"La historia económica del Caribe ha estado presente en mi vida": Adolfo Meisel Roca

El investigador es el editor, junto con María Aguilera, del libro “Economía y medio ambiente del archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina”, una obra clave para entender la realidad fronteriza.

Adolfo Meisel Roca tiene un Ph.D. en economía de la Universidad de Illinois. /Cortesía Banco de la República
Adolfo Meisel Roca tiene un Ph.D. en economía de la Universidad de Illinois. /Cortesía Banco de la República

¿En qué momento aparece el Caribe en su carrera?

Desde que era niño tuve inclinaciones intelectuales y estaba muy interesado en la historia. Con mis abuelos, mi abuela, en Barranquilla, hablaba de su familia. En los Andes estudié economía, pero tenía mucho interés en la historia económica. Hice muchos cursos de historia con personas como Jaime Jaramillo Uribe, y fui su asistente de investigación. También fui estudiante de Margarita González, una gran historiadora. Hice la investigación de mi tesis de pregrado sobre las haciendas en la provincia de Cartagena. Finalmente no hice tesis porque me gradué con otro plan de estudios, pero esa investigación, que fue de archivo, la publiqué en 1980. Fue mi primer artículo. Ya soy un investigador con muchos años de trajinar. Cuando cursaba el doctorado en economía tomé algunos cursos en historia económica de América Latina, sobre la esclavitud y sobre España. En uno de esos cursos escribí un artículo que ha sido muy citado: “¿Por qué se disipó el dinamismo industrial de Barranquilla?”. Luego, cuando entré al Banco de la República, tuve la fortuna de dirigir por casi 20 años el Centro de Estudios Económicos Regionales (CEER), donde se estudiaba la economía regional. La historia económica del Caribe ha estado presente en mi vida todo el tiempo.

Recuerda alguna anécdota con Jaime Jaramillo Uribe.

Una que recuerdo y que hubiera querido que él olvidara. Recién ingresé a la universidad, como buen primíparo, audaz e ignorante, le hice huelga a Jaime Jaramillo junto con otros compañeros, porque la clase nos parecía aburrida. Se lo comentamos al presidente del consejo superior, quien citó a Jaime a una reunión con el decano de la facultad de la época. Siento que el decano quería molestarle la vida a Jaime, porque nos prestó más atención de la que nos había debido prestar. Jaime se fue de la facultad, se molestó mucho. Volvió algunos años después, cuando yo ya terminaba mi carrera. Me comentaron que Jaramillo estaba buscando un asistente para historia económica y me presenté. Me dijo: “Usted fue alumno mío, me acuerdo perfectamente de usted”. Pensé “Hasta aquí llegué”, pero me contrató y tuvimos muy buena relación. Me asesoró mi primera publicación: “Esclavitud, mestizaje y haciendas en la provincia de Cartagena: 1533-1851”. Luego tuvimos muy buena relación, al terminar mis estudios, y escribimos un libro juntos, así que la vida da muchas vueltas.

¿Tiene algún proyecto por culminar?

Escribir una gran historia económica del Caribe en el período republicano. Llevo muchos años recopilando información, pero por los compromisos laborales no he podido darle rienda suelta.

¿Cree que la región Andina ha tenido mayor atención que el Caribe en las investigaciones históricas?

Cuando estudié mi pregrado no existía la región Caribe en la historia social y económica de Colombia. Era una historia predominantemente andina. Eso ha cambiado con las nuevas generaciones. Cuando escribí “Esclavitud, mestizaje y haciendas” era una especie de rebeldía regionalista. Hoy prolifera el trabajo sobre el Caribe colombiano. Es la región que más ha avanzado en términos de estudios histórico-regionales en las dos últimas décadas.

En el libro “Economía y medio ambiente del archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina” usted desmiente la idea de que San Andrés siempre ha tenido una vocación turística y no ha ahondado en otras dinámicas de la economía.

Antes de ser declarado puerto libre, San Andrés tenía una economía basada en la exportación de coco. En la primera etapa económica, desde finales del siglo XVIII hasta más o menos mediados del XIX, se producía algodón con esclavos, en pequeñas cantidades. Luego de 1850 vino un gran boom de exportaciones de coco en grandes cantidades, que se usaba para obtener aceite y productos alimenticios. Había una buena calidad de vida. Eso cambió a finales de los cincuenta, porque San Andrés podía importar libremente productos, entonces vino el turismo a comprar electrodomésticos y licores a precios muchos más bajos que en el interior del país, donde había un fuerte proteccionismo. Eso cambió con la apertura que se hizo durante el gobierno de César Gaviria. Se volvió más barato comprar un televisor en las tiendas de cadena de las capitales. Ya nadie va a San Andrés a comprar un televisor. Lo hacen cerca a su casa. A comienzos de los noventa se cayó el turismo. La isla entonces tuvo que reinventarse porque quedó con una mala infraestructura de servicios públicos y de vías. Actualmente está en busca de una vocación turística en pleno y tiene muchos retos, logrando el acceso también al turismo internacional. Eso podría aumentar. No hay turismo de cruceros, por ejemplo, porque no hay un muelle en capacidad para ello. Aun así tiene mucho potencial turístico.

¿Cómo cree que el Caribe experimentará la paz?

El Caribe representa el 21 % de la población colombiana. Las zonas rurales sufrieron mucho en este proceso de lucha armada por la presencia de la guerrilla como las Farc y Eln, y posteriormente por la presencia de grupos paramilitares que fueron muy destructivos del tejido social. Debemos decir dos cosas: el Caribe es una de las regiones que más se van a beneficiar con la paz y es una región que históricamente tuvo niveles bajos de violencia, antes de la época de la Violencia con mayúsculas. Si lo vemos en perspectiva, la violencia guerrillera y paramilitar fue lo único que hizo aumentar el pico, ya que ha tenido una tradición civilista, a pesar de padecer profundas desigualdades.

Usted también pone en duda la idea de la sobrepoblación de la isla que han venido argumentando algunas personas para hallar un culpable de los problemas de San Andrés.

Ningún demógrafo acepta que exista sobrepoblación. ¿Cuál es la capacidad de carga de un sitio? Revise usted cuántas personas viven en la isla de Manhattan, uno de los lugares más prósperos de Estados Unidos. El agua se puede desalinizar, la energía se puede generar, no hay limitaciones ecológicas para la densificación. Hay limitaciones de modelos que no son viables, dada de la manera desordenada como se ha hecho en San Andrés, donde no hay buena infraestructura.

Otra mirada novedosa del libro es la apuesta ambiental…

El Centro de Estudios Económicos Regionales (CEER) del Banco de la República cumple 25 años el año entrante. Vamos a hacer un gran seminario para celebrarlo. En los primeros años de investigación no se priorizó el tema ambiental. En un diagnostico externo que nos hizo Eduardo Lora, un reconocido investigador, señaló que los temas a los que menor trabajo les habíamos dedicado eran la salud y el medioambiente, pero se vienen dos libros, uno sobre la economía de la salud y el otro sobre los daños ambientales que ha causado el desarrollo de Cartagena.

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