Juan Pablo Urrego, un actor hecho en las tablas

Aunque lamenta el pasado difícil del país, al antioqueño lo apasionan las historias colombianas en las que el papel estelar es para personajes ejemplares de la vida nacional.

Juan Pablo Urrego es Hernán Darío Bayona en “Sin tetas sí hay paraíso”. / Cortesía
Juan Pablo Urrego es Hernán Darío Bayona en “Sin tetas sí hay paraíso”. / Cortesía

¿Cómo empezó en la actuación?

Antes de terminar el colegio pertenecí a grupos de teatro. Cuando me gradué, por alguien conocido que había estudiado dirección de cine en La Habana, me postulé a una beca para estudiar en el Instituto Superior de Artes. Allá hice un taller que duró un año.

Pero, ¿también pensó en estudiar administración?

Sí, ese fue el primer impulso. No es fácil en este país, y creo que en ninguno, el hecho de decidir ser actor. Lo normal es estudiar periodismo, derecho, medicina o alguna ingeniería.

¿Qué lo hizo quedarse con el teatro?

Cuando les decía a mi familia o a mis amigos que quería estudiar otra cosa, ellos me recordaban que desde muy pequeño me había gustado actuar. Uno tiene que hacer lo que a uno le gusta. En mi casa me decían que si uno quiere ser carpintero, había que ser carpintero, y tocaba estudiar y prepararse para ser el mejor.

Después de estudiar en La Habana usted viajó a Argentina…

Sí, después de Cuba me quedé en Colombia más o menos un mes. De ahí pasé a Argentina para hacer la carrera de arte dramático como tal. Estuve cuatro años en la escuela de Julio Chávez, un actor y director de teatro muy reconocido.

¿Qué fue lo mejor de este período de formación?

Para algunos la época del colegio es muy importante, pero para mí fue mucho más importante esta etapa de universidad. En mi caso significó salir del país solo por primera vez, alquilar un apartamento y tener responsabilidades. También implicó estar en países distintos, conocer otras culturas y hacer amigos.

¿Qué recuerdo tiene de los países que lo recibieron?

Argentina me trató muy bien, es como mi segundo país, y Cuba también fue una experiencia maravillosa. Para mí fue un golpe muy fuerte pasar de Medellín a La Habana, porque estaba muy joven. El choque cultural fue duro, pero crecí mucho y aproveché al máximo la universidad y los docentes. Los cubanos son inteligentes y muy buenos en todo lo que hacen. Con ellos tenía tertulias larguísimas en las que nos sentábamos a tomar ron y a conversar sobre cualquier cosa.

¿Por qué decidió regresar a Colombia?

Pues, como dicen por ahí, “la tierra jala”. Me quedé seis años en Buenos Aires porque tuve la oportunidad de trabajar haciendo teatro, televisión y comerciales, pero llegó un momento en el que el acento me empezó a jugar malas pasadas. Podía imitar muy bien el acento argentino, pero, de todas maneras, no era perfecto.

¿Cuál fue el problema con su acento?

Pasa lo mismo cuando uno escucha a un argentino que lleva viviendo muchos años acá: uno se da cuenta de que no es colombiano. Empecé a ir a audiciones en las que me decían “muy bien, el perfil tuyo nos sirve, pero el acento…”. Eso me desmotivó hasta que, por cosas de la vida, vine al matrimonio de mi hermano y aproveché para pasar por Bogotá. Aquí hice una audición y quedé.

¿Por qué continuar la historia de “Sin tetas no hay paraíso”?

La primera parte de la novela terminó con la muerte de la protagonista, pero quedaron muchos temas por tratarse. Esta segunda generación tiene un elenco interesante y vamos a conocer qué pasó después de esa muerte.

¿Cómo ha cambiado el país desde esa primera parte?

Creo que la gente ha empezado a entender que no es necesario operarse o cambiar físicamente para ser bella o sentirse aceptada. Por eso es importante el nuevo título, Sin tetas sí hay paraíso. Ahí hay un mensaje en contra de la cultura que nos dejó el narcotráfico, al mafioso le gustaban las mujeres voluptuosas y exageradas, pero así no es una mujer de verdad.

¿Qué ha sido lo mejor de volver a Colombia?

A mí me encanta contar nuestras historias. Lamentablemente, tenemos un pasado marcado por la violencia y ya se han hecho muchas cosas sobre eso. Quizá lo más importante es que acá hay grandes actores y directores con quienes compartir set es un privilegio.

¿Qué tipo de historias le gustaría contar de ahora en adelante?

Desde hace tiempo se vienen contando biografías y se ha hecho de todo un poco. Me encantaría que en un futuro se siga contando la historia de personajes colombianos que han dejado una huella bonita, que contemos la historia de Jaime Garzón o de cómo Ibargüen y Pajón llegaron a ser campeonas olímpicas.