“Antes de innovar necesitamos construir conocimiento”: Elena Stanshenko

La científica, que fue considerada por la revista “Analytical Scientist” como una de las mujeres más influyentes en las ciencias en 2016, considera que se requieren mejores políticas públicas y profesionales comprometidos con aportar al país.

Elena Stanshenko es docente e investigadora en la Universidad Industrial de Santander.  / Óscar Pérez
Elena Stanshenko es docente e investigadora en la Universidad Industrial de Santander. / Óscar Pérez

¿Cuál fue su experiencia en la URRS?

En ese momento la prioridad era la educación y se invertía mucho en eso. Para nosotros, en los 70, el valor de una persona estaba relacionado con el saber y no con tener cosas. Mi mamá era química y mi papá era físico, así que desde la familia existía esa presión por estudiar ciencias básicas.

¿Por qué se inclinó por la química?

Tal vez mi mamá tenía mucho más poder en mi casa (risas). Aunque desde niña iba al instituto de criminalística en el que trabajaba mi papá, él me aconsejó que siguiera el consejo de mi mamá y estudiara química, porque la física forense lo obligaba a estar en contacto con lo más oscuro del ser humano. Estudié química, aunque amaba la filosofía y la veterinaria.

¿Colombia estaba en sus planes en ese momento?

A finales de los 70, a ese lado del planeta, no teníamos mucho conocimiento de Colombia. Eso empezó a cambiar gracias a García Márquez y al boom de la literatura latinoamericana. El realismo mágico sacudió nuestra sociedad que era muy gris y programada. Él trajo una entropía que nos cautivó.

¿Cómo terminó llegando al país?

Vine en 1982 porque me casé con un colombiano. Muchos colombianos estudiaban en la Unión Soviética. Durante esa época muchas mujeres rusas llegaron a Latinoamérica enamoradas. La vida después se encarga de hacer cambios y correcciones, pero esa fue la razón de mi primera visita.

¿Qué vino después de esa primera visita?

Regresé a Moscú para hacer mi doctorado y volví a Colombia para crear un centro de investigación con colegas y estudiantes. Quería quedarme aquí, pero el cambio fue muy duro. En la Unión Soviética la investigación era fuerte; apenas entraban a la universidad, los estudiantes tenían que trabajar en un laboratorio y aquí eso ocurría únicamente al final de la carrera.

¿Cuándo cambió esa situación?

A finales de los 80 llegó gente con doctorados y ganas de seguir haciendo investigación. Fue cuestión de esperar. Recuerdo que al principio hasta publicar era complicado porque los editores de las revistas internacionales no creían que en Colombia existieran equipos para hacer las investigaciones que hacíamos. Tuvimos que tener mucha paciencia.

¿Cómo costeaban sus investigaciones?

Creamos cursos de capacitación y servicios para la industria. Eso nos empezó a abrir puertas porque las empresas privadas empezaron a creer en las universidades y en la investigación que en ellas se realiza. La confianza se crea con trabajo y con buenos resultados.

¿Qué tan complicado es conseguir financiación para ciencia en el país?

A pesar del apoyo del sector privado, la financiación es un problema tremendo que cada vez nos preocupa más. En poco tiempo han cambiado cinco o seis veces los directores de Colciencias. Cada uno llega con un programa diferente, por lo que no hay políticas públicas claras y significativas para la ciencia y su desarrollo, lo que hace que nuestro trabajo sea mucho más difícil.

¿Cuál es su preocupación más grande frente a la ciencia en el país?

Últimamente se habla mucho de fomentar la innovación, pero para que podamos hacerlo nos falta construir conocimiento. Hay una gran disminución en los fondos para la investigación y es como si quisieran ver resultados de algo en lo que aún no hemos invertido.

¿Qué mejoraría las políticas públicas para la ciencia?

Lo digo con mucho respeto por las personas encargadas de tomar decisiones, pero, en la mayoría de los casos, quienes tienen la tarea de desarrollar políticas públicas jamás han hecho ciencia. Algunos son abogados, otros economistas o administradores y creo que también necesita personas que sepan de ciencia para tomar esas decisiones.

¿Cómo ve la calidad de los posgrados en Colombia?

Han mejorado muchísimo, pero sigue sucediendo que un estudiante que hace su doctorado aquí no se exige tanto como lo haría por fuera. Seguimos saliendo con cuentos macondianos para evadir responsabilidades. Creo que son dificultades iniciales que poco a poco se van a ir perfeccionando. Hay muy buenos doctores formados en Colombia, pero sigue siendo un proceso lento.

¿A qué se enfrentan quienes hacen posgrados en el exterior al regresar?

Muchos se frustran porque no pueden seguir el mismo ritmo de investigación que tenían por fuera. El problema es que esperan que la universidad les dé todo, cuando son ellos quienes tienen que darles a la universidad y al país. Cambiar ese chip es muy difícil porque implica darse cuenta de que el doctorado inicia después de que se han graduado.