En busca de risas y buen teatro

Johanna Morales combina su trabajo de actriz con el de productora teatral. Su interés por la comedia la hizo traer “El nombre”, la obra de origen francés que regresa al Teatro Nacional.

 Johanna Morales actuó en “El capo”, “La ronca de oro” y “Amor en custodia”. / Cristian Garavito
Johanna Morales actuó en “El capo”, “La ronca de oro” y “Amor en custodia”. / Cristian Garavito

¿Cuándo le empezó a interesar el teatro?

Desde niña supe que quería ser actriz y he sido muy afortunada, porque en mi caso no fue un camino difícil. Cuando vivía en Venezuela entré muy temprano al Teatro Nacional Juvenil, que fue una excelente escuela, y trajo el momento más especial de mi vida. Es una pena que no pueda regresar a esa época.

¿Por qué le gustaría volver a esa etapa de su vida?

Tenía 16 años cuando llegué ahí y ser permeable a lo mágico de la vida era mucho más fácil. Cuando tienes 30 y tantos, no es que deje de ser fácil, pero es muy diferente. Creo que tarde o temprano todos queremos regresar al menos cinco minutos a una época de nuestra vida. Era más fácil ver que estaba lloviendo y salir a bailar bajo la lluvia.

¿Cómo fue llegar a Caracas a los 17 años?

Fue una aventura demencial que ahora no sé si repetiría. Viví en casa de una tía porque inicialmente sólo iba a hacer una audición. Unos meses después, cuando cumplí 18, me fui a vivir sola. Obviamente implicó tener que conseguir dinero, porque mis papás no tenían mucho y vengo de una familia con seis hermanos.

¿Eso la llevó al modelaje?

Sí. Pensé que era una buena idea probar haciendo comerciales. Mi primer casting fue para la campaña de una empresa de chocolates colombiana. Allí comenzó una carrera alucinante como modelo en la que viajé mucho y me dejó seguir estudiando actuación. En esa época era muy provinciana e ingenua, y todo me parecía bonito. Sentía que no había puertas para mí.

¿Cómo llegó a actuar en televisión?

Un día, con mi prima, fuimos a recoger mi book a la agencia en la que estaba. Ella era periodista y me dijo que la acompañara a hacer una entrevista a Leonardo Padrón, un gran escritor venezolano. Ella, un poco a propósito, dejó caer mis fotos cuando estaba con él y gracias a eso me invitaron a un casting para una novela que se llamó Calipso.

¿Cuándo apareció al idea de radicarse en Colombia?

Tenía en mente venir al país hace tiempo, pero antes viví en México durante cuatro años, porque la persona con la que estaba tenía trabajo allá. Fue una época increíble que me dio muchas herramientas para seguir con el siguiente paso. Antes de venir a Colombia regresé a Venezuela durante año y medio para hacer una novela, una película y producir mi primera obra.

¿Qué la llevó al trabajo de productora?

Tengo una necesidad muy fuerte de hacer cosas y trabajar por los demás. Me encanta la magia que ocurre cuando tienes una idea y empieza a ser apoyada por más y más personas. Esa primera obra fue un espectáculo infantil que se llama Meñique. Fue el mismo con el que me gradué como actriz profesional en Venezuela y planeo montarlo este año en Colombia.

¿Cómo la recibió Colombia cuando llegó en 2010?

Todo fue muy rápido y emocionante. Hice audición para A corazón abierto, mientras en paralelo me estaban esperando para Amor en custodia. Si no quedaba en una estaba en la otra, y eso fue muy especial. Fue una apuesta que hice y cuyo resultado me trajo acá hace siete años.

¿Cuándo empezó a producir teatro en Colombia?

Después de Amor en custodia quedé muy cansada y decidí ponerme a viajar. Cuando regresé produje A 2,50 la cuba libre, con Casa Ensamble, y después comencé a traer obras por mi cuenta, entre ellas Toc toc y No sé si cortarme las venas o dejármelas largas, que tuvo un éxito que me ha costado mucho repetir.

¿Por qué se inclinó por producir comedias?

Somos una misma raza y especie, y tenemos las mismas necesidades. A la gente le gusta juntarse y entretenerse, y para eso hay cosas que van desde el drama hasta la comedia. A mí me encanta hacer reír. Aunque supongo que en algún momento produciré otro tipo de obras, no puedo describir lo que siento cuando me siento entre el público y escucho esos coros de risas.

¿Qué pasó con su carrera como actriz?

Hice una pausa en la actuación hasta que llegó la oportunidad de trabajar en “El capo” y acepté porque me sonó chévere ir a trabajar a Nueva York. Quise seguir con mi carrera de un modo que fuera un poco más gentil con mis días, eso me llevó a empezar a hacer cosas porque quería y no porque tenía que hacerlas.

¿Qué la hizo producir su última obra, “El nombre”

Es una obra francesa de la que supe cuando acababa de hacer Toc toc. Tardé dos años en conseguir sus derechos, pero poco a poco se fueron reuniendo todas las piezas y cada una empezó a engranar con la otra hasta hacer que mi sueño fuera el sueño de varios.

La obra estrena su segunda temporada. ¿A qué se debe su éxito?

La gente se ríe de principio a fin porque es lo genuino de los seres humanos. Es una comedia con la que todo el mundo se siente identificado. La búsqueda de un nombre para un bebé se vuelve una excusa para enterarnos de una gran cantidad de cosas que empiezan a salir de cada uno de estos personajes.

¿Cuál debe ser el compromiso de los productores de teatro en Colombia?

Tenemos que trabajar por un circuito de teatro en el que todo el mundo pueda enterarse de lo que está pasando. En lugar de competir, todos tenemos que trabajar juntos para llevar al público a las salas. Nuestra responsabilidad es hacer proyectos que diviertan y dejen la certeza de que en Colombia se hace teatro excelente calidad.

 

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