Julio Cesar Pachón actúa en “El país más feliz del mundo”

“Lindo, lindo”, ahora en el cine

El actor bogotano lleva a la pantalla grande a Libardo Zuluaga, su personaje en “Las hermanitas Calle”. En esta ocasión, a través de la comedia, tocará temas en torno a la corrupción y la malicia indígena.

¿Qué se puede ver en la película “El país más feliz del mundo”?

Aparece un personaje que hice en Las hermanitas Calle, Libardo Zuluaga. Era el alcalde del pueblo, que siempre estaba acompañado de Fermín, su mano derecha. En la película volverán a aparecer, pero con muchos problemas que se les irán presentando en el camino. Aquí lo volvemos a ver haciendo maldades, pero dándose cuenta de que no es tan malo como creía, porque cuando sale a la ciudad ve que hay otro tipo de maldad.

¿Libardo Zuluaga ha sido uno de los personajes más importantes que ha hecho en su carrera actoral?

Sin lugar a dudas ha sido uno de los personajes que más beneficios me han dado en cuanto a reconocimiento, satisfacción, premios, porque con él gané el India Catalina, y en cuanto a conocer personas que trabajaron a mi lado, como Carlos Gutiérrez, y conocer el Eje Cafetero, donde tenemos proyectos culturales. Todo eso me lo permitió Libardo Zuluaga.

¿Cree que somos el país más feliz del mundo?

Colombia tiene mucha riqueza en todo sentido, pero la corrupción es una de las cosas que no nos dejan ser un país feliz. Desgraciadamente, no lo somos en un concepto. Deberíamos serlo, pero no los somos por problemas como los que se muestran en la película.

Si se superan, ¿podríamos llegar a serlo?

Sí, claro, porque al no haber corrupción toda la riqueza se podría ubicar donde es. Sería más equilibrado. Nadie habla de estas cosas satánicas de las que hablan algunos partidos, de que queremos ser castrochavistas ni nada de eso, pero sí que no haya un índice de pobreza y desigualdad. Pero ¿qué crea ese índice de desigualdad? Que 10 familias tengan el poder absoluto del país desde hace 100 años y no quieran darle al país lo que merece cada uno. Yo creería que sí podríamos ser un país más feliz en la medida que sean más equilibradas las cosas.

¿Qué mensaje espera que les deje la película a las personas?

La película trata la corrupción, pero hay una cosa que los colombianos ya tenemos y es la mal llamada malicia indígena. Eso se volvió una práctica cultural que degenera en corrupción. Aquí se van a ver identificados muchos que cuadran las cosas con plata o quieren pasar por encima del otro como sea.

¿Por qué hacerlo como comedia?

Entre las características que tiene la comedia es que uno se burla de su reflejo, uno se ve ahí, en algo cercano o en una situación que le pasó. La comedia confronta al espectador y en este caso los artistas tenemos la obligación de llevarle un mensaje positivo o reflexivo a la gente.

¿Por qué quiso ser policía?

Pasé por cuatro colegios y la última vez mi papá me metió en un colegio militar. En once fueron todas las Fuerzas Armadas a invitarnos a hacer parte de ellas, y a mí la que más me llamó la atención fue la Policía, porque quedaba cerca a mi casa. Ingresé, pero afortunadamente para la sociedad civil me echaron.

Luego entró a estudiar derecho...

Seguía queriendo ser policía y por eso entré a la Universidad Libre a estudiar derecho. En ese momento muchos de los profesores que tenía eran de la UP y tenían una estructura ideológica de izquierda, pero además tenían una estructura cultural muy fuerte. Manuel Gaitán, que era el decano de la facultad, apoyaba el arte. Entonces con unos amigos armamos el grupo de teatro de la universidad y ya estando en él decidí que quería seguir en las artes escénicas.

¿Cómo llegó al teatro de La Candelaria?

Un día de ensayo en la universidad vi unos carteles de una obra que se llamaba El paso, la parábola del camino, escrita y dirigida por Santiago García, así que invité a mi novia a verla. Entonces quedé convencido de que eso era lo que quería hacer en mi vida. Ahí conocí a un gran amigo, Francisco Martínez Alvarado, quien estaba armando un grupo de teatro amateur, y con él empezamos a ir a La Candelaria a ensayar, conocí al maestro Santiago García y estuve cuatro años con él en el teatro. La mística que hallé ahí fue lo que me motivó y convenció de que quería ser actor.

Su primer papel grande fue en “La Caponera”. ¿Cómo lo consiguió?

Carlos Fernández de Soto me dijo que fuera a RTI, ya que había escrito un personaje para que yo participara en La Caponera. Ya había trabajado en varias cosas, casi como extra, pero Pocalucha fue un personaje que gustó. Además estuve con un combo muy bacano, que fueron los que me enseñaron de esto.

¿De dónde viene su gusto por el tango?

De mi papá. Aunque él era de Boyacá, le gustaban mucho los tangos y tenía una colección muy grande que escuchaba desde pequeño. No lo he dejado. Por lo general me reúno con mis amigos en un sitio de tangos que hay en La Candelaria, cerca a mi casa.

¿Qué prepara actoralmente?

Estoy ahora en Técnicas para amar, con el teatro Belarte, con un gran combo, hasta el 17 de julio en Bogotá y luego tendremos funciones por todo el país.

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