John Jairo Hoyos, testimonio de paz y perdón

El llamado “caminante por la paz” marchó durante dos semanas desde Cali para promover el Encuentro Nacional de Víctimas en Bogotá.

John Hoyos es hijo de uno de los 11 diputados asesinados por las Farc. / Cortesía
John Hoyos es hijo de uno de los 11 diputados asesinados por las Farc. / Cortesía

¿Cómo era su vida antes de decidir perdonar a las Farc?

Todos los días prendía el televisor esperando que dieran de baja a alias el Grillo, autor material de la muerte de mi padre. Llevé 14 años acumulando odio y deseo de venganza.

¿Cuándo cambió esa situación?

Un día me llamaron los otros familiares de los diputados secuestrados y asesinados por las Farc. Querían invitarme a La Habana a confrontar a la guerrilla. Allí las familias nos reunimos y concluimos que el país necesita testimonios de perdón para avanzar a una paz verdadera.

¿Por qué decidieron tomar ese camino?

Nosotros tenemos que poner ese grano de arena. En las pruebas de supervivencia de nuestros familiares ellos pedían que la guerrilla y el Gobierno se sentaran a hablar para encontrarle salidas al conflicto. Al hacer esto les rendimos homenaje a ellos para que la gente no vuelva a ser secuestrada, por eso perdonamos.

¿Cómo recibió los resultados del plebiscito?

La campaña fue muy agresiva. Subí un video a las redes sociales en el que decía: “Las Farc asesinaron a mi padre y yo los perdoné” y me dijeron de todo. Por eso, los resultados me deprimieron. Eso cambió cuando un amigo me mostró las imágenes de la Plaza de Bolívar llena de personas manifestándose por la paz. Allí me di cuenta de que teníamos que hacer algo.

¿Cuál fue el paso a seguir?

Organizamos una marcha en Cali, en la que salimos junto con otras 10 mil personas. Antes de eso Sigifredo (López) había propuesto un Encuentro Nacional de Víctimas y a mí se me ocurrió venir a pie hasta Bogotá para promover el evento.

¿Cómo vio al país en estos días de caminata?

En departamentos como Quindío, Tolima y Cundinamarca, por donde sube uno hacia Bogotá, se palpa muy claramente esa Colombia que cuestiona los acuerdos. También me di cuenta de que los ciudadanos de a pie en los municipios pequeños están muy desinformados.

¿Cuál es la mayor sorpresa que recibió en la carretera?

Me habían agredido mucho por internet y por eso pedimos el acompañamiento de la Policía. Sin embargo, fueron muy pocos los que nos insultaron en el camino. La gente nos pitaba, nos regalaba mangos, melones o agua. En la carretera no sentimos agresividad porque la gente era muy cálida al expresar sus opiniones.

¿Qué fue lo más complicado del trayecto a Bogotá?

El dolor permanente de los pies. Nosotros no estamos acostumbrados a caminar, todos somos oficinistas y estamos gran parte del tiempo frente a un computador. Los pies se llenan de cayos, revientan, se te pelan. Algunos tuvieron que devolverse, a otros los llevamos a los hospitales para que los curaran. A pesar de eso nunca nos llovió hasta llegar a Bogotá, eso nos ayudó a conservar la salud.

¿De dónde sacaba fuerzas para seguir caminando?

Venía con mi papá en el corazón. Él sufría de una rodilla y Sigifredo (López) me cuenta que en esas caminatas larguísimas que tenían que hacer en la selva se le inflamaba mucho. A pesar de eso, él no dejaba que nadie le ayudara con su mochila. Mi papá marchaba con la rodilla hinchada y en condiciones muy difíciles. Pensaba en eso y me llenaba de fuerzas.

¿Cómo cambió su vida después de renunciar al odio que les tenía a las Farc?

Vivía pendiente de la gente que había asesinado a mi papá y les deseaba lo peor. Hoy en día ya no pienso más en ellos. Me liberé de esa gente. Su vida es la vida de ellos y la mía es construir la de mi familia. También me he vuelto más tolerante. Antes, en mi vida cotidiana, generaba muchos conflictos que ahora, después de haber perdonado, me parecen bobadas.