Al rescate de Galán

El periodista samario recrea en su novela ‘Ni un paso atrás’ los últimos días del ex candidato presidencial asesinado en 1989 y pretende reconocer al héroe que luchó por el país.

Enrique Patiño, el dirigente liberal vivió como si hubiera entendido que moriría joven. / Pamela Aristizábal - El Espectador

¿Por qué decidió escribir una novela sobre Luis Carlos Galán?

Porque hemos echado al olvido a los héroes que de frente lucharon por hacer posible otro país. Todos los niños saben hoy quién fue Pablo Escobar, pero su más aguerrido rival, el hombre que se le plantó de frente, Luis Carlos Galán, sigue siendo desconocido para muchos. Y eso que su asesinato ocurrió hace tan solo 25 años.

¿Qué le atrajo de este personaje de la historia?

Su grandeza y como vivió al límite. Lo hizo como si hubiera entendido que moriría joven.

¿Cuál fue el primer paso que dio para escribir ‘Ni un paso atrás’?

Recuperar los textos de los últimos 45 años en los que se mencionaba algo sobre Luis Carlos Galán, desde sus épocas universitarias hasta su magnicidio. Ahí estaba todo, fragmentado, diseminado como un enorme rompecabezas que era hora de armar y de ordenar.

¿Qué fue lo más complicado en el proceso de redacción?

Ya decía Mario Vargas Llosa en La verdad de las mentiras que la ficción completa las limitaciones de la vida real. Eso, precisamente, fue lo más difícil: contar literariamente lo que el periodismo no podía completar.

¿Es una novela para reflexionar, pensar, criticar o censurar?

Es una novela. Lo que ocurra con ella debe provenir del lector. Al escribirla sufrí porque entendí el país que hemos forjado y el que hemos dejado que sea. El espíritu de Galán me movió a reflexionar y a actuar.

¿Usted cree que primero fueron los cuentos y luego las novelas?

Primero fueron los cuentos, después el periodismo y ahora las novelas. Y en medio de todo, la poesía. Sin embargo, la novela es un universo distinto, es crear un mundo nuevo.

¿Cuál es la gran dificultad para poder escribir una historia tan corta como un cuento?

Saber dosificar: decir las cosas en su momento justo para que todo lleve a destino.

¿Por qué los cuentos fascinan tanto?

Los buenos cuentos logran envolver pronto al lector y no permiten que se vaya de nuevo a la cotidianidad. Son como una cobija que cubre de inmediato al que los aborda. Bajo ese calor, es casi imposible resistirse.

¿A qué edad empezó a crear los primeros cuentos?

Cerca de mis dieciocho años, mientras vivía en el exterior, la soledad fue tan grande que comencé a escribir sobre lo que no tenía para sentirme acompañado.

¿Qué temas abordó en esos primeros intentos de escritor?

Giraron alrededor del país que había dejado atrás y del agua que no veía. Nací en Santa Marta y la relación con el mar fue intensa: mis historias eran de pescadores y naufragios, mis poemas iniciales tocaron el tema del agua y su impacto en el ser humano.

¿Se siente como pez en el agua más en la fotografía que con la literatura?

Cada vez que en el periodismo me enfocaba en un tema, pensaban que ese era mi énfasis. La fotografía complementa mis preocupaciones, me emociona. Pero creo que la literatura es el océano en el cual más a gusto me muevo.

¿Cómo apareció la primera imagen para escribir ‘La sed’?

De una fotografía, precisamente. De un hecho real en Sudán que mostraba a una familia migrar de su pueblo porque el agua se les había acabado.

‘La sed’ es una novela que duele, que lastima, nos hace doler el alma, ¿esa fue su intención cuando empezó a escribirla?

Confieso que quise hacerla optimista, pero a medida que la escribía, la historia me fue llevando a las profundidades y sombras del ser humano. A mí me dolió en el alma.

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