Cantar con el alma por la paz

La cantautora se presentará hoy en la Plaza de Bolívar, en el Concierto por el Amor y la Paz. Compartirá escenario con Piero y León Gieco, entre otros invitados nacionales e internacionales.

En 2013, Marta Gómez fue invitada por la ONU para cantar por los derechos de la mujer/ Karlos Kontreras

¿Cómo compuso “Para la guerra nada”?

Esa canción surgió de la impotencia que me genera la guerra. Compuse los primeros versos y mi esposo sugirió que se los mandara a los músicos que conocía, para que ellos también compusieran. Temblaba de la emoción cuando empezaron a llegar versos y versos. Lo bonito fue ver que el sentimiento era común. La guerra es terrible para el que la está sufriendo y para el que la hace.

¿Qué recuerda de su infancia en Cali?

Desde los cuatro años cantaba en el coro del colegio y grabábamos discos. Lo que más recuerdo es que cuando hacía mis solos la gente lloraba. En ese momento me di cuenta de que mi voz generaba algo en la gente. Después de años de estudiar supe que no se trata de tener una voz virtuosa, sino de poner el alma en lo que uno hace, más allá de entretener y de divertir.

¿Qué significa hacer las cosas con el alma?

El alma es lo que mueve la vida. En estos días que hemos estado hablando tanto de la paz, creo que el alma que le ponemos a todo lo que hacemos es lo que hace la paz. Nosotros como ciudadanos comunes tenemos la responsabilidad de cambiar la vida de las personas en cada gesto. Una sonrisa nos puede cambiar el día. El alma es lo que le ponemos a cada acción que hacemos.

¿Desde cuándo la influenció la música latinoamericana?

Siempre. Si una voz humana no me contaba una historia, no la entendía bien. Me acuerdo de que mi hermano me puso un “casete” de Silvio Rodríguez, era Canción en harapos. En ella habla sobre qué fácil es protestar desde la comodidad de nuestra sala. Tenía ocho años y para mí esa canción fue una bomba. Al oírla dije “esto es lo que yo quiero” y desde ahí no paré nunca más.

¿Por qué se fue a estudiar a Berklee?

Estaba estudiando música clásica en la Javeriana, pero tenía claro que no quería ser cantante lírica. Antes de ir a Berklee escuché una entrevista con Juan Luis Guerra, que también estudió allá. Apliqué para una beca y me fui. Es una universidad absolutamente amplia y me encantó, porque para mí el centro de todo es el folclor, aunque pudiera aprender del jazz.

¿Cómo llegó a cantar en las calles de Boston?

Conocí a un señor que cantaba en la calle y me pareció genial. Él me dijo que tenía que pedir un permiso y hacer audición. Canté con mis compañeros todos los veranos en las afueras de Harvard. Estando en la calle ganábamos mucho más que en los bares de Boston y empezamos a grabar.

¿El álbum “Marta Gómez” es de esa época?

Sí, lo hicimos para vender en la calle. Con el dinero que sacamos grabamos en 2003 Para vivir, que es un disco mucho más producido. El primero lo grabamos en un día y lo seguimos sacando porque es un recuerdo de ese momento. Ni siquiera tiene arte: trae una página a color y otra a blanco y negro, porque no teníamos plata para nada más.

¿Por qué se enamoró de la música colombiana?

Es algo que les pasó a muchos músicos de mi generación. No crecí escuchando música del Pacífico aun cuando viví tanto tiempo en Cali. Estábamos mirando más a otras partes. Me sé más tangos que mis amigos argentinos y no conocí currulaos hasta relativamente poco. Para mí es algo genial porque llegamos a un momento en que estamos conociendo la música colombiana y enamorándonos de ella.

¿Cómo llegó a grabar con Putumayo Records?

Les mandé el disco que grabé en la calle. Ellos lo escucharon ese y el siguiente. Años después recibí un e-mail en el que me decían que no tenían donde meter mi música pero que seguirían en contacto. A los meses escribieron diciendo que habían escogido una de mis canciones para un disco de mujeres de Latinoamérica. He estado en cuatro discos con ellos y ha sido un antes y un después. Mucha gente conoce mi trabajo gracias a ellos.

¿Qué cambio trajo “Cantos de agua dulce” y “Entre cada palabra”?

Con esos dos discos fue la disquera la que nos llamó para grabar con ellos. Querían una voz diferente y latinoamericana. Son hermosos porque se grabaron en una iglesia con un solo micrófono para todos los músicos. Fue muy difícil porque había que hacer todo perfecto pero también fue una experiencia muy bonita.

¿Cómo fue cantar con Mercedes Sosa?

Mercedes sigue cantando y sorprendiéndonos aunque ya no está. Cuando me llamaron en 2003 para abrirle un concierto en Boston, canté cinco canciones. Ella llegó a verme en la prueba de sonido y fue algo que nunca olvidaré. Son regalos de la vida que son muy poderosos.

Hay un álbum que dedica a García Lorca, ¿qué aprendió haciéndolo?

En 2004 me pidieron participar en un homenaje a Borges y a Lorca. Terminé componiendo una canción para el argentino y catorce para el español. Lorca era músico y escribía canciones. Musicalizarlo fue una tarea muy sencilla. Aprendí que cuando uno hace las cosas desde la ingenuidad y el cariño, son recibidas muy bien.

¿Existe algo que caracterice la música hecha por mujeres?

Creo que las mujeres no componen mejor o peor, sino distinto. La razón, desde mi experiencia, es que sabemos lo que es la sangre y el dolor. Parí un hijo y supe lo que significa cambiar mi cuerpo para que otro ser nazca de allí. Una persona que haya sentido eso, compone diferente.

 

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