La libertad y sus límites al poder

El ingeniero y experto financiero Jorge H. Abad Cock decidió darle rienda suelta a su interés por la filosofía y a través de su libro “Poder y libertad” realiza una reflexión crítica al pensamiento occidental y plantea meditar sobre el futuro del género humano.

Jorge H. Abad Cock, autor del libro “Poder y libertad, inconsciencia y razón”.  Cortesía familia Abad
Jorge H. Abad Cock, autor del libro “Poder y libertad, inconsciencia y razón”. Cortesía familia Abad
Con familia de arraigados ancestros antioqueños, el ingeniero Jorge H. Abad Cock tuvo un destacado desempeño en el mundo financiero, pero desde sus días de estudiante de la Universidad Nacional, tenía una pasión aparte: la filosofía. Por eso, cuando decidió realizar estudios de posgrado en la universidad Eafit, lo hizo en lógica y filosofía. Hoy, acompañado de su esposa y el amor de su hijos y nietos, se tomó el tiempo para sacar adelante su libro “Poder y libertad”, inconsciencia y razón.
 
Como anota el editor de la universidad Eafit, Juan Felipe Restrepo, se trata de una obra que mezcla consideraciones de orden histórico adjuntas a escuelas filosóficas y doctrinas religiosas, con sus reflexiones sobre la necesaria discusión entre las opciones del individuo y la sociedad que lo enmarca. Jorge Abad Cock recorre los caminos de la filosofía y desde ellos asume una crítica directa a las circunstancias actuales del mundo, al tiempo que recobra la ética como el valor inaplazable.
 
¿Por qué un ingeniero de minas que desarrolló su profesión en el mundo financiero termina escribiendo una obra de filosofía?
 
Decía don Tomás Carrasquilla, ponderando los méritos de un músico y compositor bogotano que había sido galardonado con un premio, que “había tenido el privilegio de encontrar pareja para no quedarse comiendo pavo en el baile sempiterno de la vida". Con ello resaltó la suerte del que había desempeñado el grueso de su actividad vital en algo que llenó sus expectativas y dio sentido a sus esfuerzos. Por esa misma razón, acompañado por la filosofía, no comí pavo en mi paso por la vida. 
 
¿Cómo se puede aplicar la filosofía en el mundo de los negocios? 
 
En la actividad que cada uno desarrolla debe reconocerse a sí mismo pero, a la vez, reconocer a los demás, quienes parten de la valoración de su actividad y del esfuerzo con el que la realizan y buscan ser reconocidos. En la actividad de banquero pude responder a las exigencias y expectativas de mis patronos pero, de la misma manera, los clientes a lo que esperaban del servicio financiero, uno por uno. Es decir que la concepción ética que aplicaba a mi actividad me permitió separar los intereses del empleador del de los clientes. 
 
¿Cuál fue el primer filósofo que leyó y lo llevó a interesarse por esta forma de conocimiento?
 
Mi primera lectura filosófica amplia y dirigida por experto fueron los Diálogos de Platón. No quiere decir que con esa lectura adquirí interés por los temas filosóficos. Ya había surgido y el ámbito de estudio al que me vinculé me inició con el tema. 
 
¿Qué filósofo antiguo o actual recomienda leer y por qué?
 
De los filósofos antiguos resaltaría aquellos episodios que en los Diálogos puedan atribuirse a Sócrates. En particular, resaltaría su actitud decidida por aceptar sabiduría partiendo de la idea de que, en el fondo, estriba en la decisión subjetiva de buscarla, y la capacidad de reconocer que su plenitud nunca será alcanzable. Mientras más busquemos, con más claridad veremos que estamos frente a una búsqueda inconmensurable. 
 
¿Qué piensan su esposa y sus hijos de su dedicación a escribir sobre temas tan complejos?   
 
Mi esposa me ha estimulado de manera significativa pues conoce, como nadie, el proceso de esfuerzos y transformaciones que en mí se operaron al paso de los años. En cuanto a los hijos, creo que son conscientes de que durante ese recorrido, la claridad de mis actuaciones familiares, sociales o laborales se ha ido agudizando y pienso que ha sido enriquecedor para ellos. 
 
¿Cómo ve la filosofía colombiana, ha tenido o tiene pensadores universales?  
 
Los tiene y he sido beneficiario de sus enseñanzas. Mis primeros pasos los di de la mano de Sergio Mesa Saldarriaga, egresado de la Universidad de Heidelberg en Alemania, en la que se destacó por la brillantez de su talento. Igualmente recibí apoyo de Raúl Gómez Marín, formado como filósofo y matemático en la Universidad de París. Hay más, y puedo dar fe de la universalidad y la vocación de búsqueda por parte de filósofos y pensadores colombianos. 
 
¿Hasta dónde cree que se puede ejercer el poder y hasta dónde la libertad, ejes de su reflexión personal?
 
Para el poder que proviene de impulsos inconscientes no hay, en principio, límites. El hombre puede hacer uso de él hasta niveles de inenarrable crueldad y desconsideración. Paradójicamente, la libertad que surge del entendimiento, es la que otorga límites al ejercicio del poder. La paradoja se rompe bajo la consideración de que a la libertad aspiramos nosotros y los demás y, puesto que tenemos que tenerlos en cuenta, la libertad se limita a sí misma y limita los atropellos a los que impulsa el poder. 
 
¿Su libro Poder y Libertad es una historia crítica del pensamiento occidental como argumenta su prologuista Germán D. Vélez?
 
Lo es, pero también como él mismo lo dice, hay una propuesta filosófica específica que aspira a generar procesos de meditación sobre el futuro del género humano. 
 
¿Cómo cree que tiene vigencia la herencia filosófica del método dialéctico griego en la sociedad actual?
 
En el desarrollo de las ciencias, de la filosofía y del derecho y en algunas otras disciplinas sociales, la dialéctica que se nutre de la pregunta permanente y reiterativa a respuestas que va encontrando, ocupa lugar primordial. Sin embargo, en nuestras relaciones diarias pareciéramos cada vez más alejados de ella, pues somos cada vez más sordos a la asimilación de ideas ajenas. Aunque el rigor de la dialéctica formulada por Sócrates no puede ser aplicado a la vida corriente pues la haría imposible, algo de buena disposición para oír y meditar en lo que los demás dicen, tendría que ser estimulado para generaciones venideras. 
 
Aristóteles pensaba que la ética y la política debían ser la misma cosa, ¿de qué sirve saberlo en una sociedad que asiste a la crisis del mundo político?
 
Esa crisis la vivimos gobernantes y gobernados pues ambos estamos incurriendo en una concepción errónea de lo político. Mientras los segundos esperamos que se nos dé, los primeros creen en la obligación de dar, cada vez más, saltando los límites de lo razonable y comprometiendo a los estados con obligaciones cuya atención es imposible. El descontento y la desconfianza adquieren niveles preocupantes frente a individuos e instituciones abrumados por compromisos incapaces de atender. 
 
¿”Dios ha muerto” escribió Nietzche, usted que ha explorado el discurrir de la filosofía en la historia qué piensa?
 
Pienso que el “Dios ha muerto” de Nietzche ha sido malinterpretado. Su formulación se refirió más que a una apreciación personal con intención declaratoria de su propio ateísmo, a la verificación  del hecho histórico de un mundo secularizado que no acudía a Dios en la búsqueda por solucionar sus conflictos y construir su porvenir.  Por eso, clama por derroteros que en términos humanos permitan nuevas apreciaciones de lo ético como materia que da cimiento al andamiaje social. 
 
¿Por qué considera que la frase “Sangre, sudor y lágrimas” de Winston Churchill es una norma para el ejercicio del poder político?
 
Porque el poder político tiene que ser director en su lugar y su tiempo, y no podía el gobernante inglés hacer ofertas de bienestar y optimismo como si al frente no tuvieran la perspectiva del final de la supervivencia nacional. El líder responsable exige esfuerzos y sacrificios, no teme afrontar la realidad y compromete a su pueblo para la defensa de aquello que a todos pertenece y por lo que todos tienen que responder. 
 
El año 2017 se cumplen 100 años de la revolución rusa que hizo realidad un gobierno marxista, ¿qué lectura hace hoy sobre la evolución de esta filosofía de Estado?
 
Soy crítico den ella. En particular, el concepto de proletariado como clase, en la que el individuo y su descendencia desaparecen en medio de la masa, es, por su misma naturaleza, generador de inmovilidad social. Esa concepción lo siguen haciendo  dirigentes y gobiernos. Y sería razonable y deseable, desde la perspectiva de un sistema socializante capaz de reivindicar y promover los esfuerzos y capacidades individuales, permitiendo la estratificación social con ese criterio. 
 
¿Qué obra filosófica recomienda para la Colombia de estos tiempos que no encuentra la manera de consolidar una paz estable y duradera?
 
No puede limitarse a una obra. La construcción de una paz estable y duradera tiene que contar con una administración de justicia que sea percibida por los ciudadanos como garantía de que sus decisiones o las de sus delegados se administren dentro del rigor que pueden desarrollar magistrados probos y sabios. Hombres y mujeres para quienes las disciplinas humanistas, y la filosofía en particular, sean objeto de su interés permanente. Jueces y magistrados venales o ignorantes no son garantes de una paz estable y duradera. 
 
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