Corriendo con el corazón

Francisco Pedraza, de 39 años, fue víctima de una mina antipersonal en el municipio de Montañita, Caquetá, hecho que le cambió su manera de concebir la guerra, la paz y la felicidad. Ahora es deportista profesional, comparte más tiempo con su familia y no se pierde las maratones en silla atlética.

El sargento primero del Ejército , Francisco Pedraza Osorio, deportista profesional de silla atlética. /Pamela Aristizábal

En septiembre de 2004, mientras sostenía combates con la guerrilla de las Farc, perdió sus dos piernas debido a la explosión de una mina. ¿Cómo asumió el accidente?

Lo único que aprendí de la guerra en Colombia es que es violenta y que en ella hay muertos y heridos. A mí, como a cientos de soldados en nuestro país, me tocó sufrir las consecuencias. Sin embargo, y aunque muchos no lo entiendan, asimilé el accidente como una bendición. Aquel septiembre volví a nacer.

¿Por qué dice que fue una bendición

Todo en la vida sucede por algo. En mi caso, la explosión de aquella mina me ha permitido pasar más tiempo con mis hijos, verlos crecer y estar junto a ellos. También puedo contar mi historia para que otras personas se den cuenta de lo afortunadas que son al estar vivas a pesar de las dificultades.

¿Cómo hizo para perdonar a los causantes de su discapacidad?

Porque sabía que era uno de los riesgos en mi profesión. Aprendí a vivir de esta manera, que no es sinónimo de resignación, y además empecé a valorar mucho más a las personas que me rodean y las oportunidades que se presentan. A mis hijos les digo que no se debe guardar rencor, porque es continuar en el mismo ciclo de la guerra. Además, hay que verle el lado positivo a todo, me convertí en deportista profesional y es algo que me enorgullece, porque puedo representar a las Fuerzas Armadas y a mi país en competencias internacionales.

¿Cómo llegó a convertirse en deportista profesional?

Después de recibir los cuidados médicos necesarios en el Hospital Militar de Bogotá fui enviado al Batallón de Sanidad del Ejército para completar la recuperación. Cuando llegué al Batallón, me interesé en una actividad que practicaban algunos compañeros, llamada silla atlética. Me explicaron que era atletismo de pista sobre una silla de ruedas adaptada para personas en situación de discapacidad y que solo necesitaba las ganas y mucho sacrificio para entrenar si quería practicarlo.

¿Y fue fácil la adaptación?

Me interesé en el tema y creo que pude acoplarme rápidamente a este deporte, pues antes del accidente jugaba microfútbol y también practicaba atletismo. Fue tanto el empeño que le puse a esta disciplina, que en 2005 estuve presente en la Maratón de Miami, y aunque fueron los 42 kilómetros más duros de mi vida, pude completar el recorrido. Gracias a actuaciones como esa recibí el llamado para representar a Colombia en copas del mundo de silla atlética y en torneos internacionales.

¿Cuál ha sido la recompensa por su esfuerzo?

Que soy un hombre feliz. Además de estar activo en el Ejército, es hermoso ver cómo la gente me felicita por mi labor y por mi historia de superación. Ojalá que mi caso y el de miles de compañeros que han sufrido mutilaciones en todo su cuerpo no se repitan y se conviertan en ejemplo para que las futuras generaciones puedan vivir en un país sin rencores, que puedan descubrir una Colombia en paz.

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