Bogotá, ciudad de cuentos y cuenteros

Este joven es uno de los organizadores de Ágora, el festival de narración oral que termina el domingo y tiene a Bogotá como tema. Considera que escuchar las historias de los otros es fundamental para que haya reconciliación.

Juan Carlos Grisales estará el 9 de septiembre en el teatro Jorge Eliecer Gaitán. / Óscar Pérez - El Espectador

¿Cómo surge el Festival Ágora?

La idea era crear un encuentro internacional de contadores de historias. Bogotá es un nicho de narradores orales y queremos ofrecer un espacio para que el público, en escenarios de muy buen nivel, como el Jorge Eliecer Gaitán y el teatro Hilos Mágicos, pueda disfrutar con tranquilidad la propuesta estética de cada cuentero.

¿Por qué es tan fuerte la cuentería en la ciudad?

Desde los años ochenta la imagen de los líderes políticos se desdibujó mucho y los narradores orales empezaron a tomar fuerza en las universidades. Es un movimiento que sigue en proceso de construirse. Además, Bogotá es el punto en el que se reúnen las historias de Colombia. Aquí viene cada persona con su historia y, sobre todo, hay apertura para escuchar y comprender al otro.

¿Qué tipo de historias inspira Bogotá?

En el festival hay cuenteros que relatan la ciudad de distintas maneras. Nelly Pardo trabaja la ciudad vieja desde una perspectiva histórica. Gonzalo Valderrama habla sobre la ciudad vivida en la juventud, la ciudad del vértigo citadino diario. En mi caso, hablo sobre los personajes de la ciudad. Hay enfoques diferentes pero todos tienen la particularidad de que Bogotá está presente.

¿Por qué es importante rescatar la narración oral?

Las historias que escuchamos nos marcan. Cuando escuchamos un cuentero vivimos una emulación del primer lazo que tuvimos con nuestro padre, nuestra madre o la persona que nos contó historias cuando llegamos al mundo. Esas narraciones le dan forma a nuestro modo de ver la vida. Por eso es importante ser precavidos con lo que les contamos a los niños; el relato contiene un montón de cosas que asumimos como ciertas y que les estamos transmitiendo.

¿Cómo se forma un cuentero?

No existe una profesión de cuentero pero los narradores cumplimos la función social de contar la historia y, en ese sentido, nuestra formación viene de todas partes. Los cuentos que una persona narra son las historias que tiene dentro, cuando contamos una historia decimos quienes somos.

¿Por qué dirigen el festival a las familias?

Aunque hay narradores que tienen un matiz un poco más adulto, en general pueden ser escuchados por cualquiera. Si nos dedicamos únicamente al público adulto estamos dejando afuera lo que viene. Los que van a contar las historias de aquí en adelante son los niños y venir a este tipo espectáculos hace que se den cuenta de que hay otras formas de expresarse.

La plaza pública se está volviendo virtual ¿El futuro de la cuentería está en internet?

La narración oral siempre va a permanecer y requiere el contacto entre dos personas. Una historia es encantadora cuando podemos escucharla de viva voz. Como narradores orales, nos podemos alimentar del auge de lo digital pero nuestro lugar debe seguir siendo los parques, las universidades, los cafés y los teatros porque el público nos quiere allí.

Por qué es importante escuchar lo que otros tienen que contar?

Cuando queremos resolver una rencilla, debemos escucharnos. Si no, el cuento no ocurre y los personajes no viven. La conciliación del sueño mediante los cuentos es la conciliación entre alguien que narra y otro que escucha. Eso pasa en el país cuando queremos escuchar lo que las personas que nos defraudaron mientras hay un grupo que quiere vendernos el cuento de que no debemos escuchar.

¿Cómo se imagina el país de aquí a unos años?

Me imagino un país en el que los narradores de historias tienen un lugar en cada espacio educativo. Los artistas tenemos un compromiso muy importante porque debemos contar historias que renueven al mundo, que ayuden a hacerlo un lugar mejor.

 

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Pedro Mar, de Colombia para el mundo