Fabián Mendoza, un actor hecho presentador

La actuación ha sido todo en la vida de este bumangués que decidió enfocarse en la comedia y la labor social. Ahora, a la par de su profesión, trabaja como presentador, un rol que ha decidido enfrentar como a uno de sus personajes.

Fabián Mendoza actúa hace 22 años y, de estos,  10 los ha dedicado al clown. / Cortesía
Fabián Mendoza actúa hace 22 años y, de estos, 10 los ha dedicado al clown. / Cortesía

Ahora es presentador. ¿Cómo llegó a “Juntos a las tres”?

Hacía un programa con jóvenes en Santander, que se llamaba Contralores escolares, y lo desarrollé con 47 jóvenes de los 47 colegios públicos del área metropolitana de Bucaramanga. Fue un proyecto clown en el que estos estudiantes velaban para que los recursos públicos que llegan a cada colegio sean manejados de una manera digna. De ahí vine a Bogotá a hacer un diplomado en improvisación teatral en la Universidad del Bosque y faltando una semana para devolverme propusieron trabajar junto a Carmen Larrazábal en el programa.

¿Cómo le ha ido presentando?

Me encanta, pero no soy comunicador. Tengo cierto respeto por esos roles, y por eso me metí en la película de un actor que está desarrollando el personaje de un presentador. Era un proyecto de tres meses, pero ya llevamos un año, con un buen rating. Es un programa que educa, enseña y, sobre todo, nos divierte.

Hace años tuvo un stand up comedy de un payaso que quería ser comunicador. ¿Es algo similar a lo que le pasó?

Sí, de hecho el stand up sigue vivo y es la historia de un payaso que quiere tener su propio programa de concurso, pero en el fondo la idea es mostrar cómo cumplimos nuestros sueños. Este payaso le pide al público su apoyo, que aplaudan, que griten, que participen y por eso cada vez que se presenta logra ser presentador. Este proyecto es un hijo que cumple seis años y lo escribí luego de ser la imagen por más de cuatro años de McDonald.

¿Cuál es el personaje que más le ha impactado?

Es una pregunta muy compleja, porque todos lo son, pero Mario Segura de El secretario fue muy fuerte, por su recordación, porque fue un personaje de menos a más. Era de reparto y terminó siendo protagónico y antagónico. Era un rol difícil de desarrollar, porque para muchos era muy sobreactuado, pero creo que desde la misma dirección me apoyaron para que fuera como Róbinson Díaz en Pecados capitales con el mago Candú.

¿Es distinta la preparación de un personaje real a uno de ficción?

Sí. Hay un poco más de cuidado porque la gente tiene una referencia. Por ejemplo, cuando hice a César Gaviria en Escobar, él tenía muchos aspectos cómicos, que han explotado en los medios, entonces el reto era desarrollar el personaje para que no fuera en una burla o una parodia.

¿Es difícil lidiar con la fama?

Más que eso es lidiar con lo que pasa con la gente. A veces no entienden que uno es una persona normal y las críticas son fuertes. Muchas veces salía a la calle y a veces no tenía espacio. Es complejo porque es fácil ganarse problemas de la nada. Lo más interesante es que en alguna época me creía el cuento, de las fotos y los autógrafos, pero cada vez tengo más los pies sobre la tierra y entiendo que por el hecho de salir en televisión no soy diferente, pero lo más importante cuál es la pasión por la profesión y saber de dónde viene uno.

¿En qué momento decide dedicarse al clown?

Cuando estaba pequeño, en Bucaramanga, mi papá me llevaba a los circos y eso me generaba la curiosidad sobre qué pasa con los payasos, cuál es su vida detrás. Siempre una carpa de circo me ha generado emoción, y me he conectado particularmente con eso. Cuando llegué a Bogotá, mientras estudiaba teatro, entré a un grupo de recreación y todos los fines de semana estaba en fiestas en el sur y me encantaban, porque el payaso es el que primero come, le dan propina y hasta más comida para llevar; en cambio en el norte llevan a los niños a los parques de Orlando. Pero, después de llegar del Desafío fue que decidí tomar en serio el clown y me fui a un voluntariado a Perú con Pach Adams.

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