La fantasía de la palabra del escritor Celso Román

El escritor bogotano tiene la capacidad de transmitir, a través de sus letras, el universo mágico de la biodiversidad colombiana. Sus inspiraciones son Julio Verne y J.R.R. Tolkien.

Celso Román conecta sus dos pasiones, la escritura y su amor por la naturaleza, en historias de ficción producto de sus viajes por el país. / Cristian Garavito

Sus libros suelen ser narraciones de sus aventuras como apasionado de la naturaleza. ¿En qué experiencia se basó para escribir “Jaguar de luz y águila de fuego”?

Empezó cuando hice un viaje a la Sierra Nevada de Santa Marta, a la finca de un tío muy cerca de la colonia chimila, una etnia que lleva bastante tiempo en nuestro país. Me impresionó mucho ver que podíamos disfrutar de la fauna silvestre, del ronquido de los monos aulladores, pero cuando volví estaba transformada por la colonización, por la siembra de cultivos de uso ilícito, y la selva que había conocido no estaba. Este libro busca que se reflexione sobre esa transformación.

El desafío al escribir un libro es que el lector capte cada una de las sensaciones que el escritor experimenta. ¿Se podría considerar que ese fue un reto en este libro?

Sí, porque las cosas que describo son muy cinematográficas. Entonces uno ve los espacios que se imagina a través de la lectura. Se puede generar realidades mentales a partir de la palabra, bien sea oral o escrita. Hoy en día los jóvenes son muy realistas, no creen en la fantasía.

Y en el deseo de transportar al lector de la realidad a la fantasía, ¿ha tenido la oportunidad de hablar con ellos acerca de las experiencias que han vivido al leerlo?

Con el libro Los amigos del hombre pasó algo especial. En un taller que estaba dictando una joven se acercó y me agradeció, porque en el tiempo en que su papá estuvo convaleciente de un infarto, él entró en una depresión muy profunda, sentía que no había razón para vivir, así que tomó el libro y se sumergió en la historia, y cuando lo terminó se levantó de la cama y dijo: “Hay que seguir viviendo”.

¿Qué lo llena de vida?

El amor, el trabajo hecho a satisfacción y la armonía con la naturaleza. Esta última me llena y me preocupa, porque los seres humanos hemos perdido la relación con la naturaleza, con la madre tierra, y esa es una de las razones por las que escribí este libro.

Sus libros son un reflejo del gusto que tiene por Julio Verne y J.R.R. Tolkien, de quien escribió una biografía...

Uno tiene derecho a tener maestros. García Márquez decía que los maestros de él fueron los escritores William Faulkner, John Dos Passos y Ernest Hemingway, pero también tuvo influencias de James Joyce, entonces decidí seguirle el rastro a Gabo. Leí, no como lector, sino como escritor, o sea descubriendo el secreto de lo que me gusta del texto y fui formando mi estilo en la escritura.

¿De qué no escribiría?

De cosas que me hieran profundamente. Por ejemplo la biografía de Luis Alfredo Garavito, violador de 172 niños. Es una persona enferma.

A propósito del lado oscuro de las personas, ¿cuál es el lado que no quisiera que conocieran de usted?

Soy de signo escorpión y creo que una de las características que tengo es que suelo guardar rabia, y cuando se acumula es peligroso, porque hay un momento en el que estallo y me dejo ganar por los odios y las rabias.

¿Qué libros le hubiese gustado escribir?

El Quijote de la Mancha y Cien años de soledad, que son lo máximo. En el Quijote está toda la historia de la literatura moderna: están el teatro, el diálogo, la introspección, el humor.

¿Qué tipo de historias no lo conectan?

No me gustan las de vampiros, demonios o brujas, creo que es más interesante las historias que hablan de la vida.

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