La fama es para no creérsela: Nicolás Montero

El bogotano señala que en algún momento pensó que al interpretar a Luis Carlos Galán no podría dar con el rompecabezas del personaje.

Su faceta oculta.
Colecciono bestiarios y caleidoscopios.

¿Por qué saltó de la antropología a la actuación?
En principio, por casualidad; estudiaba antropología y me uní al grupo de teatro de la universidad, y poco a poco empecé a entender más aspectos de la antropología a través de la actuación que por medio de la misma academia. Finalmente, por afinidad.

¿Cine, teatro o televisión?
Cuando uno logra hacerlas bien, las tres.

¿Qué fue lo más difícil de personificar a Luis Carlos Galán?
Creí que nunca iba a poder dar con el rompecabezas completo del personaje... La lucha de Galán fue más allá de la cruzada que lideró contra el narcotráfico.

¿Qué tiene usted de este personaje?
Al igual que Galán, creo firmemente en la importancia de proteger y respetar a las instituciones por encima de los intereses personales o de grupos particulares.

¿Cómo se preparó para concebirlo?
Estudié sus discursos, leí su ideario, hablé con personas que fueron cercanas a él y trabajé sobre el recuerdo que yo tenía.

¿Cómo dejar atrás un personaje para darle paso a uno nuevo?
Con una especie de crueldad, como cuando un niño deja un juguete por otro.

Lo mejor de ‘Escobar, el patrón del mal’.
El debate que ha causado. Es una serie que invita a revisar una época cuyas consecuencias aún estamos pagando y, por consiguiente, a entender nuestra sociedad actual.

Un recuerdo o anécdota de este oficio.
Tengo una anécdota reciente del personaje de Galán. Cuando estaba grabando una escena en la que daba un discurso público, una de las señoras que estaba en la plaza se me acercó y me dijo: “No se deje matar porque nos lleva el putas...”, y me pareció una premonición hacia el pasado.

¿Tiene algún ritual de actuación?
Estudio mucho la letra para no pensarla en el set, la digo en voz alta hasta que la aterrizo cada vez más y, por último, intento pasarla con los compañeros.

Su mejor papel.
Espero que todavía esté por venir.

Lo mejor de esta profesión.
Que la voz del goce siempre está presente.

Y lo peor.
A veces, la falta de anonimato.

Un recuerdo de su infancia.
El olor de la ropa planchada y cuando oía Kalimán por la radio.

El mejor día de su vida.
Hay muchos. Todos esos días en los que me dolió el estómago de tanto reírme con seres queridos.

¿Cómo se enamoró de la actuación?
Por casualidad.

¿Dónde quedó su pasión por la literatura?
Entre pecho y espalda.

Lo mejor de un antagónico.
Es la irresponsabilidad. Un personaje antagónico no suele preguntarse nada; casi que se experimenta la misma sensación que uno siente de niño cuando choca los carros de juguete.

¿Y de un protagónico?
Son personajes que por su misma ética obligan a hacerse muchas preguntas, y a su vez la pregunta conduce a un cambio, así que suelen ser más reflexivos.

¿Qué significan los premios para un artista?
En realidad son reconocimientos que siempre serán recibidos con gran agradecimiento.

¿Qué tan lejos está la actuación del arte?
Como lenguaje, la actuación tiene las mismas búsquedas del arte.

¿Cómo calificaría este momento de su carrera?
Ni lo califico, ni me lo pregunto... Intento siempre estar concentrado en lo que estoy haciendo.

¿Con qué sueña ahora?
Sueño con que las salas de teatro del país tengan una programación sugerente.

La fama, ¿para qué?
Para no creérsela.

¿Cómo se vive la actuación en un país en conflicto?
Se la respondo con una frase de Hamlet: “Los actores son como pequeñas crónicas de su tiempo”.