Ana Belén, la chef de moda en la TV

La conductora del Canal Gourmet y ganadora del Tenedor de Oro 2010 dice que al llegar a Bogotá le costó acostumbrarse al hecho de que el colombiano comparte con otras personas su mismo plato.

Ana Belén Myerston en su restaurante Nolita, ubicado al norte de Bogotá. / Gustavo Torrijos - El Espectador

¿Cómo surgió su pasión por la cocina?

Desde los 13 años sabía lo que quería y empecé a indagar porque para mí no era evidente que se pudiera ser chef o cocinera. Cuando terminé el bachillerato tenía claro que lo que quería debía relacionarse con temas de servicio, de comida, atención y hospitalidad. Afortunadamente donde vivía, en Mérida, había una escuela de hotelería. Entendí que me podía hacer unas bases gerenciales y administrativas y por ahí me metí.

¿Se siente chef o cocinera?

Todos somos cocineros y si en algún momento llegas a gobernar una cocina, te llamas chef, es una palabra francesa que simplemente significa jefe. Hay una devaluación del cargo, de la palabra y el oficio, aunque yo sea la chef, me gusta decir que soy cocinera, así me siento y me encanta serlo, no me ofende que me digan así.

¿Qué tanta influencia tiene Europa en sus creaciones?

La tendencia culinaria que más me gusta por sus productos y sus maneras de cocinar es la cocina mediterránea y al ser mi mamá tan fuerte en mi vida, marcó una tendencia. También cuando estudié, tuve la posibilidad de hacer la práctica en el Hotel Hilton de Bruselas. Europa me encanta.

¿Por qué su tendencia no es la venezolana?

Porque en mi casa no se comió así, ahí entramos al tema de las raíces, esa no es mi memoria gustativa, pero me gusta, la valoro y la respeto. Además, creo mucho en la salud y la comida latinoamericana es pesada y poco balanceada.

Es fundadora de Venezuela Gastronómica, ¿cómo nace el movimiento?

Nació como iniciativa interna de un grupo de amigos cocineros, hacíamos muchos eventos benéficos por amor al arte, por placer y nos fuimos dando cuenta que lográbamos cosas muy chéveres. Nos dimos cuenta de que tenía mucho sentido sumar esfuerzos para sonar no a título personal sino como país.

¿Cuál es el mayor aporte del movimiento a su país?

La experiencia ha sido fabulosa, para el país ha sido un aporte positivo al margen de la política. Si logramos acá en Colombia una iniciativa así, sería algo muy chévere. Hay que madurar un poco, pero Colombia está en un buen momento para empezar a construir otras cosas en colectivo.

¿Por qué decidió radicarse en Bogotá?

Somos un grupo de socios llamado Mokambo, que tiene cinco restaurantes en Venezuela, y queríamos abrir frontera en otro lado. Nos gustaba el tipo de restaurantes que había en Bogotá, el montaje y cómo se comía. Es un mercado atractivo y competitivo.

¿Qué fue lo más difícil de llegar a esta cultura?

Entender al colombiano. Cuando uno abre un restaurante, siempre hay un proceso de adaptación para entender a cada público. Antes me volvía loca con el hecho de que la gente compartiera un plato con los demás.

¿Por qué le disgustaba?

No lo entendía como cocinera, porque cada plato estaba hecho para que cada persona tuviera momentos diferentes desde el primer bocado hasta el último, y al mezclarlo se hacía una combinación de alimentos que no era precisamente lo que había diseñado.

¿Cómo pudo superar el hecho de que los colombianos compartieran su comida?

Modificamos bastante el menú de manera que ahora hay muchos platos compartibles que le permiten al cliente generar con éxito y mucho placer esa dinámica. Me gustó tanto que en Caracas lo asumí para uno de los restaurantes.

Un ingrediente que no puede faltar.

La sal y el eneldo fresco, me gusta usarlo de diferentes formas.

¿Qué plato no ha podido realizar?

De la cocina venezolana hay muchas cosas que no he logrado hacer de la mejor forma, por ejemplo la olleta de gallo (una sopa espesa con varias carnes y verduras).

Un plato de Colombia.

Las arepas son mis favoritas, el patacón, me encanta como lo hacen; las empanadas callejeras, el ajiaco y la changua.

Cuando no está cocinando ¿a qué se dedica?

Tengo dos niños que me ocupan el tiempo libre. Me gustan los parques bogotanos, caminar la ciudad e ir a los mercados.

¿Qué la relaja?

Las plantas. Por mí, tendría un vivero.

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