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Una idea para acercar la tecnología a la gente

Carlos Cifuentes es doctor en robótica y semifinalista del concurso “Una idea para cambiar la historia”, de History, con el proyecto T-Flex, que busca rehabilitar y asistir a pacientes con problemas para caminar a través de un dispositivo de órtesis robótica.

Cristian Garavito - El Espectador

¿Cuál es la idea con la que participa en el concurso de History?

Es un dispositivo de asistencia y rehabilitación para que los pacientes puedan tener una marcha más natural comparada con los dispositivos convencionales que hay, que son rígidos y estorbosos. Se conoce como órtesis robótica y está enfocada al tobillo. La idea es que se acondicione a la pierna del paciente y lo acompañe para que pueda caminar de una forma más natural.

¿Por qué se enfocaron en el tobillo?

Tenemos otros proyectos en el grupo de investigación Gibiome y nos dimos cuenta de que el tobillo es una de las articulaciones más complejas en rehabilitar, junto con la mano. Nos enfocamos en rehabilitación de marcha porque creemos que para las personas es importante tener independencia para moverse después de tener alguna lesión neurológica o alguna patología que impida caminar.

¿Por qué razón el movimiento de tobillo es uno de los más complicados para rehabilitar?

El tobillo implica más control que otras articulaciones y una zona del cerebro más grande, por eso se necesita una herramienta dedicada a entrenarlo. Cuando una persona está en una silla de ruedas y comienza a caminar en muletas la cadera o las rodillas se entrenan más rápido, pero el tobillo no. El dispositivo empezaría a mover el pie automáticamente.

Se trata de un proyecto de rehabilitación robótica. ¿Es muy común?

La rehabilitación robótica es una realidad, se ha comprobado científicamente que funciona. Pacien|tes que antes no podían volver a caminar o moverse independientemente, ahora lo pueden hacer. Hay dispositivos que lo hacen, pero son supremamente costosos y sólo tienen acceso a ellos personas con salud prepagada o un plan complementario. Buscamos romper la barrera tecnológica, desarrollar un producto que sea abierto para que más personas tengan acceso a la rehabilitación robótica.

¿Cuánto puede costar en el futuro?

Estamos trabajando en que quede más o menos en US$1.000. No queremos que se vuelva producto clínico, porque el precio podría subir hasta cinco veces y estaría más caro para la gente. Queremos liberarlo para que todo mundo pueda acceder a él, que de verdad la tecnología se acerque a los pacientes, que son quienes realmente la necesitan.

¿Por qué decidieron presentarse a “Una idea para cambiar la historia”?

Como grupo de investigación nos presentamos a muchas convocatorias para buscar fondos. Más allá de sacar artículos y publicaciones, lo que queríamos era un proyecto social que les llegara a las personas. Llevábamos un año trabajando en esto, pero necesitábamos recursos para hacerla realidad.

¿Cómo fue el proceso para desarrollar su idea?

Tenemos varios proyectos en rehabilitación en marcha dentro del grupo de investigación. Cuando empezamos a hacer pruebas en la clínica nos dimos cuenta del problema del tobillo. Fue una idea que cocinamos poco a poco, involucrando a estudiantes de ingeniería mecánica, electrónica y biomédica, empezamos a entender cómo tener un dispositivo que fuera bioinspirado, es decir, que se pareciera mucho a como funciona el movimiento del humano.

¿Cómo lograron que se parezca al movimiento humano?

Pensamos en colocar los motores más o menos en el mismo lugar en el que se ubican los músculos y tendones, que estén alineados con los reales del cuerpo humano y que tengan un comportamiento parecido para que el paciente sienta un movimiento natural.