El libro, de Editorial UPB, es producto de una investigación académica

Medellín contada a través de la basura

Lina Castañeda Tabares es una cantante y periodista que llegó al mundo de las basuras por casualidad, pero encontró en él un tema para investigar e historias por contar. La paisa plasmó su mirada de los desechos en un libro.

Lina Castañeda Tabares forma parte de los coros Performance Coral UPB y Rock Coral UN. / Luis Benavides

¿De dónde salió la idea de investigar sobre las basuras?

Durante la universidad tuve temas que me obsesionaron mucho, como las enfermedades huérfanas y la muerte como tema antropológico. En una clase, una profesora nos preguntó qué oficio no podríamos desempeñar y pensé que no podría trabajar como recolectora de basura porque me da asco su olor, tiene un color denso y aplastante. De ahí surgió la pregunta por saber si la basura, que es algo tan cotidiano y hace parte del ciclo de toda persona o sociedad, aporta otra mirada de Medellín.

Su libro viene de una investigación académica rigurosa.

Para hacer periodismo con este tipo de investigaciones uno debe tomarse el trabajo de profundizar más sobre el problema que se quiere contar, leer sobre las leyes o la antropología de la basura, por ejemplo. La otra mirada: Medellín a través de la basura viene de mi trabajo de grado como comunicadora social-periodista.

¿Qué personajes encontró?

Encontré a Blanca Giraldo, Caña Brava, una mujer con una fuerza descomunal y gran temperamento que trabaja como recicladora, y ella me llevó donde Luis Ángel y Diógenes Candelario, un padre y un hijo que trabajan en lo mismo. Ser mujer es un poco más hostil en este tipo de ambiente. También Yael Sepúlveda, una mujer que trabaja barriendo en el centro y me permitió acompañarla durante dos jornadas de trabajo. Por último llegué a Solle’l Cuerpo, una agrupación que hace música con lo que para otros es basura.

¿Por qué eligió esos personajes?

Si bien muchos llegaron a mí por casualidad, en el proceso de escritura me di cuenta de que eran los necesarios para contar esta historia. No es descabellado encontrarse al operario de barrido o a la recicladora que necesitas cuando vas por la calle. El libro finaliza con una crónica de La Pradera, que es el sitio de disposición de residuos de mi ciudad.

¿Cómo hizo para enfrentarse a la basura si era el oficio que le daba asco desempeñar?

Hubo diferentes niveles de asco. La Pradera, a pesar de que es una ciudad inmensa ideada para la basura, es un lugar muy limpio. Caña Brava, Blanca, recicla de una manera muy particular porque no usa guantes o algún mecanismo de protección; abre las basuras y no le importa meter la mano entre cáscaras de huevo o papeles higiénicos en una bolsa. Aprendí a ignorar eso, enfrentar el fastidio que me daban la basura y los olores fuertes, porque era más importante lo que la gente me contaba que el asco que podía sentir. Leer sobre la basura también me quitó el asco.

¿Qué fue lo que más la impresionó de todo lo que vio?

La Pradera: allá hay muchas realidades. Hay tecnología de punta para el tratamiento de las basuras y queda a muy poco tiempo de la cabecera de Medellín, pero más de la mitad del material que llega es reciclable y se dispone como un desecho orgánico normal: es la basura que la gente bota. A nosotros no nos enseñan o recuerdan que, si hacemos la separación de residuos en la casa pero botamos todo en el mismo lugar, igual llegará al centro de disposición. No entregamos las cosas al recuperador.

La Pradera ha sido la respuesta para los desechos de la ciudad.

Es ver lo maravillosa que es como planta de tratamiento, pero poner sobre la mesa todos los problemas que tenemos, más porque está al tope de su vida útil. Si bien los rellenos sanitarios han sido la mejor respuesta, también generan problemas ambientales, porque hay que deforestar territorios donde, además, viven especies. La basura se descompone, pero bota gases que pueden ser contaminantes. Es impresionante, pero también es muy descorazonador como humano y ciudadano ver todas esas realidades juntas.

¿Cree que se puede contar una ciudad a partir de su basura?

Claro. Lo que yo hice fue un primer acercamiento, pero se puede contar desde muchas otras posiciones y oficios, o incluso desde la denuncia. Se podría contar enfocados en el olvido estatal o la falta de educación ambiental. Medellín y cualquier ciudad es susceptible de ser narrada desde la basura, porque tiene muchas aristas. Botar bien las basuras es una cuestión de humanidad, de entender una de las caras del problema ambiental y lo que está pasando con el mundo.

¿Cómo vio usted a Medellín a través de la basura?

La vi desde muchas perspectivas. Como si detrás de ese mero hecho de botar basura, cuando ponemos la bolsita en esa esquina por donde pasa el carro, se abriera un universo alterno de recicladores, operarios de barrido o artistas. Es abrirse a un montón de significaciones, darse cuenta de que la basura suena. Hay personas que viven de ella y llevan una vida completamente digna. Me preocupa como ciudadana y escritora. ¿Qué haremos para hacerle entender a la gente que la basura es un problema que no se acaba simplemente botando las cosas en una esquina? Se trata de ser más humano en ese acto de disponerla.

 

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