La película se estrena el 25 de mayo en Estados Unidos, por el Canal Lifetime

Lorena Gallo, una voz contra la violencia doméstica

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Hace 27 años, ella ocupó los primeros titulares de los periódicos cuando, después del abuso que sufrió por parte de su esposo John Bobbitt, le cortó el pene con un cuchillo. Hoy cuenta su historia en el documental “I Was Lorena Bobbitt”.

Después de 27 años, ¿qué la motivó a contar su historia?

Mi historia es muy importante porque es una voz fuerte para romper el silencio en cuanto a la violencia doméstica. Para mí es importante tener esa voz para continuar el movimiento #MeToo, porque es algo que ha afectado al mundo. Además, quiero acabar con ese tabú que existe sobre la violencia doméstica. Esto no solo a mujeres, también es un asunto de hombres y niños. Para mí es importante no solo hacer documentales, sino películas de este caso. Quiero ser bien transparente con el público y ofrecer mi historia de esta manera.

¿Cuál es el mensaje que quiere transmitir con la película “I Was Lorena Bobbitt”?

El propósito de contar mi historia es que quiero ayudar a las víctimas. Espero que las personas que se encuentran en esa posición de abuso doméstico o abuso intrafamiliar en sus relaciones sepan que hay ayuda y pueden salir de esta situación tan horrible. Yo viví este calvario hace tres décadas y, desde entonces, se ha hecho mucho por ayudar a estas víctimas, pero todavía falta más.

Estos hechos ocurrieron hace treinta años y uno creería que la situación ha cambiado, pero no. Las mujeres enfrenten las mismas barreras cuando quieren denunciar a su pareja.

Sí. Hay muchas barreras que no hemos alcanzado a romper, porque es algo que todavía existe en nuestra sociedad, pero creo que con educación esto puede acabar. Por eso mi fundación, Lorena Gallo Foundation, tiene como misión expandir la educación en contra de la violencia doméstica e intrafamiliar, y el asalto sexual a escala escolar y comunitaria. Queremos informar al público de muchos recursos y ayudas que existen en la actualidad.

Una de mis metas es lograr construir un refugio de emergencia para ayudar a escapar a víctimas, mujeres, hombres y niños, de la violencia doméstica. Debemos saber cómo ayudar a esas personas que están sufriendo en silencio. Para mí, hay que romper esto, porque nuestras voces son más fuertes cuando no somos solo una. Tenemos que seguir y unirnos como sobrevivientes que hemos pasado ese calvario de violencia.

 

Teniendo en cuenta el comportamiento violento e inestable de su exesposo, John Bobbitt, ¿por qué duró cuatro años con él? El primer golpe lo recibió unos meses después de contraer matrimonio.

En realidad no vi las banderas rojas. John era tranquilo y respetuoso antes de casarnos. No supe cuál fue el motivo del primer golpe. Me casé cuando tenía 19 años y era recién llegada a los Estados Unidos; mi familia estaba en Venezuela, me sentía sola y él no quería que estuviera con muchos amigos. Me tenía aislada y no sabía por qué, esa es una bandera roja, por ejemplo. Él era muy celoso, le gustaba ser muy controlador y tampoco veía esas señales cuando estaba en mi matrimonio durante cuatro años. Ahora espero que al contar todo esto, la gente que está pasando por la misma situación sea consciente y diga que tiene que salir de esto, porque es una decisión de vida o muerte.

¿Se arrepiente de lo que hizo?

No puedo contestar esa pregunta, porque mi mente no estaba funcionando bien. Estaba destruida emocional y psicológicamente, además de traumatizada.

¿Cómo fue hablar de violencia doméstica en una época en la que no se hablaba de ello?

Es algo que enfrenté cuando tenía que decidir si me iba a la cárcel por el cargo que se me hizo o contaba la verdad, lo que pasó. John tuvo la oportunidad de hablar primero, entonces, dije tal vez la gente no me va a creer, pero tengo que decir la verdad y contar el maltrato del que fui víctima. Fui muy fuerte, tuve la fortaleza de seguir adelante y enfrentarme al jurado. Decidí hablar, porque no quería ir a la cárcel, tenía el derecho de hablar y decir lo que me pasó a mí y no por otro más.

Acuérdate que por primera vez estaba en la televisión en la corte. Todos tenían acceso a ver mi juicio y eso fue algo muy importante, porque en los años 90 fue uno de los casos mundiales que la gente no podía dejar de ver y eso fue un movimiento. Muchas veces me han dicho que soy la madre del #MeToo, porque nunca había pasado algo así.

¿Cuándo fue el momento en el que dijo no más, tengo que acabar con esta relación?

Nunca había pensado en esas opciones, nunca vi las banderas rojas, lo que me dio fortaleza fue cuando al final siempre le creía y él me engañaba. Me seguía diciendo que lo perdonara varias veces, porque había ido a la iglesia, se había confesado y que nunca más me iba a pegar, pero llegó un momento en el que dije: “Ya me voy, me voy a separar de ti”, pero a él no le gustó y me abusó de nuevo. Por esta razón es importante educarse, porque la rueda del abuso doméstico está basada en el control y mucha gente no entiende eso.

Por eso cuando alguien dice por qué no lo dejaste, les digo que no es fácil dejar a alguien así, porque uno como víctima está condicionada a esas victimizaciones, a los maltratos físicos y mentales. Acuérdate que vine de Venezuela y era inmigrante; entonces, él siempre me quería mandar a la policía y me decía: “Inmigración te va a mandar otra vez a tu país”, me hacía tener miedo y le creía. En ese momento cuando quería escapar él me volvió a abusar y me dijo: “No importa a dónde vayas, te voy a encontrar” y le seguía creyendo, porque prácticamente me lavó el cerebro.

¿Cómo perder el miedo a denunciar estos casos de violencia?

La violencia doméstica siempre ha existido por décadas y las mujeres sufrían en silencio, por eso el machismo que hay en nuestros países se sigue viendo. Ahora con esto del coronavirus ha surgido más violencia doméstica, por el estrés de que muchas personas no tienen trabajo y los niños están en casa, entre otras causas. Ese aislamiento impide a las víctimas escapar y esos abusadores tratan de aislarlas más.

Quiero decirles a esas víctimas que les creo, al igual que muchas personas, porque he vivido todo eso y conozco esas banderas rojas. Tengan fe y esperanza, porque la manera en la que salí de allí y encontré más fortaleza no solo fue en creer en Dios, sino en ti misma y eso es algo que puedes lograr. No importa que la gente te diga: “No te creo”, porque alguien lo hará.

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