"El secuestro es una cadena perpetua"

En su tercer libro, el colombo-español narra los siete meses de secuestro del periodista Guillermo ‘La Chiva’ Cortés. Asegura que es una historia que ayuda a conocer los actores que participan en el proceso de paz.

El sociólogo y escritor Carlos Castillo llegó a Colombia cuando tenía 9 años. Trabajó 17 en Unicef, donde se dedicó a proyectos sociales en países como Nicaragua y Haití. / Liz Durán - El Espectador

¿De dónde surgió la amistad con ‘La Chiva’ Cortés?

Mi primera esposa era pariente de Guillermo. Con el tiempo estrechamos la amistad, porque nos movíamos dentro del mismo grupo de amigos.
¿Qué lo inspiró para escribir esta historia?

El secuestro mismo. Con Guillermo compartimos muchas cosas, incluyendo el momento del secuestro. Fui nombrado en el comité estratégico de la familia para manejar el tema y tuve siete meses de dolor. Hablé con todo el mundo y apenas lo liberaron lo entrevisté durante 13 horas.

¿Cuánto tiempo tardó en completar el libro?

Cinco años. Hasta que encontré la manera de hacerlo. Tuve que intercalar historias y hacer de esto una obra colectiva. Si no fuera porque los personajes son reales, sería una novela.

¿Qué fue lo más difícil en este proceso?

Encontrar un lenguaje que no fuera pesado. Logre hacer casi como un montaje cinematográfico en donde las secuencias van intercaladas.

¿Por qué tardó ocho años en ser publicado?

El secuestro es una cadena perpetua. La gente sigue con la sombra y el susto. Por eso tardó tanto en salir.

¿Cómo describe a ‘La Chiva’ Cortés?

Una persona cálida. Para quienes no lo conocían era brusco, pero quienes vivíamos cerca de él sabíamos que era de alma gelatina.

¿Una anécdota que recuerde de él?

Quería sembrar árboles en la finca. Le dijeron: “Don Guillermo, estos árboles se demoran mucho tiempo en crecer”. Y él respondió: “Es que no tengo afán”. Pero ya tenía 70 años. Era típico de él.

¿Cuál fue la mayor enseñanza que le dejó escribir el libro?

Al haber “vivido” todo lo que él vivió, aprendí de la gente y de la condición humana.

Los libros sobre este tema son generalmente autobiográficos. ¿Cuál fue la ventaja de que no lo haya escrito Guillermo?

Narré no sólo lo que ocurrió adentro, sino la historia de quienes estaban afuera, de sus familiares, el Gobierno y los medios.

¿Que lo llevó a tomar la decisión de publicar el libro despues de tanto tiempo de tenerlo escrito?

A pesar del miedo de Guillermo siempre supe que debía hacerlo, porque es una historia que tiene sentido para los colombianos.

¿Qué les aportará a las actuales conversaciones de paz?

Ayuda a ver perfiles de personajes que están sentados en la mesa. No se puede hacer un diálogo con la gente que no se conoce. Crudamente muestra cómo son las Farc y cuál es la capacidad de respuesta de la sociedad.

¿Cómo reaccionó Guillermo cuando supo de su interés en hacer el libro?

Feliz. Mes estimulaba y me daba argumentos todo el tiempo.

¿Qué es lo que más extraña de él?

Ambos somos hipercríticos y por eso nos entendíamos divinamente. Despotricábamos de todo y eso hace falta.

¿Cuál cree que fue el mayor cambio que él tuvo después del secuestro?

Físicamente lo afectó mucho. Pero a pesar de la sombra del secuestro, nunca tuvo el Síndrome de Estocolmo, nunca se entregó, siempre batalló. Se había dedicado a ayudar a sus amigos a hacer empresas, pero después de este hecho canalizó su vida hacia los secuestrados y sus familias que tanto sufren.

¿Cómo fue su acercamiento al teatro?

Fue inesperado. Un día acompañé a una amiga a la Escuela de Arte Dramático, estaban haciendo ejercicios de improvisación y me hicieron participar. Hice cinco años de teatro. Después, junto con Santiago García, Fausto Cabrera, Paco Barrero, entre otros, fundamos el teatro experimental El Búho.

Comenzó a estudiar derecho, pero terminó siendo sociólogo. ¿A qué se debió el cambio?

Hice año y medio de derecho. Pero cuando conocí a Camilo Torres hicimos una buena amistad y me pasé a sociología.

¿De dónde ese interés por la literatura?

Desde pequeño fui lector. A los 11 años escribí el primer poema de amor, que produjo el elogio del profesor y la burla del curso. En teatro aprendí a escribir guiones y eso me ayudó.

¿Su lugar preferido para escribir?

Escribo en mi casa, pero cuando voy a concretar la obra me gusta irme. El libro de La Chiva lo terminé en Nueva York.

Fue consejero presidencial en política social de Ernesto Samper. ¿Volvería a participar en política?

Nunca en la vida.

Trabajó durante 17 años con Naciones Unidas en Unicef. ¿Qué significó para usted esta etapa?

Hice proyectos sociales en varios países. Me da tristeza que dediqué muchos años a hacer cosas por las personas y aun así todo sigue igual o peor. Uno sabe que no cambia el mundo, pero que difícilmente lo mejora.

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