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hace 8 mins

“El arte es nocivo para la violencia”

Christian Padilla, profesor de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, autor de tres libros y uno de los críticos de arte más jóvenes del país, es curador de esta muestra en la galería Espacio Alterno.

Christian Padilla es docente de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. En 2007 ganó el Premio Nacional de Historia de Arte Colombiano. / Andrés Torres

La exposición “Los Ready-Makers” reúne las obras de ocho artistas. ¿Cómo hizo para elegir el tema o hilo conductor de la exhibición?

Encontré que el vínculo que las amarraba era la forma en que se aproximaban al objeto, como herederos de los readymades de Marcel Duchamp. Entonces, reflexioné sobre este rasgo común y la forma en que esta manifestación contestataria que se enunciaba como ruptura hace exactamente 100 años se había convertido en una tradición y quería hacer visible cómo varios artistas aprovechaban esta actitud para realizar sus obras. El resultado ha sido espectacular.

¿En qué momento se interesó por el arte?

Tengo el recuerdo de encontrarme desde pequeño con imágenes de obras de arte en las ilustraciones de los diccionarios Lexis 22. Las imágenes venían acompañadas del pie de foto que informaba la ubicación de las obras y los autores. Fui armando un mapa de los sitios y las obras que quería conocer, y rápidamente empecé a comprender estilos artísticos y las diferencias que se debían a eventos históricos disímiles.

Es autor de tres libros, en los que resaltan “Botero” y “1929: el Pabellón de Colombia en la Exposición Iberoamericana de Sevilla”. ¿Cómo ha sido la recepción?

Me satisface pensar que el libro sobre Botero ha sido uno de mis grandes aportes a la historiografía del arte colombiano. Creo que ha permitido comprender la obra del artista más importante que ha tenido Colombia, lo cual es curioso, porque siempre he pensado que, a pesar de su fama, Botero es desconocido en muchos aspectos y el libro revela a un Botero expresivo, violento con el color, una faceta muy distinta a la que estamos acostumbrados a ver.

Usted se ha destacado por abordar la obra de Rómulo Rozo, un artista que conoció el país a través de El Espectador. ¿Cree que su obra ha sido bien valorada?

Desde que el historiador Álvaro Medina retornó la mirada a algunos vacíos dejados por la crítica Marta Traba en las primeras décadas del siglo XX, el interés por este período y artistas se ha acrecentado. Llevamos casi tres décadas estudiando con rigor la producción de Rozo y no terminamos, porque todo el tiempo aparecen nuevas cosas en esta búsqueda.

¿Qué otras apuestas artísticas en el país han sido olvidadas por completo y merecen ser rescatadas?

Siempre es valiosa toda nueva interpretación bien argumentada de cualquier momento histórico. Es verdad que hay períodos históricos que parecen menos cubiertos que otros y, al final, todos merecen ser revisados.

¿Qué período le interesa?

Me llama la atención los vínculos y la incidencia de la CIA y las petroleras norteamericanas en el arte colombiano. Es un tema apasionante que, en medio de la Guerra Fría, pone de protagonista a la generación que conocemos como grandes maestros y a Marta Traba como un agente cultural que coincide con los intereses políticos de Washington para el resto de América.

¿En qué puede contribuir el arte y los museos en la reconciliación de la sociedad luego de más de cinco décadas de conflicto armado?

Estoy convencido de que entre más dirigida esté la educación a integrarse a los museos, la juventud dedicará su tiempo libre a manifestaciones que favorezcan a su comunidad, porque el arte es nocivo para la violencia y eso es, precisamente, lo que los artistas vienen representando en sus obras.

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