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hace 3 horas

Adriana Santacruz, tejedora desde la raíz

Para su tesis de grado investigó el modo en que los artesanos nariñenses trabajan el telar. Desde entonces hace equipo con ellos para llevar sus telas a la alta costura.

Adriana Santacruz confecciona las  prendas en su taller a las afueras de Pasto. / Archivo particular
Adriana Santacruz confecciona las prendas en su taller a las afueras de Pasto. / Archivo particular

¿Desde cuándo quiso ser diseñadora?

Siempre fui creativa. Me gustaban el canto, la poesía y el teatro, buscaba cosas que me transportaran y me hicieran feliz. Cuando era niña me gustaba mucho disfrazarme y usar los vestidos de fiesta de mi mamá para hacer desfiles y bailes. En vacaciones, en la finca, organizaba presentaciones y les cobraba a los hacendados para que las vieran.

¿Cómo empezó su carrera como profesional?

Pasé mucho tiempo en el campo. Cuando me casé, muy joven, me dediqué a la finca hasta que llegó mi primer hijo. Cuando ya no podía ir a la cosecha y a las siembras, empecé a estudiar diseño. Antes de eso hacía cunas y colchas, hasta que creo que saturé el mercado de Pasto.

¿En qué consistió su investigación de grado?

Fue un estudio sobre las culturas indígenas. Quería saber cómo hacer que sus tejidos se volvieran paños para usarlos en el mundo de la moda. Rescatar técnicas artesanales es aprovechar lo que tenemos, volver al ancestro, regresar, en últimas, al principio de la vida.

¿Por qué es importante rescatar técnicas artesanales?

Es importante porque se trata de moda sostenible. Empecé con tres tejedores que hasta ahora son mi mano derecha y cada vez vamos reuniendo más manos. Hago equipo con ellos, somos una familia.

¿Cómo empezó a trabajar con las comunidades indígenas?

Siempre tuve amigos artistas y veía cómo viajaban a las ferias y a otros países. Sentí que debía hacer lo mismo con lo nuestro, porque conocía las telas y sabía cómo pulir el producto. En esa época la gente con la que trabajo sólo hacía cobijas pesadísimas.

¿Qué ha aprendido de hacer equipo con ellos?

Siempre doy las gracias por tener caritas felices a mi lado. Darle trabajo a la gente que sabe hacer lo que trae en la sangre, que hace su labor con la sabiduría ancestral, es un privilegio. A ellos les debo mi tranquilidad de espíritu y la paz con la que hago mi trabajo.

¿De dónde viene su inspiración?

Es como si fuéramos un medio, como si captáramos la energía de lo que queremos. Cuando voy a mi taller veo el paisaje y creo que todo eso se canaliza y se refleja en el trabajo.

¿Por qué cree que ha sido tan exitosa en el extranjero?

Porque tenemos un concepto propio. Es el tipo de cosas que perdura y va madurando. La gente que me conoce sabe que no compro ni una revista porque trabajo desde lo que tengo. Mis obras parten de mis materias primas.

¿Queda algún lugar donde quisiera exponer sus obra?

Voy a París en noviembre, pero mi sueño es ir a Japón. He vendido muchas prendas a personas de allá. Les gusta mucho mi trabajo y se ven muy bien con mi ropa. Tengo una conexión muy fuerte con Oriente y me apasiona mucho su cultura.

¿En qué está trabajando en este momento?

Hace un mes lancé una colección que fusionó telas industriales con mis tejidos artesanales. Todo esto como iniciativa de mi hijo, para que podamos exportar y seguir creciendo. Ahora estoy haciendo una línea de piezas únicas. Es un proceso muy lento, pero la recompensa es que conquistan.

¿Cuál es la parte más complicada de trabajar en el mundo de la moda?

Lo complicado del mundo de la moda es que es muy rápido. Cuando voy a los sitios a los que soy invitada, me voy feliz y acompañada de lo que hago. Muestro con orgullo mi trabajo, que es, en últimas, la razón de mi felicidad. Si no somos felices, nos morimos.

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