Alejandro Riaño, un comediante en serio

La vida del actor y humorista bogotano está en los escenarios. Reconoce que prefiere hacer presentaciones en vivo y que sus principales fuentes de inspiración son Tintín y Charles Chaplin.

Alejandro Riaño comenzó en la comedia a los 13 años. /Jonathan Ramos
Alejandro Riaño comenzó en la comedia a los 13 años. /Jonathan Ramos

Vive en Cajicá. ¿No es difícil trabajando en Bogotá?

Sí, tengo reuniones en Bogotá, pero nunca las pongo a las 7 u 8 de la mañana porque sé que no llego. Para rumbear es diferente, porque a esa hora no hay trancón y me echo 25 minutos a Cajicá. Mi casa es donde se remata. Comencé con una luz de discoteca y ahora está plagado de muchas. Es un pequeño burdelcito (risas) o una whiskería.

Aparte del minibar, en su casa tiene varias colecciones...

Sí, casi toda la casa está decorada con Tintín, porque soy un poco adicto a todo lo que hizo Hergé. Hay libros y muñecos de Tintín gigantes. También tengo cosas Betty Boop y relojes que no funcionan colgados por todas partes, con diferentes horas.

¿Y Chaplin?

Para mí es el genio de la comedia, porque todo lo que logró lo hizo sin hablar y eso lo motiva a uno a hacer muchas cosas más.

Hace comedia desde los 13 años. ¿Cómo empezó?

Comencé en un taller en el que estaban Valderrama, Luis Eduardo Arango, Catalina Palomino y hasta la hermana de Amparo Grisales. Yo era la mascota y creo que el único que pagó el taller. Me acuerdo de que el cheque me lo dio mi abuelita y llegué todo orgulloso a pagar. Fue una experiencia increíble, porque no sólo se volvieron grandes amigos en la comedia sino de la vida.

¿Cuándo decidió tomar en serio la comedia?

Siempre la tomé como un hobby. Estudié teatro y, aunque me llamaron para hacer novelas, me di cuenta de que lo que me gusta hacer son las cosas en vivo. Me da mucha alegría estar en los escenarios. Luego comenzaron a pagar, salió lo de Comediantes de la noche y me di cuenta de que puedo vivir de eso. Este es un país que necesita de la comedia y la busca mucho. En los teatros pagan para reír porque están cansados de lo que pasa en el mundo.

¿Se ha sentido censurado?

Sí, aquí hay mucha censura, sobre todo en televisión. En los teatros soy libre porque la gente va a verme a mí y hay una libertad enorme. En televisión uno no puede meter marcas porque entonces los cortan, ni puede mezclar religión o política porque es malo para el medio, y para uno también, porque la gente se lo toma muy en serio. Hay que saberlo manejar, entender que es un chiste y no prestarle mucha atención.

¿Cómo controla los comentarios fuertes en redes?

Los trolles son muy chistosos. Debo aceptar que hace seis años, cuando comencé a aparecer en televisión, hubo un comentario tenaz que me puso mal una semana, pero uno debe entender que no le cae bien a todo el mundo y simplemente hay que dejar pasar, porque ellos buscan que uno les conteste, pero lo que hago ahora es bloquearlos y ya.

¿Ha tenido problemas para que lo tomen en serio?

Siempre. Normalmente piensan que estoy mamando gallo. Pero soy muy serio con mi trabajo, en las horas de llegada, en el escenario y en todo lo que me apasiona.

Aparte de la comedia, ¿qué más lo apasiona?

El teatro, los papeles serios, el cine, organizar eventos, ayudar a la gente y todo el tema de dar por lo que a uno le han dado, y dar conferencias. Ahora estoy dando una sobre la felicidad cuando se hace lo que a uno le gusta. Me parece muy chévere cambiar a mucha gente a través de una filosofía de vida.

Ahora realiza “Comedia a la carta”, en El Pórtico. ¿En qué consiste la temporada de “stand-up”?

Lo creé con mi hermana, porque los fines de semana en Cajicá la gente que vive allá no quiere viajar a Bogotá y almuerza en la zona o va a vitrinear. Comenzamos con stand-up porque es algo que genera mucho movimiento y queremos llevar teatro infantil y grandes obras que se hacen en la capital para llevar un poco de cultura.

¿Todos los comediantes se presentarán en una noche?

Cada uno tiene su show, así que no van a estar todos al tiempo sino que la gente va a poder escoger sus duplas cada fin de semana, ir a comer al restaurante, ver comedia durante dos horas, pedir traguito y quedarse rumbeando.

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