'El actor es una esponja de vida': Orlando Valenzuela

Este artista bogotano cree que es momento de dedicarse a enseñar lo aprendido. Sus personajes han sido su exorcismo.

¿Qué son para usted los personajes?

Mecanismos para exorcizarse de la realidad.

Son 25 años de carrera actoral, ¿ahora qué caminos quiere explorar?

Con mi amigo Luis Miguel Hurtado comenzamos a trabajar en la puesta en marcha de un taller de actuación para chicos que quieran profundizar en la técnica. Es hora de poner lo aprendido al servicio de los otros.

Ha hecho de ‘drag queen’, galán, narco... ¿cómo define la versatilidad del actor?

El actor es una esponja de vida y hay que disfrutarla al máximo para descubrir los personajes que la habitan. Los personajes están en la calle, es sólo observarlos y volverse su psicólogo.

¿Prefiere actuar ante cámaras o ante el público?

Son tan distintos... pero disfruto mucho más la cita que me pongo con el público en un lugar y una hora para encontrarnos y ser partícipes de algo que va a suceder. Esa sensación es encantadora.

Tiene tres hijos... un consejo infaltable para la crianza.

Estar el mayor tiempo posible con ellos para disfrutarlos.

¿Es papá alcahueta o regañón?

Ambas cosas, sobre todo con los hijos mayores a veces hay que ponerse duro y exigente, pero también hay que ser permisivos.

¿Cuál es su matrimonio con las motos?

¡Me encantan!, son una cultura. Cuando viajo por carretera disfruto de los caminos destapados y los cielos azules. No soy muy amigo de la velocidad, me gustan los paisajes y en Bogotá es una facilidad desplazarse en ellas.

¿Hasta dónde lo han llevado las motos?

A Bucaramanga, Neiva... a muchos pueblos de Cundinamarca. Pero aún sueño con emprender un viaje largo.

¿Tiene idea de en cuántas producciones ha participado?

¡Huy, no!… perdí la cuenta, pero son más de una treintena.

Actuó en ‘Oasis’ junto a Shakira. ¿Cómo la recuerda?

Fue maravilloso con los años darse cuenta de que esa dulce niña se convertiría en una megaestrella. A veces en el hotel nos sentábamos a cantar y desde allí la notaba muy clara en lo que quería. Para mí es grato recordarla.

¿En qué momento decidió ser actor ?

En el colegio me encontré con mi maestro Germán Escallón y aprendí a actuar jugando. Crecí y entré a estudiar periodismo al Externado y duré un año... pero ya no podía dar marcha atrás, lo mío era el teatro.

¿Cómo recuerda los días en que cantaba en los buses?

Más que días... fueron como dos años. Mi papá aceptó que yo estudiara teatro, me fui de la casa y en la escuela me encontré con mi gran amigo Rodrigo Caicedo, con quien un día decidimos vestirnos muy bien, lubricar nuestras guitarras y con toda dignidad subirnos a los buses; luego pasamos a las tabernas, a los sitios bohemios y con eso saqué adelante mi carrera y mi vida de esa época.

¿Cuáles de esas historias tienen un lugar especial en su corazón?

Me gustaron mucho La otra raya del tigre, dirigida por Mayolo; Fronteras del regreso, que fue mi primer protagónico; Pocholo, por ese personaje de nerd tan bonachón y buena gente.

Vivió cinco años en España, tiempo en que le dio la vuelta al mundo con el musical ‘Rock and clown’. ¿Cómo fue esa experiencia?

Es una experiencia muy fuerte, es como cumplir el sueño de tener una banda de rock y viajar por todo el mundo, pero con payasos con los que tocábamos en vivo. A lo largo de tres años llegamos a muchos países. Las rutinas se vuelven estresantes, el compartir con la misma gente, la música y la fiesta.... estar tanto tiempo fuera de casa me costó un divorcio. Pero a nivel artístico fue muy enriquecedor.

¿Qué le entrega la música?

Me divierte. Los instrumentos son infaltables en las reuniones con mis amigos. Además, decidí ponerla al servicio del teatro. La música es un personaje más, no es un relleno.

¿Y sus géneros preferidos?

Yo soy como Andrés Caicedo, me entregué al rock, la salsa y la clásica.

Un compositor.

Chopin.

Los grandes del rock.

Rolling Stones.

Y en la salsa.

Willie Colón.

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Pedro Mar, de Colombia para el mundo