La experiencia del gran actor, Elkin Díaz

El mayor reto para Elkin Díaz, formado en el teatro, fue llevar los textos del dramaturgo inglés de forma cotidiana al cine. Sueña con dejar de interpretar a villanos en la televisión colombiana.

El cucuteño Elkin Díaz en la sala de cine del centro comercial Avenida Chile, de Bogotá, en el lanzamiento para medios de la película “Shakespeare, los espías de Dios”, de Dago García. / Gustavo Torrijos

¿Qué fue lo que más le gustó del guion de la película “Shakespeare, los espías de Dios”?

La combinación de los textos trágicos de Shakespeare montados en un contexto real. Dago García experimenta, al tomar a seis de los personajes de Shakespeare y ponerlos en un avión a vivir una serie de situaciones.

¿Cuál fue el mayor reto que le planteó su personaje, el militar Macbeth, en el filme?

Lograr que los textos sonaran cotidianos y no tan teatrales.

Su formación en teatro lo había llevado a realizar otras obras del dramaturgo inglés. Una que recuerde de forma especial.

Cuando hice Hamlet interpreté a Polonio. Había una escena en donde Polonio mandaba a un mensajero a vigilar a su hijo. Con el director nos inventamos que Polonio comía morcilla y papa criolla, era muy chistoso ver a un Polonio de textos clásicos de está manera.

¿Qué tan en cuenta tiene la crítica del público?

Afortunadamente hasta el momento siempre me ha ido bien, pero si llegan algunos malos es mejor hacer caso omiso. Mi trabajo dice todo y no voy a enfurecerme por las malas cosas que digan, al final sé que he trabajado bien.

¿Cuál es ese personaje soñado de Elkin Díaz?

En televisión siempre acostumbran a ponerme a hacer de malo; me gustaría hacer un personaje blanco, un personaje de bueno, un personaje que se enamore. Quiero que la gente vea que así como soy capaz de golpear o matar a alguien, también puedo querer o enamorarme de alguien.

¿Qué lo enamora?

Las cosas simples, sencillas y con buen humor. Me enamora la constancia y no soy dado a la parafernalia.

¿El director más bravo con el que ha trabajado?

Luis Orjuela es de un carácter muy fuerte, pero enriquecedor a la hora de ayudarme a construir un personaje. Y Pavel Polinsky, con quien he trabajado por 24 años haciendo montajes teatrales.

¿Cuál fue el momento más difícil que vivió cuando llegó a Bogotá a estudiar teatro?

De esa época recuerdo que como compartía apartamento con John Alexánder Toro, había días en los que nos tocaba a punta de lentejas toda la semana, porque no había para más. Pero tomábamos fuerzas de estar haciendo una carrera en la que nos divertíamos y disfrutábamos. Incluso ahora las lentejas son mi plato favorito, no puedo olvidar lo que me tuvo en pie.

En una entrevista dijo que no solía escuchar música, ¿por qué?

No soy un melómano. Escucho música según la necesidad, y aprendí a combinarla para la construcción de mis personajes. Ésta debe ser muy específica para la situación del personaje que esté haciendo.

Su hijo mayor le siguió los pasos. ¿Por qué decidió que fuera al exterior a estudiar actuación?

Porque no estoy de acuerdo con las escuelas de este país.

¿Cómo controla sus nervios antes de salir a las tablas o previo a los estrenos?

Respiro y trato de controlarlos, porque igual son importantes para un actor. Un actor que no tenga nervios no sirve para nada.

Su mayor defecto.

Soy muy calmado.

¿Por qué lo considera un defecto?

Porque a veces he perdido cosas por lento o por ser muy tranquilo.

¿Qué lo pone triste?

Que todas las personas pisoteen a otros para lograr llegar primero a donde quieren.

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