Apasionado por los testimonios del pasado

“¿De quién es el patrimonio?” es el coloquio internacional que se realizará hoy en el Museo Nacional con motivo de la exposición ‘El silencio de los ídolos’, inspirada en las estatuas de San Agustín. Alba es uno de los ponentes.

Vivir en una región impregnada de mitos, leyendas y obras de arte prehispánicas incentivó en Wálter Alba su interés por la arqueología. / Luis Ángel

¿De quién es el patrimonio?

Es una herencia, y toda herencia es de quienes la hemos recibido y tenemos la obligación de transmitirla a las futuras generaciones.

¿Cómo se debe manejar la relación entre el patrimonio y el desarrollo económico y turístico?

Debe existir una relación armónica entre estas tres alternativas. Como arqueólogo, pienso que para el patrimonio prehispánico tiene que haber una suerte de “arqueología social”.

¿En qué radica la importancia del patrimonio de una nación?

Son bienes heredados, documentos históricos que permiten reconstruir el pasado y que pueden convertirse en una gran alternativa para sustentar la identidad de una nación y generar desarrollo.

Uno de sus más importantes hallazgos fue la tumba del Señor de Sipán. ¿Cómo marcó este descubrimiento la historia de la arqueología peruana?

Sipán tuvo un gran impacto en los campos académicos porque cambió el entendimiento sobre una cultura casi desconocida y reactivó el interés en la investigación.

Como director del Museo de Sipán, ¿cuál cree que es el compromiso y la función de los museos?

Los museos están obligados a conservar, exhibir y difundir, pero, esencialmente, a educar, fomentando el conocimiento del pasado de un pueblo para sustentar su identidad, rescatar la autoestima de la población nativa y, finalmente, generar desarrollo.

¿En qué sentido debe ser la arqueología algo más que el estudio de un pueblo muerto e involucrar a la sociedad actual?

No existen pueblos muertos. Existen un pasado, una herencia y una continuidad histórica. Los arqueólogos tenemos la obligación de investigar para reconstruir la historia original y fomentar la identidad nacional.

¿Cuál es su percepción respecto a la iniciativa del Icanh y el Museo Nacional de Colombia en relación a la exposición ‘El silencio de los ídolos’?

Creo que ha sido una excelente iniciativa de una exposición destinada a presentar en la capital uno de los tesoros culturales más importantes de Colombia: las estatuas de San Agustín.

¿Qué piensa de la oposición por parte de la comunidad al traslado de las estatuas de San Agustín?

La reacción de la comunidad local es también explicable y valiosa. Que se hayan tomado como propia esta herencia es mejor a lo que hubo en el pasado: una absoluta indiferencia y una permisividad frente a su destrucción.

¿Cómo lograr que la sociedad aprecie la cultura material de sociedades ancestrales?

Esta es la gran tarea de los museos, los cuales deben fomentar y transmitir ese sentimiento a través de exposiciones impactantes, dinámicas y amenas y sus programas educativos. Felizmente, en Colombia existen buenas experiencias museográficas. Y la otra cara es luchar contra la destrucción y la indiferencia.

¿De dónde surgió su interés por la arqueología?

Tuve una evocación muy temprana, casi desde niño, al vivir en una región donde todo está impregnado de mitos, leyendas, monumentos y maravillosas obras de arte prehispánico. Respiré los testimonios del pasado y su misterio, y surgió en mí una pasión.

¿Cuáles han sido sus logros como arqueólogo?

Salvar un tesoro cultural del Perú y desarrollar una gestión para construir un museo que hoy es un ícono cultural y turístico. Sin embargo, falta camino por recorrer.

¿Cuáles han sido sus más grandes retos como director y fundador de importantes museos?

Salvar del saqueo y la destrucción una magnífica herencia, propiciar su conservación y tomar la decisión de desarrollar gestiones para construir un gran museo en una época difícil, con incomprensiones, dificultades y los pocos recursos que brindan nuestros países a la cultura. 

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