"Cada encuentro con un buen libro es un renacer"

Su especialidad en libros para niños y jóvenes lo ha convertido en uno de los autores más leídos y vendidos en el país. Este periodista y escritor de Yarumal, Antioquia, asegura que lo más difícil de escribir para niños es tener que capturar al promotor de la lectura y no al lector.

Albeiro Echavarría escribió la novela ‘El clan de la calle Veracruz’, que fue seleccionada para ser distribuida en todos los colegios y bibliotecas públicas en México. /Cortesía

Qué surgió primero, el periodismo o la literatura?

Estando en la escuela empecé a soñar con que algún día podía llegar ser escritor. Pero me parecía que era un proyecto tan disparatado como pretender convertirme en astronauta. Mientras más leía, más envidia me daba de esos autores que tenían la magia de la palabra. Con la separación de mis padres, mi familia quedó herida de muerte. De haber seguido el curso natural de las cosas, me habría convertido en carnicero como mi abuelo. Pero cada libro que leía era como una señal luminosa en medio de un paraje incierto. Cuando terminé el bachillerato tenía claro que iba a estudiar periodismo, porque era una profesión que podría conducirme a lo que tanto anhelaba: las letras.

 ¿Cuáles fueron los primeros libros que tuvo en sus manos?

Los de aventuras fueron mis favoritos. Recuerdo que era fanático de Sandokán, protagonista de los libros de Emilio Salgari. Y mirando más atrás, cuando estaba aprendiendo a leer, recuerdo con especial cariño un libro titulado La astucia de gallinita.

 ¿Cuándo se graduó de lector-lector?

Creo que uno nunca termina de graduarse de lector, porque cada libro —si es un buen libro por supuesto— nos entrega nuevas sorpresas y nos remueve sus fibras más desconocidas. Cada encuentro con un buen libro es un renacer.

 ¿Por qué resolvió estudiar periodismo?

Porque quería contar historias. Y porque sabía que con el periodismo podía ganarme la vida sin alejarme de mi sueño, que era ser escritor. Me gustaba el periodismo de prensa, pero por cosas del destino terminé haciendo periodismo de televisión.

 ¿Cómo se llamó su primer libro y qué tema abordó?

Cristina Zanahoria. Lo escribí en 2006 y es un descubrimiento porque no imaginé que yo —que tenía tanta fama de adusto y regañón— fuera a escribir un libro para niños. Cuando nació mi hija Juana, le regalaron una muñeca a la que se le perdió la nariz. Como no pude encontrar esa nariz, me inventé una historia.

 ¿Por qué su ‘especialidad’ ha sido la literatura infantojuvenil?

Porque como un niño —al que le brinca el corazón antes de abrir un regalo— no he perdido la capacidad de asombrarme con cada hoja que se mueve, con cada gesto, con cada sonido, con cada olor. Porque creo que hacer literatura para niños es muy difícil. Y a mí siempre me han gustado los retos. Además, porque sospecho que tengo la facilidad para comunicarme con los niños y los jóvenes.

 ¿Qué es lo más complicado de escribir para niños y adolescentes?

Vencer la resistencia a ciertos temas en sectores como el educativo. Esa es una limitante muy grande, porque uno no llega directamente al lector, como ocurre con la literatura para adultos, sino al promotor de lectura.

 ¿Cuál fue el libro que lo catapultó a este espacio sideral del mundo de los libros?

Mi segundo libro, El clan de la calle Veracruz. Cuenta la historia de cinco gatos que se unen para liberar a un niño que ha sido secuestrado por un hombre que se dedica a talar los bosques del Amazonas. La novela fue seleccionada por la Secretaría de Educación Pública de México para ser distribuida en todos los colegios y bibliotecas públicas de ese país.

 ¿Cuál es el tema de su más reciente libro?

Pegote es la historia de un muchacho que es abusado sexualmente. Su papá le deja como herencia un hospital de muñecos.

 ¿Colombia está bien situada en la creación literaria para niños y jóvenes?

Hasta hace unos años los autores de literatura infantil y juvenil no pasaban de unos cuantos. Yo los llamo la generación Enka, porque algunos de ellos se ganaron ese premio. Pero de un tiempo para acá, han surgido nuevos y excelentes autores. Yo creo que el mejor libro de literatura juvenil que se ha escrito en Colombia es de Fernando Vallejo y se llama Los días azules. Por lo demás, creo que en Latinoamérica la delantera la llevan México y Argentina. Pero Colombia va por buen camino.

 

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