Adriana Lucía, una voz de arena

Dejó de hacer vallenato para dedicarse al folclor de la tierra donde nació. La artista cordobesa considera que vivir en Bogotá fue crucial para acercarse a sus raíces.

Adriana Lucía ha sido ganadora de tres premios Shock. / Cortesía
Adriana Lucía ha sido ganadora de tres premios Shock. / Cortesía

¿Cuál es el origen de la canción “Pa fuera los dolores”?

Nació de una reflexión de quienes trabajamos en la producción del disco. Nos dimos cuenta de que había mucho dolor y que teníamos que sacarlo para poder sanar. De alguna manera, planteamos que la cura para todo es el amor.

¿Qué tal fue componer la canción con varias personas?

Es la primera vez que hago este experimento. Creo que el éxito tuvo que ver con la complicidad que había en el grupo y con que había una inquietud que todos compartíamos.

¿Cómo es la instrumentalización?

Tiene una base rítmica con tambor alegre, hay una presencia fuerte de las guitarras y un sonido muy marcado del souk. También está la parte porrera con el bombardino, el redoblante y un acordeón que no es vallenato sino sabanero. También hay un elemento nuevo para mí, que es la programación y los teclados. Es algo que incluí porque mi sueño es que nuestra música no sea una pieza de museo.

¿Es el abrebocas de un próximo trabajo discográfico?

Me gusta trabajar álbumes completos. En estos tiempos se hacen muchos sencillos, pero no puedo trabajar así porque siento que cuando se hace una sola canción las cosas tienden a quedar sobreproducidas o, al contrario, muy simples.

¿Cómo fue crecer en El Carito durante los ochenta?

Uno lleva su pueblo donde quiera que va. Como música, mamá, mujer o esposa, estoy totalmente marcada por lo que viví en mi infancia, y cuando regreso es como si el tiempo no hubiera pasado. Mi papá era músico y mi mamá era profesora, por eso mi vida estaba llena de músicos que entraban y salían de mi casa.

¿Cuál es su mejor recuerdo de esa época?

Las fiestas en mi tierra son la segunda semana de diciembre. Cuando estaba dormida me despertaban el bombardino y el bombo. Ese despertar con música marcó mi vida, porque hasta el día de hoy mi parte favorita del día es el amanecer y es el momento que me conecta con mi infancia.

¿Qué busca cuando regresa a esa tradición musical?

Trato de traducir el mensaje de mi tradición para que la gente que no tuvo mi vida pueda entenderla. Creo que algo vital para que eso pudiera pasar fue vivir en Bogotá. El sonido de la salsa se formó en Nueva York y creo que Bogotá cumple esa función con nosotros. Es un lugar donde se fusionan muchas costumbres y donde se pueden ver las cosas de manera más reposada.

¿Cuál es su historia con “El jerre jerre”?

Me aprendí la canción por un reto de mi papá y la primera persona a la que se la canté fue a su compositor, Rafael Escalona. Tendría por ahí 11 o 12 años. Fue un reto loco que terminó siendo un compromiso. El maestro Escalona me dijo: “Prométeme que el día en que grabes un disco vas a poner esa canción”.

¿Por qué dejó de hacer vallenato?

Llegué al vallenato por casualidad y, aunque estoy infinitamente agradecida con él, creo que mi misión es mostrar los ritmos con los que me crié. Canté El jerre jerre en un festival de Valledupar y una disquera que me escuchó me dijo que hiciéramos un disco. Terminamos grabando mucho vallenato hasta Llegaste tú, la última canción de ese ciclo.

¿Qué la hizo salir de la escena musical entre 2001 y 2008?

Me cansé. Para mí, la música debe ser para compartir, para visibilizar a un pueblo, a su gente. Mi propósito se estaba desviando y me sentía frustrada. Eso me hizo detenerme. Fueron años sanadores que me dieron fuerza para volver con Porro nuevo, un disco que se gestó durante esa pausa.

¿Por qué se desmotivó si la vida le había sonreído tanto?

Me tocó la época en la que las disqueras tenían mucho dinero y todo terminaba siendo muy prefabricado. Te decían cómo vestirte, qué cantar o qué grabar. Mi esencia se perdía y estaba cantando letras que no quería. Además, sentí que le estaba quitando el espacio a la gente que tal vez sí quería estar ahí. Tenía que hacer otra cosa.

Cuando hizo “Porro hecho en Colombia”, ¿siempre pensó en un proyecto multimedia?

Fue como una bola de nieve. Empezó como la idea de hacer un corto, porque siempre que les contaba a mis amigos cómo son las cosas en mi tierra no las podían ver. Para mí el corazón de Porro hecho en Colombia es la película, porque de ahí se derivan el álbum y el DVD en vivo.

¿Cuál es su lugar dentro de la música sabanera?

No quiero sonar pretenciosa, pero quiero ser el puente que comunica dos generaciones. El puente que lleva a la gente a la ciudad y de la ciudad al pueblo. Me gusta lo simple y sueño con ser una artista que hace cosas digeribles para la gente a la que le gusta escuchar cosas complejas.

¿Cómo describiría su voz?

Canto con pasión, como si no hubiera un mañana. Cuando a Edith Piaf le preguntaron qué escenario la había marcado, contestó que todos, cada vez que se abría el telón. Me siento tal cual. Antonio Carmona me dijo alguna vez: “Tienes una voz de arena”, y creo que sí, puede ser de arena.

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