Humor y poesía, un mismo gesto

Uno de los escritores más importantes de Latinoamérica habla de sus influencias literarias, los retos de escribir una columna semanal y su nueva novela, ‘El libro de la envidia’.Ricardo Silva Romero, escritor y columnista

‘El libro de la envidia’ es su novela más reciente. / Luis Ángel

¿Cuál fue el libro que en su adolescencia le robó un poco de tu alma?

Si mal no recuerdo, porque todo ha pasado muy rápido, fue Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sábato. Me advirtió que nunca se resuelve ese misterio que es otra persona.

¿Quién lo metió en el fascinante mundo de los libros?

Mis papás: mi papá me leyó Las aventuras de Huckleberry Finn a los pies de mi cama y mi mamá me leyó El viejo Djin Jottabich en la cabecera durante un par de semanas en las que sufrí un ataque de insomnio rarísimo.

¿Primero columnista y luego escritor?

Yo soy escritor (y ya lo digo sin complejos ni culpas, porque entiendo que no estoy diciendo “buen escritor”) y, con las novelas y los poemas, la columna ha sido uno de los géneros más exigentes a los que me he dedicado.

¿Qué es lo más complicado al pensar en escribir una columna de opinión?

Para mí, que no me atrevo a llamarme “periodista” porque hay tantos extraordinarios y que simplemente digo lo que veo y lo que pienso, lo más complicado es encontrar una forma contundente —el atajo— para afectar, para alertar, para articular a los lectores.

¿Hay enorme satisfacción cuando el lector de la columna reacciona favorablemente?

Claro que sí, porque la generosidad para mí es siempre una feliz sorpresa, pero, como cualquiera, soy mi peor enemigo, y nunca quedo del todo satisfecho con lo que hice, y siempre estoy pensando en comenzar algo nuevo.

¿Se inició escribiendo cuentos o de una vez relatos de largo aliento?

Empecé con poemas y con cuentos, que, según creo, es lo usual, porque en el colegio y en la universidad no hay tiempo para reconstruir los mundos que reconstruyen las novelas.

¿Cuáles fueron los temas iniciáticos en su mundo de la literatura?

No lo había pensado antes, porque pienso en personajes primero que todo, pero como lector con mala memoria diría que mi primer tema como autor fue cómo la ficción —la parodia de lo que se ha visto— puede ir tomándose la casa de uno y la persona que es. Sin duda es mejor, para mí, pensar en personajes. Los temas finalmente tienden a estar en todos los autores del mundo, los malos y los buenos.

¿Qué autores siempre lo han acompañado especialmente?

Gente que no pierde el humor a pesar de todo: Paul Simon, Woody Allen, Alfred Hitchcock. Poetas que no tienen semejantes: Emily Dickinson, César Vallejo, T.S. Eliot. Narradores que dan con los mejores personajes: Dumas, Dickens, Dostoievski.

¿Qué hacer para que en Colombia logremos incrementar el hábito de la lectura?

Fui profesor varios años y me servía leerles a los alumnos en voz alta, tomarme el tiempo para conocer a los estudiantes hasta que fuera posible proponerles los libros que podían transformarlos y confesar, con amor cándido de simple lector, la pasión por mis personajes favoritos. Creo, también, que hay que insistir en las bibliotecas y los programas de lectura de todo el país, que no han sido reconocidos lo suficiente.

¿Recurre constantemente a los clásicos o prefiere estar al día leyendo lo que va saliendo en el mercado?

Creo que es imposible estar al día. Yo voy leyendo lo que siempre he leído, los mismos autores que he leído desde hace veinte años, y leo lo nuevo que me va llegando usualmente en el momento preciso.

¿Es verdad que “los colombianos nos morimos más de envidia que de cáncer”?

Completamente cierto. En una sociedad tan, pero tan desigual, controlada por una élite tan, pero tan mezquina, la consecuencia inevitable es que muchos vayan por ahí sintiendo que todo lo de los demás es robado.

¿Es complicado combinar el humor con la buena literatura?

El humor y la poesía son, de cierta manera, el mismo gesto: requieren, los dos, de buen oído, de sentido de la ocasión, de algo semejante a la buena suerte o la magia para dar con las palabras precisas. Pensaría que dentro de las novelas que he hecho están al tiempo el sentido del humor y la poesía, y que son la parte de las historias que he hecho que jamás habría podido planear.

¿Por qué resolvió escribir sobre la envidia?

Fui llegando al tema: el Loco Cacanegra, aquella caricatura de José María Espinosa que he vuelto mi protagonista, va a Bogotá a probar que José Asunción Silva no se suicidó, sino que lo mataron, y en su camino va descubriendo que el móvil de los bogotanos de siempre (y peor: de las élites y de los cultos) es la envidia.

¿La novela lleva una crítica velada a quienes, por cualquier razón, sienten envidia de algo o por alguien?

A los envidiosos que jamás se sobreponen a su envidia, pero sobre todo a aquellos colombianos que siguen ejerciendo su elitismo y su clasismo por medio de estrategias como los apellidos o el correcto uso del lenguaje.

¿Ya está preparando la harina pensando en su próxima novela?

Tengo un post-it con una lista de libros posibles. Estoy en el momento en el que empiezo a pensar cuál de esas ideas es la menos parecida al libro anterior y cuál está lista para su escritura.
 

 

últimas noticias

Lina Tejeiro, en su ley