El Teatro Colón

Una joya de 125 años remozada para el siglo XXI

Con eventos como la presentación de la diva surcoreana Sumi Jo, será celebrado este aniversario del histórico recinto. Manuel Álvarez, director del Colón, le pondrá allí punto final a su carrera de productor de espectáculos.

Manuel José Álvarez Gaviria, director del Teatro Colón. / Óscar Pérez - El Espectador

¿Cómo festejarán este cumpleaños?

Inauguraremos una exposición interactiva que hicimos con el Centro Ático de la Pontificia Universidad Javeriana, con hitos por año del Teatro Colón, que siempre ha estado ahí, en la historia de este país. Tendremos un concierto con la diva surcoreana Sumi Jo, en un homenaje a María Callas, a propósito del 40 aniversario de la muerte de la neoyorquina. Jo cantará arias muy conocidas y difíciles. Va a ser un lindo momento: oiremos lo primero que se escuchó de Callas acá.

¿Lo transmitirán en vivo?

El concierto de Jo, por primera vez en nuestro país, se va a transmitir en directo a grandes bibliotecas de Bogotá: la Virgilio Barco, la de El Tintal Manuel Zapata Olivella, la Julio Mario Santo Domingo y la del Parque El Tunal. Estamos organizándolo todo con la Secretaría de Cultura de la ciudad y queremos que el teatro salga de sus paredes. Es muy estratégico, lo hacemos para llegar a una mayor población.

Usted hablaba de hitos, ¿recuerda algunos?

El Bogotazo, el 9 de abril de 1948, creo que es el más conocido. Está también la coronación popular del poeta Rafael Pombo y las presentaciones del director y compositor Ígor Fiódorovich Stravinski y del pianista Arthur Rubinstein.

Son muy selectivos para que algo llegue a las tablas del Teatro Colón.

Para que un artista llegue es sinónimo de consagración o reconocimiento a su trayectoria artística. No cualquiera puede presentarse. Antes, cuando había dinero de por medio, se alquilaba el espacio; ahora, incluso pagando se hace una curaduría previa. La gente sabe que cuando se pone algo en el Teatro Colón, es de buen nivel. Tiene una magia, una energía acumulada por tantos años. El teatro no fue solamente el epicentro de la vida cultural y artística del país, sino también social y política.

¿Qué cambios ha tenido el Colón?

Ahora es un teatro de producción, no de alquiler. Por eso tenemos una programación tan dinámica e intensa como la de ahora. Está revitalizando oficios que se habían perdido, como el de pintor, de arquitecto o yesero. Cuando se hizo el Colón, el presidente Rafael Núñez trajo especialistas italianos. Ahora estamos recuperando esos oficios.

¿Cómo los están recuperando?

En poco tiempo empezaremos un taller de escenografía. Ha sido una gran transformación. Era un teatro antipático, aburrido, excluyente, no se podía entrar sin corbata; a Gabriel García Márquez no le hubieran permitido entrar. Antes no existía una visión de qué se presentaba, sino que todo lo que pasara por Colombia estaba acá, porque era el único que había. Ahora también hay espacios que organizan una muy buena programación.

¿Cuál es la visión actual de la institución?

Potenciar al artista nacional. El Teatro Mayor trae muy buenos grupos internacionales, tiene una chequera más gorda que la nuestra, pero nuestra razón de ser es llegar a la mayor cantidad de público posible. Lo hemos hecho con varias comunidades pequeñas que sufrieron el conflicto armado, llevándoles por primera vez hasta allá algo de arte. Eso nos enorgullece.

¿Qué representa para usted dirigir un teatro como este?

Es un privilegio terminar mi carrera acá. Ya este gobierno se acaba, de manera que entregaremos todas las entidades del Ministerio de Cultura a la nueva administración. Pero dejaremos un centro cultural importante, con un proyecto de ampliación casi terminado, tres salas más y un centro de documentación. Se va a convertir en el gran centro cultural de Bogotá y el país.

Si tuviera que darles tres razones a los colombianos para que cuiden este espacio, ¿cuáles serían?

Es uno de los teatros más asombrosos del mundo, el edificio más impactante que tiene el país. Por acá han pasado tantas cosas que han cambiado la vida de Colombia... es el teatro de los colombianos. Lo debemos admirar, respetar, proteger y visitar. No concibo que con los precios que tiene el teatro acá, que son asequibles, la gente no venga a disfrutar de la programación.

¿Cuál ha sido, históricamente, el momento cumbre del Colón?

Estamos en la cresta de la ola. Van tres años y tres meses desde que reabrimos, y ya superamos los 300 mil espectadores, cifra notable para un teatro de 755 butacas. No paramos de montar y desmontar espectáculos, y es un placer cómo lo hacemos. Esta es una sala del siglo XIX, con un escenario del XXI. Tenemos tecnología de punta, es el mejor dotado técnicamente del país. Esperemos que las nuevas administraciones lo sigan cuidando, manteniendo como la joya de la corona que es.

¿Qué retos enfrentará la nueva administración cuando usted entregue el Colón?

Estamos dejando el teatro con un listón muy alto. Mantenerlo no será fácil. Pero cada persona que llega lo administrará con nuevas ideas, y eso está bien. Los tiempos van cambiando, al igual que el espectáculo. La tensión nunca debería bajar, porque sino caemos en la zona de confort, en la cual no permito que esté ninguno de los trabajadores del teatro Colón, empezando por mí.