Miss Balanta, la caleña de los turbantes

La diseñadora Angélica María Castillo quiere visibilizar su cultura afro, superar los estereotipos y mostrar a la gente que un elemento legendario y lleno de historia puede convertirse en un accesorio clave para la mujer.

Angélica María Castillo Balanta tiene un hijo, Tobías, de cuatro años. / Cortesía Miss Balanta

¿A qué edad se puso su primer turbante?

Nunca me habían hecho esa pregunta. Mi mamá me enseñó a ponérmelo, tengo fotos a los seis años con ellos, pero cuando entré a la adolescencia empecé a usarlos porque me daba pereza peinarme. Trabajaba como modelo a los 15 años, me tusé totalmente y a veces, con el calor, me molestaba, entonces me amarraba la cabeza para tenerla más fresca.

¿De dónde viene su uso?

Igual que mi mamá, lo usaba por temas prácticos, pero cuando empecé con la marca entendí un montón de cosas. Nació entre Asia y África. Hay una discusión sobre de dónde fue originario, porque en Asia lo utilizan por asuntos religiosos, para rituales espirituales, para hablar de jerarquía y posición social. Además, los musulmanes lo vestían por cuestiones prácticas, pero luego tuvo una connotación religiosa en las mujeres.

No sólo diseña turbantes, también los usa. ¿Cuáles son los que usted viste?

No me atrevo a usar turbantes que no tengan una conexión directa conmigo, porque las otras personas lo hacen por razones específicas. No soy musulmana y por eso respeto el uso del turbante en otros países.

¿Cómo encuentra un turbante que tenga una conexión directa con usted?

Los míos, obviamente, y los de tela africana. Balanta es el apellido de mi madre y es uno de los pocos apellidos totalmente africanos que llegaron a Colombia después de la esclavitud. Los balantas eran un grupo étnico que estaba en un territorio muy chiquito entre Guinea-Bisáu y Senegal. Cuando llegaron los portugueses, fueron uno de los pueblos que más lucharon por no ser colonizados. Llegaron a Colombia y lucharon por mantener su apellido, que significa resistencia, todo lo que representa mi mamá.

¿Qué la llevó a querer generar consciencia sobre los turbantes?

Siempre he tenido un discurso de visibilización afro y de hasta dónde uno se puede apropiar de las cosas para no faltar al respeto. Sí, el turbante viene de la cultura afro, pero es un accesorio que lo puede usar cualquier tipo de mujer, incluso han llegado a mí mujeres con cáncer. Quiero que la gente entienda el uso y lo respete como yo lo hago.

¿Cómo lo logra?

Por ejemplo, a mis clientas me gusta contarles la historia que tienen. Es algo más que adornarse la cabeza, y por eso quiero compartir mis anécdotas, para que cuando las mujeres lo usen entiendan que es un accesorio que hace parte integral de la cultura afro.

¿Por qué usar un turbante?

Es práctico. Si necesitas solucionar una ocasión especial, verte diferente o sentirte única. Si quieres atraer energías positivas, lo puedes usar, porque las telas africanas tienen en su gran mayoría muchas figuras que distorsionan, porque, según cuentan las historias, las energías negativas vuelan en línea recta. Me parece que es un elemento diferenciador que me hace sentir orgullosa de mi origen afro. Y si quieres atraer, usa un turbante. La gente te mira y te sonríe.

¿Por qué decidió que su carrera como diseñadora fuera específicamente en turbantes?

Siempre me ha gustado la moda, soy diseñadora gráfica de profesión, luego hice una especialización en comunicación publicitaria en España y allá nació Miss Balanta como un blog de moda, algo que se transformó a un emprendimiento enfocado en diseño de turbantes. Quería especializarme, hacer una cosa y hacerla bien. El turbante es un trozo de tela y lo que hice fue sacarle hijitos.

¿Qué hay detrás del diseño de un turbante?

Si son telas africanas, están llenas de significado. Los estampados de mis diseños cuentan historias propias. La última colección es un homenaje a mi mamá, Doris Balanta, con la que, a través de un elemento que es tan importante para ella, logro crear algo que también la refleja. Son diseños con anécdotas de mi infancia que nos hicieron reír y llorar.

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