Guardián de la historia

El arquitecto colombiano, que ha trabajado por más de 20 años en temas relacionados con la herencia cultural del país, cree que los objetos del pasado son la materialización del conocimiento que es fundamental para el futuro.

En el Teatro Colón, al que considera el mejor escenario del siglo XIX, aparece Alberto Escovar Wilson-White. / Luis Ángel - El Espectador

¿Cuál es el mayor reto que encuentra desde la dirección de Patrimonio del Ministerio Cultura?
Lograr que los colombianos valoremos, apreciemos, defendamos y conservemos nuestro patrimonio cultural en sus múltiples manifestaciones y particularidades.

¿Cómo va el proceso de restauración del Panóptico?
Esta restauración en Ibagué ha sido muy lenta. Se han adelantado algunas obras financiadas por la Alcaldía de la ciudad en el exterior del inmueble declarado como Bien de Interés Cultural del Ámbito Nacional y en este momento está en estudio, en la Dirección del Ministerio de Cultura, el Plan Especial de Manejo y Protección (PEMP), que confío que definirá un programa arquitectónico que permita emprender su pronta restauración.

¿Cuál es la importancia de la conservación de los edificios?
Estos son las páginas de un gran libro que escribimos las distintas generaciones en nuestras ciudades. Cada uno de ellos es un capítulo que nos permite leer la historia, la capacidad técnica, las relaciones sociales y las aspiraciones de cada momento.

¿Cómo se puede activar la relación entre los objetos del pasado y la sociedad de hoy?
Entendiendo que los objetos del pasado son la materialización de una experiencia y un conocimiento que nos resulta fundamental para enfrentar el futuro.

Al ser el patrimonio la recopilación de toda nuestra historia, ¿cómo cree que se verá a nuestro país en un siglo?
Ojalá ese patrimonio hablara mucho más de sitios de encuentro, logros técnicos o manifestaciones artísticas y culturales y menos de guerra, conflicto o violencia.

¿Cuál es el centro histórico de Colombia que más le gusta?
Ambalema. Es un poblado que se levanta en una de las orillas del río Magdalena y se caracteriza por unos longitudinales andenes protegidos por unos pórticos en madera que protegen a los peatones de los elementos naturales, especialmente el sol. Sus calles y las sencillas casas que los sostienen son una noble muestra de una arquitectura práctica, sin alardes estéticos que en ocasiones no somos capaces de valorar.

¿La transformación que más lo ha sorprendido?
Hay muchas, pero creo que los bogotanos se sorprenderán cuando termine la ampliación del Teatro Colón, esta zona se transformará positivamente y creo que es el mejor teatro colombiano del siglo XIX y lo será del XXI.

¿Qué lugares no ha podido intervenir?
Mis frustraciones empezaron con Villa Myriam en Manga (Cartagena), una casa construida por el historiador Gabriel Porras Trononis que lamentablemente fue demolida. Me desespera ver como día a día se cae Villa Adelaida o se deteriora el barrio Las Cruces en Bogotá. Me duele que el Panóptico de Ibagué siga sin uso, lo mismo que la vieja estación del cable en Mariquita.

¿De dónde viene su pasión por el patrimonio?
Desde mi interés por la historia.

Una pieza emblemática que lo fascine.
Han ido cambiando con el paso del tiempo. En una época me gustaba refugiarme en el Cementerio Central de Bogotá. Leía los nombres de las personas que estaban en las tumbas y mausoleos, llegaba a la casa a averiguar quiénes eran.

¿Cuál fue el primer libro que leyó sobre historia?
Confieso que el primero que leí de la historia de Bogotá y Colombia fue de mármol. En Bogotá me gusta mucho ir a la iglesia de San Francisco y apreciar su retablo.

¿Cómo definiría el arte?
La capacidad de ejecutar con maestría un oficio.

Un sueño que tenga por cumplir.
Escribir una historia de la arquitectura en Colombia.

 

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