“Bombardero”, al aire

Iván René Valenciano comenzó en el baloncesto, pero su destino era ser uno de los goleadores de la selección colombiana de fútbol. Ahora es comentarista.

Valenciano debutó como futbolista en  el Júnior de Barranquilla, en 1988. / Óscar Pérez
Valenciano debutó como futbolista en el Júnior de Barranquilla, en 1988. / Óscar Pérez

¿Cómo comenzó su gusto por el fútbol?

Viene de familia. Mi papá fue futbolista profesional y arranqué viéndolo a él, cuando jugaba en Millonarios. A mí no me gustaba como tal. Cuando empecé a crecer, al frente de mi casa había una cancha de baloncesto y me empecé a inclinar por el baloncesto. Además, mi mamá nunca quiso que jugara fútbol. Ella convivía con mi papá y sabía cómo era la vida de un jugador en ese entonces.

¿Cuándo empezó a jugar fútbol?

Estudiaba en un colegio militar. Algunos compañeros me habían visto jugar y un profesor me dijo que por qué no me metía a la selección del colegio para jugar los Intercolegiados. Él me dijo que mi mamá no se iba a enterar. Ganamos el campeonato y terminé siendo goleador.

¿Qué le dijo su mamá?

Al día siguiente fui al colegio y cuando regresé mi mamá me estaba esperando con el periódico en la mano. Había salido en primera plana con un trofeo. Ella me dijo entra, con la correa en la mano. Esa fue mi primera limpia por jugar fútbol.

¿Lo vuelven a castigar por jugar?

Le lastimé la mano a un muchacho que estaba de arquero. La mamá de él le fue a dar la queja a la mía. De ahí me incliné mucho más por el baloncesto, porque el entrenador le explicó a mi mamá que podía ganar becas a través de ese deporte.

¿En qué momento se volvió a encontrar con el fútbol?

Estaba perdiendo siete materias cuando me convocaron a la selección Colombia de baloncesto. Mi papá me dijo que no por las materias. Hubo un inconveniente con un muchacho de la selección de fútbol y a los 20 días de ser convocado al equipo de baloncesto, mi papá me dio $200 mil para irme a Medellín con la selección de Colombia de fútbol.

¿El apoyo de su papá cambió las cosas?

Cambió mi panorama. Mi papá empezó a ver en ese deporte una oportunidad de vida para él y para nosotros. Se tomó una determinación de la que no me arrepiento, pero, en ese momento, no tenía el poder de decidir.

¿Sigue interesado en el baloncesto?

Lo sigo mucho desde Michael Jordan hasta LeBron James. El baloncesto tiene otra dinámica. Conozco sus movimientos, sus tácticas y me gusta porque en él el jugador tiene más oportunidades de brillar individualmente, mientas en el fútbol difícilmente vas a poder gambetearte a los once jugadores.

¿Cómo fue su debut con el Júnior?

Un día me concentraron y me dijeron que nos íbamos a jugar a Bogotá. Le pedí prestados los zapatos a mi papá y fui sin pensar que me iban a poner a jugar. El equipo ya estaba clasificado al octagonal, era un partido de trámite con Santa Fe. Entré y la primera pelota fue gol.

¿Qué recuerdo tiene de ese primer partido?

Cuando el Zurdo López me dijo que calentara no me lo creía, es más, cuando regresamos el bus del Júnior me dejaba en la puerta de mi casa, pero me bajé a dos cuadras para ver si me reconocían. Pero no, la gente ni bolas me paró.

Después se fue a Europa…

El Júnior me vendió al Atalanta en el segundo semestre del 92. Fue complicado porque no quería quedarme en Italia, no estaba preparado para eso. Una noche Paolo Montero, que ya jugaba allá, me hizo cambiar de opinión. Firmé contrato, regresé a Barranquilla y nos fuimos a los Olímpicos de Barcelona. De allí salí para Italia en un avión privado. En Milán me llevaron en helicóptero al sitio donde el club estaba haciendo la pretemporada.

¿Por qué regresó al Júnior?

Llegó una oferta para ir a España, pero me llamó Julio Comesaña y me dijo que me querían de vuelta. Terminé la temporada y regresé. No jugué la Copa América de Ecuador porque apenas estaba haciendo la pretemporada con el Júnior. Hicimos una campaña extraordinaria. Eran llaves parejas. Ganamos y el mérito fue doble por la nómina tan buena de los otros equipos.

¿A qué se debió el bajo rendimiento to en el Mundial de EE. UU.?

A veces tienes una nómina base, pero los mundiales se juegan totalmente diferente a como se juega una eliminatoria. En ocasiones, los jugadores no llegan a un mundial en su mejor nivel. La tarea del entrenador es decidir quién está bien y quién está mal, y eso no se hizo. Cuando ya quisimos reaccionar, en el partido contra Suiza, era demasiado tarde.

¿Cómo llegó a ser comentarista?

Conocí al doctor Gerardo Barreto en una borrachera en la que no sabía si iba o venía. Cuando dejé de tomar, hace dos años, me invitó a un programa en un restaurante. Comenzamos a hablar de fútbol y me invitó otra vez. Fui al día siguiente y seguí yendo todos los días. De tener 20 seguidores llegamos a 5 mil en un mes.

¿En qué momento le ofrecieron ir a Fox?

Había un proyecto que se llamaba “Debate final” para la Copa América y les faltaba alguien para completar el equipo. Fue algo rápido y curioso, porque soy malo para hablar de fútbol con mis amigos, pero cuando estoy al aire el chip se prende. Es algo que me sale y que es natural. No lo veo como un trabajo, sino como algo que me apasiona.

¿Ha sido complicado manejar las críticas del público?

Lo único que me molesta es que me digan gordo, porque ahora voy al gimnasio y hago pesas (risas). Las críticas son buenas porque demuestran que la gente te ve. Mis comentarios nunca son a título personal, sino que siempre son en términos futbolísticos, y eso ha gustado.

¿Cómo ha cambiado su vida desde que trabaja en televisión?

Ahora me ven en la calle y ya no dicen: “Ve, ¿ese es el jugador?”, sino: “Ve, ¿ese no es el de Fox? En Barranquilla pasa lo mismo con los niños y los muchachos, y da mucha alegría que la gente te reconozca por lo que estás haciendo. Lo bueno de esto es poder transmitir a las personas el criterio que uno tiene.

 

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