El regreso de Juana Acosta

La actriz caleña volvió al país para interpretar a Anna, una mujer inmigrante con trastornos de bipolaridad, en un viaje que la reconectó con sus raíces.

Juana Acosta vive desde hace 16 años en España. / Cortesía

¿Cómo llegó a la película “Anna”?

Entré a este proyecto hace cinco años, cuando Jacques (Toulemonde) me llamó para hacer dos escenas en París, en un programa para conseguir fondos para la realización. Ahí descubrí a un productor talentoso y muy sensible, con el que me conecté muy bien y, bueno, me gustó mucho el personaje, la historia, por lo que le dije que me gustaría hacer un papel de la película y él me dijo que sería Anna.

¿En qué se apoyó para hacer el personaje?

Las dos somos inmigrantes, ella se fue a Francia y tuvo un hijo con un francés; yo me fui a España, me enamoré de un argentino y tuve una hija con él. Yo fui al Liceo Francés en Cali y supongo que ella al de Bogotá. Aunque eso me ayudó, trato de separar mi realidad de la de mis personajes, y sobre todo con Anna, con la que preferí apoyarme en la imaginación.

¿Quién es Anna?

Es una mujer con una sensibilidad especial, que sufre de trastorno bipolar. La película no se centró en eso, sino que de hecho buscamos una mujer que sentía mucho, bajo la premisa de que Anna tenía la fragilidad de una porcelana y a la vez la fuerza de una leona.

¿Qué representó volver a grabar en el país?

Fue lindo, sobre todo el viaje que hicimos de Bogotá hasta la Costa durante cuatro semanas en jeep, con los tres personajes de la película. Fue muy emocionante porque fue como conectarme con mis raíces. Es muy hermoso sentir cómo cambian la temperatura y los paisajes, me gustaba ver al equipo francés relacionarse con el país y cómo lo descubrieron a través de la historia.

¿También redescubrió el país?

Me fui hace 16 años, tengo una carrera afuera, pero vengo mucho. Sin embargo, volver a descubrirlo a través de los ojos de Anna fue volver a conectarme con mi cordón umbilical y mis referentes, pero es verdad que durante el rodaje no me viví el viaje de turismo, me lo viví a través de los ojos de Anna.

¿Cómo estructura sus personajes?

Yo soy muy técnica, estudié teatro en España y creo que fue lo mejor que he hecho en mi vida. Primero, veo que remueve el material en mí, luego creo todo el pasado que no está escrito en el guion, y por último hago una relación con cada una de las personas que se cruza en la película. Siempre he dicho que la actuación es casi un proyecto antropológico, me apasiona toda esa parte del trabajo y ya después, en el rodaje, intento soltar eso y me entrego a la historia.

¿Qué hace para trabajar el acento?

Es curioso. Comencé a trabajar el acento español, porque si no lo hacía no tendría trabajo en España. Hay pocos trabajos de latinoamericanas y la gran mayoría son personajes muy estereotipados, así que aproveché mi embarazo para trabajar con un foniatra que me ayudó a perfeccionar el acento. Cuando lo practico no soy Juana, soy otra que habla diferente a mí, piensa diferente y tiene otros valores. A mí me parece terrible la gente que se va del país y vuelve al poquito tiempo hablando con otro acento y a mí me pasa que llego a Colombia y no me sale un joder, ni una muletilla que uso habitualmente en España. Cuando llego a Colombia cambio el chip.

¿Por qué se fue a vivir a España?

Pasó que me llegó una fama muy temprana y fui a España con una necesidad de anonimato, de empezar de cero, de que no me conocieran, de conectarme con mi esencia, y me encanta ser una más, que nadie me mirara, me pidiera una foto. Tanto es así que tenía mucho miedo de que me volviera a pasar lo mismo allá, por eso quise comenzar más pausado, más pensado, y así lo he hecho, yendo poco a poco, y los triunfos han ido llegando con una determinación de ir hacia un tipo de trabajo que me interesara y me sigue interesando.

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