EL 'Flaco' Solórzano vuelve al teatro

El actor cartagenero protagoniza junto a Marcela Carvajal la obra ‘Hombre con hombre, mujer con mujer’, original de Dago García y dirigida por Pawel Nowicki. Dice que cuando no actúa le gusta estar con sus hijos.

Fernando ‘Flaco’ Solórzano dice que su papel en ‘Niche’ le ha hecho recordar la historia de su vida con la salsa y las casetas musicales. / Óscar Pérez - El Espectador

¿De dónde nació ‘Hombre con hombre, mujer con mujer’?

Es una obra escrita por Dago García. Trata sobre una pareja que lleva 10 años de matrimonio y por un detalle muy pequeño (un pelo) se arma un lío tremendo por los celos. Lo interesante es que la obra refleja la fragilidad masculina que sentimos cuando tenemos celos.

¿Cómo es la experiencia de volver a trabajar con Marcela Carvajal?

Muy buena. La primera vez que trabajamos juntos fue en su aparición en el seriado María, María. Eso pudo ser en el 91 o el 92. Desde esa vez no nos habíamos encontrado.

Interpreta al ‘Tigre’ Jordán en ‘Niche’. ¿Cómo ha sido la experiencia ?

Fabulosa, porque comienzo a recordar cosas que son muy mías, muy personales, como las casetas de la 19, donde compré más de la mitad de mi colección de música.

Hablando de esas casetas, ¿qué tan rumbero es usted?

Lo fui, sobre todo en la década de los 80; era una época salsera y de rumba intensa. También fui disc jockey. Ahora no soy rumbero porque están los hijos, estoy casado y tengo cantidad de deberes. Igual, sigo teniendo un espíritu juvenil; no me creo que tengo 51, me toca asumirlo.

¿Cómo fue la celebración de los 50?

Realmente no le presté mucha atención. Los 40 sí los celebré. Estaba ocupado viajando y haciendo cosas. Incluso estaba haciendo un documental sobre el Cabo de la Vela.

¿Y de qué se trataba el documental?

Explicaba por qué el Cabo de la Vela es sagrado para los wayuu. Ellos dicen que es la entrada a Jepirra, el mundo del más allá, donde las almas van a descansar por siempre, y por eso es sagrado.

¿Cree en el más allá?

Realmente no. No me imagino las almas viviendo en otra parte. Es posible que exista, pero mi razón no lo concibe.

Retomando, una anécdota de esa época ochentera.

Estábamos en la universidad y habíamos alquilado una casa en La Candelaria con Dago García, Juan Carlos Vásquez y Gustavo Martínez. Llegó un momento en el que necesitábamos dinero para pagar la casa y nos conseguimos un trabajo como porteros en los Quiebracantos, que eran como una especie de club.

Dago ha sido su amigo de toda la vida. ¿Cuál cree que es su defecto?

Es muy acelerado. Siempre se ha desesperado conmigo porque soy muy lento.

No rebaja producción y todas son un éxito, pero ¿qué hace cuando no actúa?

Me gusta estar con mis hijos, porque esto le roba a uno mucho tiempo. Nos gusta inventarnos paseos chéveres y hacer diferentes actividades.

Un viaje inolvidable.

Ir a Brasil fue muy emocionante. Estuvimos en São Paulo, en un sitio que se llama Paraty, y en Río conocimos la isla Paquetá, que tiene cementerios de pajaritos.

¿Qué es la felicidad?

Es sentirse bien con uno mismo. Implica una aceptación de lo que eres, de lo que te tocó vivir, y esa aceptación te produce una tranquilidad interior.

Un día feliz para usted.

Hoy, porque amanecí coordinado conmigo mismo. Lo que pasa es que es como el poema de Barba Jacob: “Hay días que somos tan lúgubres tan lúgubres... hay días que somos tan plácidos”. Hoy me tocó el plácido; quién sabe qué me toque mañana.

¿Qué le disgusta?

Que la mujer se la monte a uno.

 ¿Práctica algún deporte?

Era basquetbolista y me gustaba trotar pero hace 14 años tuve una lesión en el ligamento posterior. Dejé de hacer deporte, no me gusta el gimnasio y no me encarreta otra cosa.

 Le gusta mucho el rock. ¿Cuál es su grupo favorito?

Led Zeppelin.

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