Dice María Ángela Holguín sobre Venezuela

“No vamos a caer en la tentación de responder a los insultos”: María Ángela Holguín

Para la canciller, es claro que los venezolanos son los que deben encontrar la solución a sus problemas por la vía pacífica y de negociación seria. Destaca el posicionamiento de Colombia ante el mundo.

Para la canciller, María Ángela Holguín, la comunidad internacional reconoce en Santos su apuesta por la paz. / Archivo El Espectador

La última participación del presidente Santos en una Asamblea General de la ONU la hizo en una doble condición: como jefe de Estado y como premio nobel de paz. ¿Qué aporte cree que hizo al organismo?

La comunidad internacional y las Naciones Unidas han reconocido el liderazgo y el coraje del presidente Santos en su incansable búsqueda de la paz en Colombia, que, con el Acuerdo Final firmado el pasado 26 de noviembre, puso fin a un conflicto de más de cinco décadas. Como lo expresara el secretario António Guterres, Colombia es hoy la noticia positiva para las Naciones Unidas. El logro de la paz demuestra que con perseverancia y voluntad política es posible solucionar los conflictos a través de la vía de la negociación. Este es el gran aporte al mundo y a una organización como las Naciones Unidas, que tiene como uno de sus pilares la solución pacífica de las controversias. Colombia es visto como el único país que en estos años ha trabajado y logrado la paz a través de una negociación, y es reconocido como un caso a seguir.

Además de los asuntos de paz, el discurso del presidente también tuvo un fuerte enfoque en la estrategia de lucha contra las drogas. ¿Cómo están las relaciones bilaterales con Estados Unidos, luego del cruce de mensajes en el que incluso se amenazó con “descertificar” a Colombia por el aumento de cultivos ilícitos?

Las relaciones siguen tan fuertes como antes. Seguimos siendo socios estratégicos en muchos frentes, incluyendo la lucha contra el tráfico de drogas ilícitas. Colombia mantiene su compromiso de disminuir en forma apreciable y en corto tiempo el área sembrada de estos, a través de una estrategia dual: erradicación forzada y sustitución voluntaria de cultivos, enmarcada en una política de desarrollo alternativo.

Pero ¿no cree que hoy, con el presidente Trump, esas relaciones son menos cordiales?

Son muy cordiales. Las relaciones entre Colombia y Estados Unidos son fuertes, fluidas y con gran constancia. Si bien cada presidente trae su propio estilo, las relaciones entre nuestros países están institucionalizadas y las cancillerías mantienen la misma cordialidad y la misma intención de trabajar juntas de siempre.

Sin embargo, es un contraste, dada la amenaza permanente de Estados Unidos de destruir a Corea del Norte, mientras que Colombia, que rechaza esa nueva especie de “guerra fría”, llama a la paz…

Colombia, como la gran mayoría de la comunidad internacional, ha condenado los ensayos balísticos de la República Democrática de Corea, no sólo por representar una amenaza a la paz y a la seguridad internacional, sino también por el incumplimiento reiterado de las resoluciones del Consejo de Seguridad. Debemos abogar para que primen la diplomacia y el diálogo en la búsqueda de soluciones viables a esta situación.

¿Por qué es tan difícil lograr que la comunidad internacional sea innovadora y llegue a consensos sobre un nuevo enfoque en esa lucha contra las drogas?

En casi todas las actividades humanas, la resistencia al cambio es un fenómeno difícil de resolver. Los países nos hemos acostumbrando a afrontar esta problemática de una única forma. Las instituciones de los países se han acostumbrado a hacer lo que conocen y por eso ven esto de una sola forma, y abrir el camino hacia nuevos enfoques es difícil. El objetivo inicial del debate era precisamente abrir la discusión para que podamos ponernos de acuerdo, primero, sobre la evaluación de las políticas que hemos usado para luchar contra este problema y, luego, sobre cómo podemos ser más eficientes en nuestra lucha. Sin embargo, este es un camino lleno de obstáculos, pues en el ámbito multilateral es necesario lograr un cambio de enfoque. Hay que convencer a muchos países que están cómodos con la forma actual de luchar contra este fenómeno de que hay mejores y más eficientes formas de hacerlo. Colombia está convencida de que este es el camino y seguirá trabajando decidida y pacientemente hasta lograr una nueva política mundial contra las drogas.

¿Qué legado deja Colombia en esta lucha global, de cara al debate que se aproxima en 2019?

Hemos impulsado un enfoque que prioriza los derechos humanos y la salud pública. Un enfoque que reconoce las flexibilidades de las tres convenciones del régimen internacional de drogas, que darán cabida a que los países experimenten con políticas innovadoras. El debate ha comenzado y eso es lo más importante.

El otro asunto clave en el marco de la Asamblea General tuvo que ver con Venezuela. ¿En qué consiste buscar una “transición”, como se acordó con los países preocupados por la situación allí?

Buscamos la restitución de la democracia en Venezuela. Creemos que la vía pacífica y de negociación seria entre venezolanos es la salida para restaurar las instituciones democráticas y permitir dar soluciones a la crisis humanitaria por la que atraviesa el país.

Dura tarea, pues el gobierno de Maduro no escucha a sus vecinos. El canciller Arreaza incluso llamó “payaso” al presidente Santos...

Las soluciones las deben encontrar entre ellos. Nosotros apoyamos al pueblo venezolano, que viene sufriendo el deterioro económico y político del país. Lo importante es seguir insistiendo en que Venezuela tiene que volver a la democracia y respetar los derechos humanos de todos los venezolanos. No vamos a caer en la tentación de contestar insultos para que la discusión se vaya por otro camino que no sea la grave situación que enfrentan.

Este fue también su último paso por la ONU como ministra de Relaciones Exteriores. ¿Qué balance hace en lo personal?

El posicionamiento positivo que tiene Colombia hoy en el mundo y en la Organización de las Naciones Unidas es un motivo para sentirme muy satisfecha por el trabajo que hemos adelantado en estos ocho años. No ha sido una labor fácil. Conozco la organización desde cuando fui embajadora en 2004 y eran muchas las dificultades que teníamos ante una agenda negativa en muchos frentes, como desplazamientos, violencia sexual en los conflictos, reclutamiento de menores, etc. Hoy el panorama es distinto. De 2011 a 2013 fuimos miembros no permanentes del Consejo de Seguridad. Promovimos en la Cumbre de Río de 2012 los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que hoy son la agenda universal de desarrollo para los estados hasta 2030. Impulsamos el Pacto de París sobre cambio climático. Finalmente, el respaldo de Naciones Unidas al proceso de paz, mediante la verificación exitosa del cese del fuego y de hostilidades y la dejación de las armas, y en su próximo papel de verificación del acuerdo final, es una demostración de la imagen tan positiva de la que hoy goza nuestro país. Para mí es muy gratificante haber contribuido como canciller a lograrlo.

 

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