“La gente merece ir a teatro”: Juan Ricardo Gómez

Debutó como actor a los 19. Años más tarde descubrió que el escenario donde empezó su carrera estaba en ruinas y decidió dedicar su vida a recuperarlo.

Juan Ricardo Gómez ha llevado las obras del Teatro Santafé a México, Panamá y EE. UU. / Mauricio Alvarado
Juan Ricardo Gómez ha llevado las obras del Teatro Santafé a México, Panamá y EE. UU. / Mauricio Alvarado

¿Cómo llegó al teatro?

Fue un poco accidental. No es la historia de alguien que siempre haya querido ser actor. Iba a estudiar medicina y alcancé a entrar a la Universidad Nacional. Como me sentía muy tímido, hablé con mi mamá para que me dejara entrar a un curso en la Academia de Artes Escénicas. Después de entrar, nunca volví a pensar en la medicina.

¿Cuándo fue su primera obra?

Cuando tenía 19 años y estaba en el segundo semestre hicieron un casting para una obra que se llamaba Eres tu norma. La academia me mandó, creo que sin pensar que me iba a quedar con el papel, pero lo hice. Terminé como protagonista, y lo curioso es que ese debut fue en el Teatro Santafé, en 1990.

¿Qué significó debutar tan temprano?

Fue muy loco. Venía de tener mucha timidez y mi protagonista salía a escena en ropa interior. Fue el momento en el que me tuve que decir: “listo, ya te metiste en esto, ahora enfréntalo con todo”. Me asusté mucho, pero salí bien librado. Los compañeros se portaron muy bonito conmigo y me dieron muchos consejos.

¿Cómo siguió su carrera a partir de entonces?

A raíz de eso empecé a hacer varias obras de teatro seguido y muchos comerciales. Era muy chistoso porque hice de todo, desde aceite hasta bolígrafos. También empecé a hacer cositas en televisión. Fue una época interesante, pero nunca me descrestó la fama. Lo que me preocupaba era hacer trabajos bonitos.

¿Por qué después de todo eso se inclinó por el teatro?

Cuando estaba haciendo talleres de formación conocí a un director argentino que se llama Andrés Midón. Él me dijo alguna vez que me veía como productor y director, porque podía organizar muy bien las cosas. Fui su asistente de dirección durante cinco años y aprendí de él todo lo que podía aprender. Al final ya no sólo actuaba sino que dirigía y hacía producción.

¿Cuándo se volvió a encontrar con el Teatro Santafé?

En algún momento llegué a ser codirector escénico de la Fundación Julio César Luna. Ellos iban a hacer un montaje y propuse que lo hiciéramos en el Santafé. Cuando llegué me di cuenta de que estaba en ruinas y fue como si el teatro me pidiera que lo recuperara.

¿Cómo fue el proceso para recuperarlo?

Fue muy duro. Cuando lo tomé, el teatro no tenía techo ni sillas y estaba lleno de animales. El primer año llegué a deber $98 millones. Lo único con lo que no me colgué fue el arriendo, pero mientras tanto me cortaron el agua dos veces. La primera tapicería la puse con mis propias manos. Fumigaba, lavaba, atendía la taquilla y me subía al escenario.

¿Qué hicieron para conseguir el apoyo del público?

Ceo que la gente se enamoró de que había un grupo de personas y un loco que siempre estaban en el teatro y hacían todo. Me la pasaba en los fondos de empleados pidiendo que me compraran las boletas, y creo que al principio la gente lo hacía por puro pesar. Todo el dinero que tenía lo invertía en el teatro. Ha sido un proceso muy bonito.

¿Qué identifica las obras que presentan?

Sin haberlo planeado, terminamos teniendo un sello muy especial. Hacemos comedias que siempre te invitan a la reflexión. La idea es que la gente se ría, pero que de paso se pueda dar cuenta de cosas como la importancia de las mujeres en la sociedad o de que la gente sea fiel a sí misma.

¿Cuáles son los planes a futuro?

En este momento queremos tener otra sala para llegar al sur de Bogotá. La gente del norte y el centro ya nos reconoce, y en el sur hay mucha gente que quiere ir a teatro pero no puede por los trancones o los horarios. El teatro se hizo para el pueblo y en sus principios servía para comunicarle cosas. La gente merece ir a teatro y por eso hay que ponerlo al alcance de todos.

 

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