El grito de protesta del caricaturista Cacho

Juan Carlos Gómez retomó el humor gráfico como señal de inconformismo frente a lo que ocurría en el país.

Juan Carlos Gómez, conocido como Cacho, comenzó su carrera de caricaturista desde niño, influenciado por su historieta favorita, Kalimán. / Cortesía

¿Por qué firma como Cacho?

Así me decían en la casa cuando era niño, aunque nadie sabe por qué. Quedé firmando así al abrir mi vida virtual. Betto me ayudaba con eso y me dijo: “De título pongámosle Cacho, después lo cambia”, y no supe cómo hacerlo.

¿Tiene algún significado especial que sus amigos lo llamen Cacho?

Sí, porque es el nombre del que dibuja. Sólo mis amigos caricaturistas, los de la infancia y algunos hermanos me dicen así. Me hace recordar a mi mamá y a mi papá, pero sobre todo a él. Me gusta pensar que él me rebautizó así.

¿Cómo se inició en el mundo de la caricatura?

Tuve la fortuna de cubrir las vacaciones de Osuna por tres meses, y seguí enviando dibujos luego de su retorno al periódico. He tenido mucha suerte y buenas personas me han ayudado. Julio Carrero y Betto Martínez son dos grandes ejemplos.

¿Recuerda cómo fueron sus primeros monos?

Los primeros monos eran en los libros del colegio, una suerte de revueltos a lápiz en donde siempre había instrumentos musicales, animales y personas. Antes de eso, recuerdo que en la casa los aburría a todos preguntándoles “¿ y ahora qué pinto?”, hasta que me regañaban por cansón.

¿Leía historietas? ¿Cuáles eran sus personajes favoritos?

Me gustaba mucho Kalimán, pero reconozco que no leía las letras, sólo veía durante horas los dibujos, sobre todo los de la portada, porque eran en papel brillante y a color. Al lado de Kalimán, los otros héroes se veían pequeñitos.

¿Copiaba los dibujos de los grandes maestros del cómic?

Aún lo hago. En la universidad copié mucho al Tarzán de Burne Hogarth, pues me gustaba, y aún me gusta, el dibujo de figura humana, aunque no me sale ni parecido. Ahora copio a Leo Sátira, a Nigio, a Ródez, entre otros, para ver cómo le hacen para ser tan buenos. Se aprende mucho.

¿Se divertía en el colegio dibujando a sus compañeros de clase?

En el colegio no tanto, pero cuando estudié música sí les hice el dibujo a casi todos mis amigos del primer núcleo piloto para directores de banda de viento y percusión, otra vez en los libros.

¿Lo “pillaron” alguna vez dibujando al rector del colegio o a los profesores?

Dibujaba bastante mal en el colegio, pero la profesora de inglés me quedaba sorprendentemente bien. Inglés era la clase de dibujo para mí. Muchas veces me pilló, pero ya estaba resignada después de dos años en los que fue mi profesora.

¿Les cobraba a sus compañeros por hacerles las tareas de dibujo que ellos no podían hacer?

En la universidad, cuando estudié diseño gráfico, sí hice trabajos, se puede decir que por encargo, de perspectiva y descriptiva únicamente. Y ahora recuerdo que me los quedaron debiendo. Soy pésimo cobrando.

¿Cuál fue la primera caricatura publicada en El Espectador?

Fue sobre la situación en la que se encontraba la explotación minera en Colombia; la cosa ha cambiado: ahora todo está peor. Aunque fue hace algunos años, bien se podría usar el mismo mono en la actualidad.

¿Qué es lo más complicado del mundo de la caricatura?

Para cada dibujante, la complicación varía. En mi caso es combinar el trabajo en la universidad con el tiempo para hacer la caricatura. La verdad es que a mí me gustaría solamente dibujar.

¿Qué le sucede cuando no llega la inspiración y hay que enviar el mono al periódico?

Por años estuve tratando de cumplir con los tiempos de impresión, descuidando la calidad, lo que hizo que las publicaciones fueran cada vez menos. Paré por largo tiempo y me dediqué a dibujar por gusto. Un día la rabia por las embarradas que pasan aquí me hizo volver a enviar dibujos para gritar algo y desde entonces me ha ido mucho mejor gracias a Dios, porque dibujo para mí.

¿Admira a maestros internacionales de la caricatura?

Fontanarrosa y Quino, y los mundos alternos que se inventaron para nosotros.

¿Y a los colegas nacionales?

Admiro la velocidad y el trabajo de Osuna, la inteligencia de Betto, la ironía de Vladdo, el dibujo de Leo Sátira y Bacteria, la vitalidad de GoVa, la vocación de Calarcá, y de todos ellos y muchos otros que no alcanzan a caber en cuatro renglones, la entereza y valentía con la que enfrentan el día a día.

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Jorge Consuegra

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