Balsa de fuego, una novela de ficción basada en la realidad

La música es el eje central de los libros escritos por Juan Carlos Garay. Esta vez presenta la historia de Sebastián, un artista que vive el resurgimiento de la música tradicional colombiana.

Juan Carlos Garay lleva 20 años dedicado al periodismo musical. / Mauricio Alvarado - El Espectador
Juan Carlos Garay lleva 20 años dedicado al periodismo musical. / Mauricio Alvarado - El Espectador

En su libro combina la ficción con la realidad. ¿Cómo los diferencia?

Balsa de fuego es en esencia una obra de ficción. Lo que pasa es que el contexto es real, pero los personajes no. Para mí fue un experimento poner personajes imaginarios en un contexto que me ha tocado vivir como periodista musical, durante 20 años, la evolución de un momento en el que descubrimos la riqueza de nuestro folclor y el verdadero rol de artistas como los Gaiteros de San Jacinto y Totó la Momposina como inspiradores de una nueva música. Ese contexto es real, pero tengo claro que este libro no va a ser de referencia de la música en Colombia, porque no es eso.

Algunos personajes son reales. ¿Habló con ellos antes de incluirlos?

No. Los conozco y los considero mis amigos, entonces me di la licencia de imaginar cómo habrían hablado. El único personaje real que participó fue el poeta Nicolás Suescún. Incluí uno de sus poemas en el libro y en el momento en que cobró la suficiente importancia, decidí hablar con él. Lo busqué, fue muy amable. Me recibió en su casa y le conté que su poema había sido musicalizado como heavy metal y estaba generando polémica, entonces le dio mucha risa. Es un poema que está generando mucha polémica en el país, le pedí que emitiera un comunicado a la opinión pública, que aparece en la novela y que me lo dictó él, en la mesa de la cocina de su casa. Esa es la parte real y estoy muy agradecido con el poeta.

¿Por qué escogió ese poema, “Las cosas que he ido escondiendo”?

Recuerdo que lo leí hace mucho y tiene unas imágenes muy fuertes. La primera vez que lo hice pensé que podría ser una canción de metal, me alcancé a imaginar no la música pero sí la canción, y después, cuando comencé a escribir la novela y pensé que de que debía comenzar en la Media Torta con una banda, me pareció que el poema de Suescún era perfecto.

¿Cómo creó los personajes?

Antes de comenzar a escribir tenía una idea. Sebastián tenía que ser un muchacho con mucho impulso y energía, porque necesitaba que al regreso de su viaje por el mundo cambiara el rumbo de la música colombiana, por lo menos para su generación, entonces tenía que tener muchas cualidades como ser muy buen músico, ser pilo, muy creativo, pero también pragmático porque encarnaría el espíritu de lo independiente. Luego, ya durante la escritura me llevé sorpresas, en la medida en que el personaje esté bien pensado y le imponga situaciones, casi reacciona solo a las dificultades.

¿Y en el caso del otro personaje, el periodista?

Quería mezclar la primera persona con la tercera, esa era mi meta. Entonces hubo un momento en que el narrador cobró vida y se metió dentro de la historia y resulta que deja de ser un narrador omnisciente y se vuelve un partícipe. De hecho, en un momento le dice a Sebastián que quisiera escribir un libro sobre ellos que se llamaría Balsa de fuego. Es un juego y eso me gusta.

¿Por qué incluir toda la cultura hindú en la historia?

Fue el pretexto perfecto para leer todos esos libros que siempre quise leer: el Ramayana y todos los relacionados con las epopeyas y los vedas, incluso los cómics sobre Krishna. Cuando escribo es cuando más leo, porque necesito influencias, absorber y, en este caso , conocer el espíritu del hinduismo que está en todo el libro. Siempre me han gustado las religiones, es decir, no me caso con una religión pero me encantan como fenómeno humano y, si se quiere, divino. Me encanta el fenómeno de las religiones y por eso en la novela anterior, en “La canción en la luna” está el budismo zen. Aunque no se decía, estaba ahí todo el tiempo, y en esta novela quise explorar el hinduismo.

¿Qué ocurre con los personajes femeninos?

Esa es una parte que para mí siempre ha sido compleja porque es casi como desdoblarse para crear un personaje femenino. Uno puede caer en el error de pintar a la mujer no como es sino como uno quisiera que fuera. De todas formas tengo muchas amigas y me gusta mucho conversar con mujeres y me llama la atención su aproximación al mundo. En el libro hay muchas conversaciones que he tenido con amigas que, sin saberlo, me estaban aportando a la construcción de personajes femeninos.

¿Qué papel cumple el clima en la historia?

Quería narrar la naturaleza, o sea, que fuera como un personaje. En la primera parte vienen los vientos; en la segunda llegan la sequía y el calor extremo, y en la última el invierno, un poco exagerado para que tuviera el significado del Ramayana cuando narran todas esas grandes epopeyas y el pensamiento de que el viento surge cuando un dios es sacrificado y de su último aliento provienen todos los vientos del universo. El clima tiene ciclos y nosotros no nos hemos preparado para las sequías y las inundaciones y se vuelve a ver en las noticias que un pueblo se inundó por la crecida de un río o que el agua se llevo no sé cuántas casas, y todo eso es cíclico.

¿Siente que hay una evolución desde su primera novela?

No son una trilogía, salvo que las tres tienen la música como eje, pero hay diferencias. La primera novela son personajes ficticios que escuchan discos reales, en un homenaje al acetato. La segunda es más un homenaje a la canción, que alguien compuso y que puede ser reinterpretada por muchos otros cantantes, y este último libro es un homenaje a la música como profesión.

¿Influyó en algo el nacimiento de sus hijos?

Quizás hay algo de eso en la relación padre e hijo que hay en la novela. Cuando comencé a escribirla no era papá y me sentía más identificado con el hijo. Cuando la terminé ya había nacido mi hijo y me sentí más identificado con el padre, y eso es algo que solamente te la da la vida, y la paternidad en este caso.

¿Tuvo que volver a los lugares que describe en la novela?

Recurro mucho a mi memoria sin importarme si es inexacta, porque lo que estoy haciendo es ficción. Lo único que quería saber exactamente era cuántas escaleras había para subir a Empanadas Dominó. No pude ir hasta allá porque vivía muy al norte, pero le pedí un amigo que fuera y los contara. La novela no tiene fechas y eso es adrede porque no quería comprometerme con el tiempo.

 

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