Del terror a la dulzura

La actriz venezolana habló de la difícil tarea de caracterizar a una anciana en el filme. Doce horas de maquillaje para pasar de 45 a 75 años y comer todo licuado, fueron algunos de sus retos.

La actriz pareciera invocar con su mirada el nombre de su personaje, Dulce, de quien dice se le impregnó su amargura y desdicha durante el rodaje, pues interiorizó fielmente su sentir. / Óscar Pérez

¿Quién es la protagonista en la película ‘La casa del fin de los tiempos’, Dulce, la señora que interpreta, o la casa en sí misma?

La casa es la protagonista y yo soy la coprotagonista. Los eventos paranormales que encierra, el misterio, todo ese ambiente lo recrea la casa en sí, que puede ser en cualquier lugar del mundo. Es una película de terror y suspenso, género que se hace por primera vez en Venezuela y ya empieza a ser un éxito en Latinoamérica.

Su personaje pasa por una caracterización y cambios muy fuertes, ¿cómo fue ese proceso?

Fue difícil, porque eran muchas horas en el maquillaje, alrededor de 12. Pero era muy gratificante el resultado final, pues Alex Mathews, un gran profesional, que viene de hacer El secreto de sus ojos, logró ponerme 30 años más de manera muy sutil. En la película pasé de tener 45 a 75.

¿Cómo hacía para comer o hacer las actividades cotidianas fuera de escena con todo ese atuendo?

Comer era todo un reto. Tenía que licuar los alimentos, la carne, el pollo, porque no podía masticar o gestualizar mucho.

¿Cuánto tiempo le llevó ese proceso?

Fue un mes. Y al principio me citaban a las seis o siete de la mañana y apenas a las seis de la tarde empezábamos grabaciones. Les propuse que me maquillaran a las tres de la madrugada, para empezar a grabar hacia el mediodía.

¿Qué tuvo que hacer para lograr los gestos y movimientos de una anciana de 75 años?

Fui a tres ancianatos, pero eso no me sirvió, porque físicamente yo siento que ella tenía menos de 75, era una mujer fuerte, y en cambio en estos lugares la mayoría de las personas están convalecientes. También me sirvió mucho imitar a mi padre.

¿Qué tan amargo es el personaje de Dulce?

Muchísimo. De Dulce no tiene sino el nombre. De hecho, yo me volví amarga durante el rodaje, porque fue tanto lo que logré interiorizar el personaje, que adopté su forma de sentir, de oler, de andar, de desesperarse. Todo. Y era difícil ya después salirme de ella.

¿Qué significa para la carrera de Ruddy Rodríguez este filme?

Básicamente hay una Ruddy antes de La casa del fin de los tiempos y una después.

Eso le permite al público conocerla en una faceta distinta de la que siempre la hemos visto...

Así es. A los actores de telenovelas suelen encasillarnos. Siempre he sido la buena, honesta, simpática; por eso en Cumbia ninja, una de las últimas producciones en las que trabajé, esa mujer ruda, tosca, despelucada, es una propuesta diferente. Me he divertido mucho con estos últimos personajes.

¿Qué es lo que más llena de coraje a Ruddy Rodríguez?

La mentira.

¿Y lo que más la aviva?

Que la gente haga lo que le gusta, que no se frustre, que luche.

¿Qué personaje no ha hecho y sueña interpretarlo?

Cualquier mujer que haya tenido una influencia en su país, alguien que haya hecho historia. Sea de nuestras tierras o extranjera. Soy amante y admiradora de las acciones de mujeres que se han adelantado a su tiempo, como Margaret Thatcher, Manuela Sáenz, Evita Perón.

¿Qué es lo que más le produce sensibilidad?

He trabajado con muchas organizaciones que promueven el respeto a los derechos humanos y en Camino a la Felicidad, fundación que lidero, hemos tratado de visitar gente para regalarles valores, pero no económicos propiamente, sino los que construyen al ser humano. Eso es lo que más me sensibiliza y motiva.

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