelicada de políticos y dirigentes de poca estatura moral que no conocen principios éticos. Allí se creía que subversivos y paramilitares fueron lo peor, pero hoy se atraca con corbata y en democracia.

De los libros que ha publicado, ¿cuál es el que más le gusta y por qué?

Son dos: Paracos (Random House Mondadori, mayo 2009), porque fui testigo excepcional para develar ese monstruoso poder, y Las siete vidas de la Gata (Random House Mondadori, mayo 2011), porque penetré para informar a una caterva mafiosa intocable y protegida en Colombia.

¿Cuál es su punto de vista sobre la reparación que debe hacerse a los periodistas víctimas del conflicto?

La reparación debe ser más real que simbólica. Nosotros los periodistas víctimas del conflicto armado en Colombia fuimos abandonados a nuestra suerte por el Estado. Debe haber una restitución real y sostenible para medios y periodistas afectados. No puede ser que nuestra reparación se convierta en una foto para el recuerdo con el presidente de turno. El Gobierno debe comprender que si repara a los periodistas está reparando a la sociedad afectada en su derecho a la información.

¿En qué proyecto periodístico o bibliográfico está pensando?

Mi nuevo libro, que aspiro a publicar con mi propia editorial (Doral-Brickell) a finales de marzo de este año, se llama: El poder devoto en Colombia, el cristianismo influyente. Lo que desarrollo en ese trabajo es la tesis de que el nuevo presidente de Colombia lo definirá el voto cristiano evangélico.

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