Después de 'La tormenta', tal vez llegue la calma

Cuatro mujeres víctimas de la violencia en el país: una por las Farc, otra por los paramilitares, otra del Eln y la última del Estado, la más atroz, según el periodista, es la historia que cuenta su última publicación, ‘La tormenta’.

Germán Castro Caycedo, en su casa en Bogotá. Un espacio donde abundan los libros y las obras de arte. / Andrés Torres

¿Por qué la tormenta de hoy puede ser más fuerte que la de hace cinco décadas, cuando empezó la guerra en el país?

Porque se ha acumulado el odio. Y eso, sumado a que somos un país ignorante, bárbaro, fascista, desata una tormenta que viene no sólo desde hace cinco décadas, sino desde 1492. La sangre y la violencia no han parado desde entonces.

Como dice el adagio, ¿cree que después de la tormenta llegue la calma?

Eso es lo que esperamos todos. Bueno, no todos, eso sí. Pero una parte de los colombianos queremos que haya un pacto con la guerrilla.

¿Y usted le cree a ese pacto?

Espero que se haga. Pero aun cuando suceda, no toda la guerrilla irá a la paz, porque algunos son narcotraficantes y secuestradores. Otros colgarán la pistola y el puñal.

Sin dar un juicio de valor de quién pueda ser peor que otro, ¿cuál de las cuatro mujeres víctimas que narra en el libro —de las Farc, el Eln, paramilitares y el Estado— le produjo mayor coraje por su historia?

La cuarta, la víctima del ejército. Una madre a la que primero le torturan a su hijo y luego lo asesinan. Era un teniente.

¿Qué halló en esa historia?

La gran lucha de esa mujer. Ella investigó 14 años hasta que supo cómo había sido el crimen, quiénes los criminales, dónde estaba su hijo, por qué lo mandaron a un río que salió a otro país. Y luego encontrarlo como un NN, viajar cada dos meses más de 500 kilómetros, perder a su esposo de pena moral. Una señora con la que uno habla y no se le asoma una sola palabra de odio.

Usted hace una denuncia sobre el robo que está haciendo Cerrejón del río Ranchería, ¿qué respuesta tiene de la opinión pública o de los implicados?

Hasta ahora no han llamado, pero les tengo un buen paquete de cosas para demostrar que uno de los dueños del Cerrejón es un bandido, como dice el New York Times, el bandido más grande de la historia, que se quiere robar el río. Y ahí están los testimonios.

¿Por qué mujeres en este relato?

Porque la mujer es una heroína. ¿Por qué siempre hombres? ¿Son más machos o qué? No. Eso es una historia viejísima. El solo umbral del dolor de la mujer es superior al del hombre.

En temas tan espinosos, ¿cómo cuida su vida? ¿Anda con guardaespaldas? ¿Va al mercado normalmente?

Sí, normal. Lo único, no tengo rutinas, es lo mejor. Como dicen, tratar de no dar papaya.

¿A qué le sabe el 7-12-20?

Me sabe a muerte y a la vez, a salvación. Fue el 7 de diciembre a las 8 de la noche, el día en el que Pablo Escobar me iba a matar.

Habló de una metodología para entrevistarlo, ¿por qué?

Claro, es que el tipo sabía tanto, que no quería que se me fueran detalles. En parte el ritmo de un relato y su éxito dependen de los detalles. Me di cuenta de que a él le faltaba primero el desayuno que leer el diario El Colombiano. Me fui allá, conseguí los periódicos de 10 años y saqué todos los titulares. Y por cada título le iba preguntando por su versión. Todo ese material lo regalé a la Universidad de Antioquia.

El próximo libro que estrenará en 2014 dice que “Nuestra guerra es ajena”, ¿por qué?, ¿de quién es entonces?

Es de los gringos. Esos señores impusieron el narcotráfico en el país, enviciados desde Vietnam, que para ese momento, Vietnam del Norte estaba en el triángulo de oro de la droga en el mundo. Esa parte tenía una narración de una de las tantas matanzas que hicieron allá, donde asesinaron, bajo los efectos de la marihuana, a 504 bebés, niños, ancianos, mujeres embarazadas. Eso hicieron los que se hacen llamar héroes americanos, así autodenominados. Luego, con sus aviones, dólares y pilotos, impusieron el narcotráfico en el país.

¿Entonces cree que de no haber sido por eso, la guerra en el país la contaríamos de otra forma? ¿O tal vez no existiría?

Creo que tendríamos otra historia, porque aquí había marihuana —no mucha—, en el costado noroccidental de la Sierra Nevada de Santa Marta. Eran semillas que se habían importado en los 20 o 30 para extraer cáñamo, para hacer telas. Aquí fumaban unos pocos. Luego llegan estos exvietnam y llegan las mafias de la clase alta y ahí comienza la historia de guerra.

¿Qué postura tiene de la legalización?

Aquí no hay nada que hacer. Hay que legalizar.

¿Cuál considera que ha sido el alcalde que ha realizado una mejor gestión en Bogotá?

En su momento, me pareció bueno Peñalosa, Lucho en la parte social, Samuelito Moreno en la contabilidad, extraordinario, y Petro en la parte diplomática y de buenos modales, el mejor. Ah, un magnífico alcalde, Jaime Castro, que no es de mi familia.

¿Con la nueva generación de periodistas, hijos de la red, el oficio perderá rigor?

No lo creo. Es que la regla del periodismo es la misma: hablar de lo que sucede con equilibrio y precisión y eso aplica para cualquier plataforma.

¿Por qué la crónica?

Es el género más apasionante. Me enamoré de la crónica y conseguí dedicarme a ella toda mi vida. Tiene rigurosidad, investigación, permite la narrativa. Y además me formé con los mejores cronistas de El Espectador y El Tiempo de los años 60, los leía mucho y gracias a ellos amé este oficio.

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