Hassan Nassar vuelve a la carga

El analista político, famoso por sus trinos polémicos, dice que escribir en Twitter es una terapia que le permite expresar sus pensamientos ante temas del país y que el error es creer que en esta red social se hace periodismo.

Hassan Nassar regresa con su programa de opinión por el Canal Día TV, de Claro Televisión. / Gustavo Torrijos - El Espectador

¿Cuál es el elemento innovador de su programa ‘En jaque’?
Este es un programa nuevo, lleno de mucha opinión, debate y controversia, en donde la línea editorial será pluralista, abierto a todos los sectores políticos, económicos, sociales y culturales. Y nuestra innovación está en la imagen visual del programa, sumado a un estilo directo e interactivo con el televidente.

¿Qué tiene en cuenta al momento de escoger a los panelistas?
Sus posiciones ideológicas y criterio argumentativo frente a los temas que vamos a debatir. La idoneidad y el conocimiento de los temas a fondo por parte del invitado.

¿Se preocupa mucho por la audiencia?
Jamás. De eso que se preocupen los que miden el rating. Mi preocupación es el contenido del programa. Si se hace un buen contenido, un buen programa, la audiencia llega sola.

¿Qué es lo que más le gusta de ser un periodista polémico?
Tengo claro que genero amores y odios. Me gusta tumbar mitos y ser directo. Hablar de temas que nadie habla y, sobre todo, invitar a gente que nadie conoce. Ser innovador y que la audiencia no coma cuento entero sobre un tema. Mi mayor satisfacción es ver los temas desglosados a fondo por los que saben.

¿Y qué es lo que menos le gusta?
La intolerancia de muchos frente a los puntos de vista de los demás, eso me parece frustrante. Un país donde todavía nos molesta escuchar a los demás y nos cuesta disentir con respeto.

Que el programa ‘360 grados’ saliera del aire, ¿le hizo cambiar en algo su estilo periodístico?
En nada. Antes reforzó más mi estilo directo y franco a la hora de preguntar. Mantengo la misma línea editorial de abrir el micrófono a todos.

¿En qué punto se perdió la independencia periodística en Colombia?
Cuando los medios de comunicaciones se convirtieron en corporaciones ligadas a intereses privados y con agenda propia. Cuando hacer noticias está basado en tener rating, y sobre todo cuando los periodistas pasaron a servirles a unos pocos y no a la gran mayoría de las personas.

Periodísticamente, ¿cómo definiría el Twitter?
Como la antítesis del periodismo. Donde uno expresa sus opiniones personales sin verificar las fuentes, y hay cero objetividad. El error de muchos es creer que en Twitter se hace periodismo. Allí se hace polémica y se dan opiniones personales, nada de periodismo.

¿Para qué le han alcanzado esos 140 caracteres?
Para conocer a gente maravillosa, para expresar mis alegrías y frustraciones con muchos temas del país, de la vida diaria y para burlarme de mí mismo y de los demás. Es una terapia, además de un medio muy eficaz para estar informado.

¿Se arrepiente de haber dicho algo en algún programa o en Twitter?
No. De lo único que me arrepiento hasta el momento en la vida es de las cosas que he dejado de hacer. No de las que ya hice. Eso incluye todo lo que he dicho.

¿En qué momentos ejerce la autocensura?
Nunca. Ese día dejo de hacer periodismo.

¿A qué columnistas les cree?
Les creo a todos su versión de los hechos. Simplemente corroboro con otros medios y otros columnistas antes de sacar mis propias conclusiones. Aprendí de niño a cuestionarlo todo con argumentos y a no tragar entero lo que me dicen.

De sus raíces de Oriente Medio, ¿qué conserva como un tesoro?
El pasaporte palestino de mi abuelo paterno; es la memoria histórica de mi familia y mi vínculo más fuerte con esa cultura que quiero tanto.

¿Cómo va su carrera como gemólogo?
Cada día está más relegada por el periodismo, pero nunca la podré dejar, se me ha convertido en un hobby. Hace unos años empecé a comprar y coleccionar piedras preciosas.

Un libro que no pueda faltar en su biblioteca.
Oh Jerusalén, de Dominic Lapierre y Larry Collins. Es la clave para entender las raíces del conflicto árabe-israelí.

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