Ana María Sanchez, de nuevo en la comedia

Desde muy joven esta paisa llegó a Bogotá para estudiar actuación. Cree que lo que caracteriza a los actores colombianos es su talento, pero lo que les hace falta es disciplina.

Ana María Sánchez comenzó en la actuación a los 16 años. / Mauricio Alvarado
Ana María Sánchez comenzó en la actuación a los 16 años. / Mauricio Alvarado

¿En qué momento llegó a Bogotá?

Llegué a los 18 años, llegué del grupo Matacandelas de Medellín, vivía con un tío y era muy complicado porque obviamente vivía muy lejos de la escuela donde estaba y estar lejos de la familia fue muy difícil al comienzo porque la escuela era maravillosa, era difícil pero feliz, creo que era la época más hermosa de mi vida.

¿Qué la motivó a dedicarse a la actuación?

Mis padres me ayudaron a estudiar en Bogotá. Creo que lo motivan a uno las pasiones de la vida. Sabía que quería ser actriz por encima de cualquier cosa y peleé eso.

¿Cómo llegó al Matacandelas?

Entré a los 16 años. Vi una obra de teatro de ellos, fui a donde estaban, les dije que quería pertenecer a ese grupo y me metieron. Trabajé cuatro años, hasta que supe que necesitaba estudiar, no me podía quedar empírica.

¿Hay un gran cambio del teatro que hacía en Medellín al que llega a hacer en Bogotá?

Claro, en esa época trabajamos un teatro muy político, para abrir la conciencia social y una cosa de todas formas muy empírica, con las uñas, la emoción y el entusiasmo. Pero nos faltaban muchos recursos actorales, sobre todo preparación, voz, cuerpo y el entender cómo es bien la actuación, nos faltaba todo ese trabajo.

¿Cuándo entró a la televisión?

Entré cuando estaba terminando la escuela, porque mientras estudiábamos no podíamos trabajar y respeté eso. Entonces busqué trabajo cuando terminé la carrera, ya en quinto año me vieron en montajes de la escuela y me llamaron a hacer Fronteras del regreso, un personaje precioso, y digamos que entré por la puerta grande.

¿En qué se puede comparar el teatro con la televisión?

La actuación creo que siempre es la misma, la cuestión es que el volumen cambia. Se sube en teatro se baja en televisión y se baja mucho más en cine, pero la actuación siempre es la misma, lo importante es que sea siempre de verdad, que construyas, que trates de crear algo interesante para el espectador, pero la televisión es solo un tema de volumen.

¿Cuál ha sido la etapa más fuerte que ha atravesado en esta carrera?

Es quizás estar en un país que valora muy poco nuestro oficio, donde nos toca hacer fila todo el tiempo porque las oportunidades no son muchas, Pero en medio de todo me siento muy afortunada. No me quejo porque me parece que no le ayuda a nadie. Nos tocan condiciones muy difíciles a todos los artistas de este país, llámense músicos, bailarines, actores o pintores. Mi padre dice que entre más bravo el toro, mejor es la corrida y eso lo hace delicioso.

¿A qué se reta como actriz?

A contar historias de seres humanos, a tratar de ser cada vez un ser humano distinto. Meterse en la piel de otro siempre será un reto y me encanta, porque no es tan sencillo.

¿Por qué Medea es un personaje favorito?

Me encanta porque es un personaje que habla de la condición de la mujer, de la venganza y del amor. Puede ser una historia contemporánea, las mujeres siguen pasando por los vejámenes que paso ella, que fue una mujer desterrada porque su chico se casa con otra chica y decide desterrarla con sus hijos porque estorbaba, entonces por venganza mata a sus hijos. Ella es un mundo y un volcán de emociones para cualquier actriz.

¿Qué tipo de personajes prefiere?

Amo todo lo que me toque, me encanta la comedia y el drama. Los malos son muy interesantes porque casi siempre tienen mayores contrastes, me gustan mucho los malos, pero me encanta cualquier personaje que me llegue porque siento que es una bendición, entonces cada cosa que agarro la trato de hacer con todo el amor del mundo.

¿Qué tan difícil fue encarnar un transgénero?

Me costó mucho. Corporalmente era una mezcla difícil, porque cuando a uno le dicen travesti o gay, tiende a meterse por el macho, pero creo que estaba muy bien dirigida y fue una cosa muy interesante.

¿Qué otro papel le ha costado trabajo?

En general todos traen retos, pero ahora hice un mediometraje que se llama Volver. Es un trabajo muy profundo de una mujer que vuelve de la guerra a su casa. Es un personaje con muchos colores, por lo que me costó bastante darle el tono y creo que quedó una cosa muy linda.

¿Cómo llegó a “Toc Toc”?

Me llamaron y me gustó mucho, porque la comedia es demasiado divertida y yo venía de hacer Camargo, que es una obra densa sobre un asesinato. Quería hacer algo un poco más suave y me cayó como anillo al dedo porque me fascina ver un teatro lleno de carcajadas, una buena comedia sin chistes ramplones, bobadas, ni groserías.

¿Quién es María, su personaje?

Es la rezandera de Toc Toc, tiene dos toc, uno religioso y es que cuando escucha una grosería se santigua sin parar, y otro que es de verificación, que es que tiene siempre la preocupación de que dejó alguna llave abierta en su casa.

¿Tiene usted algún toc?

Debería tener alguno a ver si me ajuicio. Soy muy desordenada, pero eso no es un toc.

Qué otra cosa está haciendo?

Estoy dictando clases. Doy unos talleres en mi case de técnica actoral y por lo pronto me preparo para dictar clase en la Javeriana. Ojalá el próximo año pueda hacer más cine y teatro y viajar con Camargo, y andamos en eso.

¿Qué es lo más satisfactorio de enseñar?

Ver que los alumnos aprenden, sentir que llegan con una cantidad de problemas y salen entendiendo muchas cosas de esto.

¿Qué cree que resalta del actor colombiano?

El talento. Tenemos actores maravillosos, actores muy buenos.

¿Y su falencia?

A veces somos un poco indisciplinados, relajados. No quiero decir que todos sean así, pero sí me parece que falta más compromiso con la disciplina.

 

 

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