‘Aún dudan de la calidad de los productos colombianos’

Tuvo su primer contacto con los negocios a los nueve años, cuando hacía figuras con latas de cerveza y las vendía en El Campín. Hoy su empresa tiene reconocimiento en Colombia y Latinoamérica.

Mario Hernández es un apasionado de la buena comida y considera que  ésta “sirve como termómetro para conocer la condición de las personas”. / Archivo - El Espectador
Mario Hernández es un apasionado de la buena comida y considera que ésta “sirve como termómetro para conocer la condición de las personas”. / Archivo - El Espectador

¿Cuál fue su primer contacto con el campo comercial?

Fue como a los 8 o 9 años. Hacía juguetes con latas de cerveza y los vendía. Hacía ringletes y se los daba a mis hermanos para que los vendieran en El Campín. Los vendía como a dos centavos, en esa época.

¿Cómo llegó a la marroquinería?

Un amigo había montado un almacén de solo artículos de cuero. Estaba enfermo y quería irse de Bogotá, me lo ofreció, lo compré y me gustó el negocio. Luego montamos la fábrica, pues no encontrábamos un producto de calidad que marcara la diferencia, con diseño, con identidad.

De los países latinoamericanos en los que se encuentra M.H., ¿en cuál tiene mayor éxito comercial?

En Venezuela somos líderes. En México tenemos una fuerte competencia, sin embargo, seguimos en el intento de posicionarnos como líderes. Lo que sucede es que la gente aún no cree que en Colombia se hagan cosas de calidad. Sólo si ven Made in Italy confían, pero estamos en ese proceso.

¿Cuántos operarios tiene hoy Mario Hernández y cuántas piezas elaboran al mes? 

Tenemos a 500 personas que trabajan en la organización y elaboramos entre diez y doce mil piezas al mes.

¿Cuáles productos se elaboran en Colombia y cuáles en el exterior?

Todo lo que es cuero (bolsos, billeteras, cinturones...). Aquello que es muy artesanal, con cueros importados de Italia, Argentina y Brasil, se realiza en la fábrica de Bogotá y con unos operarios que nos toca prepararlos porque esa mano de obra de calidad no la encontramos acá.

¿Qué les falta a los operarios colombianos?

Les falta lo que tienen los italianos, ese gusto por las cosas buenas, desarrollar más la parte artesanal. Un operario italiano vive para vestirse y comer bien. Mientras que un operario nuestro escasamente puede comer, no tiene la sensibilidad y el gusto, hay que desarrollárselo, capacitarlo.

¿Qué porcentaje de materias primas colombianas emplea en sus productos? 

Desafortunadamente las materias primas nuestras las exportan en azul y en crudo, entonces no hay mucha materia prima. Lástima que no tengamos acceso a ellas. Para poder competir tenemos que traer cueros de otras partes: Brasil, Italia y Argentina. Por ejemplo, en Colombia no se consiguen herrajes, por lo tanto está la necesidad de acudir a otros países para obtener la materia prima.

¿Qué ventajas y desventajas tiene trabajar como franquicia? 

Somos poco amigos de las franquicias. Nosotros hacemos la producción y para la distribución tenemos alianzas y negocios con algunas franquicias, pero en su mayoría las tiendas son nuestras. 

¿De cuánto fue la producción de 2012? 

Hemos crecido los últimos cuatro años en un 20%. 

¿Qué pasó con la ‘pirateada’ que les hicieron en China vendida en Rusia? 

Eso me parece buenísimo que suceda. Significa que la marca es buena, que gusta. Evidentemente pusimos abogados y se paró la venta de esos productos, pero es un buen síntoma.  

¿Cómo le ha ido a la marca en Rusia ? 

El primer almacén debe estar en tres años. Ahí estamos haciendo las pruebas, no nos conocen. Es como la vida, naces, te enseñan a hablar, a caminar y, poco a poco te vas desarrollando.  Estamos haciendo la tarea.

¿Cuál es la importancia de la comida en su vida? 

Es un factor muy importante. Uno disfruta mucho comiendo, lo que no se puede hacer es ser glotón, porque te enfermas. Para mí la mejor comida es la china.

¿Por qué dice que la comida sirve como termómetro para conocer la condición de las personas?

La comida habla mucho de una persona: de su salud, de sus costumbres y gustos, hasta de su forma de pensar y sentir. Somos lo que comemos. 

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